AGENCIAS
LONDRES.- Un hallazgo reciente en el Alto Atlas marroquí revela a Spicomellus afer, un dinosaurio acorazado de hace 168 millones de años que redefine la imagen de los anquilosaurios. Este herbívoro de cuatro metros de largo presentaba un cuerpo recubierto de placas, espinas y púas de hasta un metro de longitud, fusionadas incluso con sus costillas, un rasgo único en el reino animal.
Hasta ahora, los fósiles conocidos de Spicomellus eran fragmentarios, pero la reciente excavación permitió recuperar múltiples vértebras, placas dérmicas y un “collar” de púas que confirma su pertenencia al linaje de los anquilosaurios y lo posiciona como el más antiguo y ornamentado del grupo. Las estructuras apuntan a funciones defensivas frente a depredadores, pero también podrían haber servido en exhibición social, similar a astas o colas vistosas de especies actuales.
El descubrimiento desafía los patrones evolutivos tradicionales, ya que presenta un animal primitivo con un blindaje más complejo que sus descendientes, en contraste con la simplificación progresiva que suele observarse en la evolución de los linajes. Además, se trata del primer anquilosaurio hallado en África, lo que amplía significativamente la distribución geográfica conocida del grupo durante el Jurásico Medio.
El estudio, publicado en la revista Nature, resalta la importancia del registro fósil marroquí, antes subestimado, como clave para comprender la evolución temprana de los dinosaurios acorazados. La combinación de defensa y exhibición sugiere que Spicomellus pudo ser un “experimento evolutivo” que priorizaba la espectacularidad en un ecosistema donde la amenaza de grandes depredadores aún era limitada.
Este hallazgo aporta una nueva perspectiva sobre cómo la selección natural moduló las armaduras de los anquilosaurios, mostrando que, en ocasiones, la extravagancia pudo preceder a la eficiencia funcional.


