29 mayo, 2026

PEDRO CONSTANTINO SOLANA, RELOJERO – ESTAMPAS DE CANCÚN

SALVADOR CANTO

Son incontables los oficios que se han quedado atrás, sobrepasados por la evolución de los tiempos, los avances tecnológicos y las nuevas costumbres de la sociedad. Una de estas profesiones en peligro es la de relojero, que primero sufrió por el desplazamiento de los relojes de marca y resistentes por ejemplares baratos y desechables, y hoy enfrentan el auge de los llamados teléfonos y relojes inteligentes.

A pesar de este difícil panorama, persisten en Cancún decenas de establecimientos dedicados a la reparación de relojes, pero en muy pocos es posible encontrar un trato tan sensible y una pasión por el oficio como en la relojería “Estrada”, localizada en el local 38-A del popular mercado 23, que atiende personalmente desde hace casi 20 años su propietario, Pedro Constantino Solana, quien en entrevista con El Despertador de Quintana Roo consideró que para ser un buen relojero se requieren conocimientos y, “sobre todo, amor a este oficio”.

Con respecto al futuro de su profesión se manifestó optimista, pues aunque la llegada de los celulares y los smartwatch puedan hacer creer que han desplazado a las máquinas tradicionales de pulsera, opinó que “todavía hay mucha gente que usa relojes porque al no hacerlo dicen que se sienten desnudos”.

—¿Cómo inició en este oficio?

—Mi papá se dedicaba a la relojería en Chetumal, con él aprendí, soy de Campeche pero desde pequeño me llevaron a la capital de Quintana Roo, estuve 37 años y de ahí vine a Cancún donde terminé mi bachillerato y estudié contaduría. Trabajé en la contabilidad en las tiendas Conasupo, las cerraron todas, me liquidaron y me volví a pegar a la relojería, luego anduve en el taxi un buen tiempo, nuevamente en Chetumal, pero regresé a Cancún, donde ya llevo 21 años trabajando la relojería.

—¿Qué tan complicado le resultó el cambio de los relojes de cuerda a los electrónicos?     

—Honestamente no me fue muy difícil, yo cumplía como 19 o 20 años cuando comenzaron a salir los relojes de pila, que fue el tiempo en el que me dediqué al taxi y cuando regresé a la relojería ya mi papá estaba en Cancún con mis hermanos. La verdad no sabía cómo reparar esos relojes más modernos, así que me acerqué con un primo que se llama Carlos que también repara, pero en Chetumal y él me apoyó y ahí fue donde aprendí un poco más, aunque los aparatos los tenía, sólo que no sabía cómo utilizarlos. Luego de eso decidí regresar a Cancún y hasta la fecha acá sigo, abrí mi propio taller que es este. 

—¿Con este oficio ha sacado adelante a su familia?

—Sí, cuando regresé a Cancún mi hijo tenía cinco años y ahora ya es ingeniero en sistemas, terminó su carrera hace dos años, hoy tiene 26 años y trabaja por su cuenta.

—¿Hay alguien de su familia a quien le guste reparar relojes y piense seguir la tradición? 

—Ya no, creo que voy a ser el último de la familia, tengo hermanos que, aunque saben el oficio porque también lo aprendieron con mi padre, hoy se dedican a otra cosa, al igual que mis hijos.

—¿Considera que la relojería es un oficio en peligro de extinción?  

—Podríamos decir que sí, pero para el que no se actualiza, conozco pocos relojeros y para dedicarte a esto te tiene que gustar, tener amor a reparar los relojes. Yo le digo a la gente que es como un ser humano que va al doctor, y cuando vemos que no lo quieren reparar a veces lo sentimos y le bajamos el precio por reparárselo, y eso se llama amor a la chamba.

—¿La tecnología les ha afectado?   

—Claro que sí, cada vez hay menos relojes de cuerda, hoy muchos son de pila y en algunos casos hasta desechables; muchos tienen los smartwatch, hay quienes casi no usan relojes porque ven la hora en los teléfonos, pero también hay otros que sí porque lo consideran parte de su atuendo diario.

—¿Cuáles son los servicios más comunes?

—Cambiar pilas de los relojes, pegar números, hacemos reparación de todo tipo de relojes, desbaratamos toda la máquina completita, si hay que hacerle limpieza se hace, si hay que cambiar una rueda o algo que no sirva se cambia.

—¿Trabaja todo tipo de relojes y marcas?

—Trabajamos el 99.9% de relojes, cuando es algo de limpieza se desmonta toda la máquina y se le hace de todo. Me han traído relojes muy antiguos, otros muy caros con los que debemos tener mucho cuidado, pero también hay mucha gente que piensa que su reloj es Cartier, Rolex o Bulova, los traen para revisar y resulta que traen máquinas de imitación.

—¿Y qué pasa en esos casos?

—Me ha tocado casos donde al revisar el Cartier delante del cliente resulta que traen una máquina Citizen sin que lo supieran, porque se los vendieron como originales. De hecho, tengo en proceso de reparación un reloj muy bonito que es de dos vistas con carátula de Cartier que lo hace atractivo, pero que en realidad tiene máquina Citizen. Me lo trajo un cliente, estábamos quitándole los tornillos que supuestamente son cuatro los que afianzan la maquinaria, pero realmente sólo tenía uno bien puesto, porque los demás son de adorno y fue cuando descubrimos que es Citizen, no Cartier. 

—Entonces, le ha tocado decirle la verdad a mucha gente que sido defraudada.

—Desafortunadamente sí, porque muchas veces lo único que hacen es ver en internet alguna oferta y la compran, creyendo que es una ganga porque el precio real es de 30, 40 o 50 mil pesos y se los venden en 10, lo compran y cuando lo traen a revisión resulta que tienen máquinas de relojes económicos, porque en realidad su precio tan sólo por la carcasa podría hasta de tres mil pesos, no más.

—¿Hay algún costo por revisión? 

—Yo no cobro por checarlo, les doy mi precio, si les parece lo dejan y si no, pues se los vuelvo a armar y asunto arreglado; si me lo dejan para reparar, les doy tres meses de garantía y como estoy en un local fijo, no los puedo engañar.

—Al día, ¿cuántos trabajos hace?

—Depende, muchas veces sólo me los traen por cambio de pila, perno, correa o detalles pequeños y al día podemos hacer 15 o 25 servicios, muchas veces es menos, pero así es este negocio.

—¿Qué horarios maneja en su negocio?

—Todos los días abro entre 9:30 y 10:00 de la mañana, aunque en otras ocasiones se me hace un poco tarde, pero siempre abro y cerramos entre las 5 y 6 de la tarde de lunes a viernes; los sábados cierro a las 15:30 y los domingos cierro a las 14:30 horas.

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