18 abril, 2026

Tetrapléjico crea música con chips cerebrales

PASADENA.- Durante más de cinco décadas, la vida de Galen Buckwalter ha transcurrido sin poder mover los brazos. Un accidente en su adolescencia lo dejó tetrapléjico, pero hoy, a los 69 años, logró algo que parecía reservado a la ciencia ficción: participar como músico en una canción utilizando únicamente la actividad de su cerebro.

El avance fue posible gracias a una interfaz cerebro-computadora desarrollada con apoyo del Instituto Tecnológico de California y la empresa Blackrock Neurotech. Buckwalter tiene seis pequeños dispositivos implantados en el cerebro que registran señales neuronales en tiempo real. Estas señales se traducen en sonidos, permitiéndole “tocar” música sin mover un solo músculo.

El sistema funciona como un instrumento invisible. Cada neurona detectada genera un tono, y al imaginar ciertos movimientos, el usuario puede modificar ese sonido: hacerlo más agudo, más grave o combinar varios a la vez. Sin embargo, no es sencillo. La actividad cerebral cambia cada día, por lo que Buckwalter debe aprender constantemente a “reencontrar” las señales adecuadas para producir música.

Lo más interesante no es solo la tecnología, sino su uso. Durante años, este tipo de interfaces se han enfocado en recuperar funciones básicas como hablar o mover una silla de ruedas. En este caso, el objetivo fue distinto: crear. Buckwalter, quien ha sido músico desde antes de su accidente, logró integrar sus sonidos neuronales en una canción real, publicada como parte del trabajo de su banda.

Este logro abre una puerta poco explorada: la creatividad asistida por el cerebro. No se trata únicamente de rehabilitación, sino de permitir que las personas sigan expresándose, incluso cuando el cuerpo ya no responde.

El siguiente paso ya está en marcha. Los investigadores buscan que en el futuro sea posible componer piezas completas o incluso controlar equipos musicales complejos solo con el pensamiento. La idea de una “cabina de DJ mental” ya no suena tan lejana.

En el fondo, este avance plantea una pregunta distinta a la tecnológica: no solo qué puede recuperar la ciencia, sino qué nuevas formas de expresión puede hacer posibles. (Con información de Gizmodo)

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