2 mayo, 2026

36 millones de mexicanos dijeron… – Roberto Hernández Guerra

Ahora que conocemos la decisión de la mayoría de los mexicanos, cerca del 60 %, en la que no solo fue una elección para elegir cargos públicos, sino también un referéndum respecto al rumbo que debe tomar el país, podemos hacer algunas reflexiones para tratar de entender lo que pasó.

El triunfo arrollador de Claudia Sheinbaum con más del doble de votos de la candidata de la oposición, aunado al de los demás candidatos de Morena, pueden ser interpretados de distintas maneras. Desde luego desechando la acusación de quienes la consideraron una “elección de Estado”, criterio que el mismo Lorenzo Córdova descalificó.

En primera instancia, el resultado refleja la opinión de los mexicanos respecto a cómo el Presidente López Obrador ha conducido los destinos de México, refutando a aquellos que opinan que ha sido un desastre completo. Los que se burlaban de las obras emblemáticas, Aeropuerto Felipe Ángeles, Refinería Olmeca, Tren Maya, entre otras, se darán cuenta de que sus descalificaciones no surtieron el efecto esperado y que la realidad se impuso. 

Se ha reconocido por “tirios y troyanos” incluso por comunicadores de los medios tradicionales de información, que la mejora en la situación económica de millones de personas, gracias a los programas sociales, al aumento del salario mínimo y a otras políticas favorables a los trabajadores, también influyeron en el voto masivo para los abanderados de la Cuarta Transformación-

Desde luego que las características personales de la doctora Sheinbaum también influyeron. Como se dice en el argot boxístico, “kilo por kilo” era muy superior a sus rivales. Su proyecto de “continuidad con cambio”, que no era únicamente un “eslogan” de campaña, sino que estaba sustentado en propuestas concretas resultado de reuniones con especialistas de distintas materias, no tenía con que compararse. Al respecto la oposición no concretó un proyecto coherente; los que esperaban que Ángel Gurría, al que se le mencionó como responsable del proyecto de nación que presentaría la señora Gálvez, ofreciera algo novedoso, se quedaron esperando. Desde luego que era muy difícil maquillar las recetas neoliberales para hacerlas atractivas a quienes han sufrido sus efectos; no otra cosa podía ofrecer quien es conocido como “el ángel de la dependencia” por servir a los intereses del capital financiero internacional.

Pero el elemento que está en el fondo y que poco se considera, es que todo lo contrario a lo que decían sus malquerientes,  López Obrador no polarizó el país; de haber sido cierto este argumento, no se entendería que la candidata de Morena y aliados tuviera elevadas votaciones en todos los sectores sociales y en todas las edades.

Una encuesta a “boca de urna” realizada para un medio especializado en finanzas, reveló estos resultados: Si bien, como era de esperarse, en la catalogada como “clase media-baja” el 61% apoyó a Sheinbaum frente al 28% que eligió a Gálvez, en la “clase media” el 59% se inclinó por la doctora frente al 30% por su rival y en la “clase media alta”  Claudia obtuvo el 49%, frente al 41% de Xóchitl.

La misma medición nos revela que entre los jóvenes votantes, Sheinbaum obtuvo el 52% del voto, mientras que el restante 48% se dividió equitativamente entre Gálvez y Máynez en partes iguales.

A final de cuentas, cerca de 36 millones de mexicanos de todas las clases sociales y diversas edades se pronunciaron por la vía de las urnas a favor del proyecto de la Cuarta Transformación. Y solo nos queda recordar lo que Nicolás Maquiavelo (1459-1527) en su “Discurso sobre Titi Livio” señalaba: “Vemos a la opinión pública pronosticar los acontecimientos de una manera tan maravillosa, que se diría que el pueblo está dotado de la facultad de prever los buenos y los malos”

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