16 mayo, 2026

En memoria del profesor Fernando Montalvo… – Así nos vemos

Edgar Prz

Corría el año de 1974, Quintana Roo estaba en vísperas de su creación; el decreto firmado el 8 de octubre por el licenciado Luis Echeverría Álvarez, presidente de la República, elevó a Quintana Roo de Territorio Federal a Estado Libre y Soberano. Esta vez se celebrarán 52 años de ese acontecimiento.

A la semana de ese acontecimiento, el 13 de octubre, la Zona Maya recepcionaba a la primera institución de nivel medio superior, el Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos #245, así se llamaban antes (CECYTE). Con él vinieron un caudal de profesionistas jóvenes dispuestos a iniciar desde cero, ya que no había nada. Recuerdo que el primer director, Fausto Omar Arceo Medina, andaba cazando a los egresados de secundaria, casa por casa, para justificar el establecimiento del plantel. En ese entonces vinieron muchos jóvenes de Peto, Ticul, Oxkutzcab, Tekax, Muna, Holbox, Valladolid, atraídos por las ganas de estudiar y triunfar en la vida. Ofrecían dos especialidades: Topografía y Contabilidad. Las clases se impartían en las aulas de la Secundaria Leona Vicario por las tardes.

Dentro de esos profesores llegó el ingeniero industrial en Producción, Fernando Gilberto Montalvo Rodríguez, recién egresado del Instituto Tecnológico de Veracruz. Hizo sus prácticas profesionales en Altos Hornos, que era una industria puntal de la economía. Un joven chetumaleño que sabía del valor del estudio, tuvo que salir de su ciudad, dejando a sus padres, hermanas, a su familia y amigos para superarse, ya que el entonces Territorio no contaba con esas oportunidades de estudio.

Llega a la Zona Maya a integrarse por completo, impartía una de las materias más temidas de esa época: “Matemáticas”. Era tal su pasión por esa materia que los alumnos le empezaron a llamar “El Matemático”. No solo impartía cátedra, sino que se integró al conglomerado escolar; practicaba el fútbol y era pitcher de softbol. Todos participaban, había intercambios deportivos con los demás planteles que existían en el nuevo estado e incluso de Yucatán. La escuela era una verdadera comunidad, todos se conocían y, lo singular, los apodos eran más populares que los nombres. Pasaron los años, generaciones de profesionistas listos para el mercado laboral salían con bachillerato técnico, lo que les permitía optar por trabajar o continuar estudiando. Para algunos, su modesta economía familiar no les permitía más vuelo y el trabajo era su destino.

Solo que ya salían preparados para la vida. Las escuelas eran verdaderos templos del saber, eran sitios donde se contagiaba el conocimiento. Los profesores, todos profesionistas, no aspiraban más que a servir y a educar; los talentos de los jóvenes surgían de manera natural, espontánea. Eran días fantásticos, de alegría, de sana competencia y, sin darnos cuenta, “éramos felices y no lo sabíamos”…

El profesor Fernando demostró una fuerte vocación por la docencia, era un apasionado por educar, mismo que lo llevó a la dirección del CECYTE de Cancún y, después de algunos años, retornó a Chetumal, donde fue director fundador del CBTIS #. Eso nos enseña que la vocación no está peleada con el compromiso social, ya que la noble tarea de enseñar llena de orgullo a quienes en verdad la practican.

Sabía que por sus manos pasaban jóvenes que hoy son autoridades, empresarios, muchos profesionistas orgullo de sus padres y sus familias. Era un compromiso moral y ético enseñar, y enseñar bien, para que con esas herramientas el futuro no se les haga difícil. Sabía la enorme responsabilidad que tenía y nunca se perdió en ilusiones vagas, menos en fantasías ocasionales; era un hombre virtuoso, sensato, prudente, metódico, ordenado, que siempre extendía la mano para ayudar.

El mejor reflejo fue su desempeño como secretario del Ayuntamiento en Felipe Carrillo Puerto; junto con Eliseo Bahena se atrevieron a decirle al PRI: “Ya basta, has llegado al límite”. Su incursión política lo condujo a buscar la diputación local, misma que no logró, no por desconocimiento, sino por la aplanadora que tuvo el PRI. Eso no lo paralizó; por el contrario, su compromiso con los que menos tienen era ya su forma de vida.

El Inge no solo fue un destacado profesor, fue un enamorado de la pesca, con Pancho Arana, Nicolás Monge, Marcos Vega, Marcos Xiu, Cornelio; de los viajes, hubo uno que realizó por el Caribe, Panamá, Colombia, Venezuela, con don Jesús Martínez Ross, Paco Ortega y otros. Era un hombre educado que nunca desestimó seguirse preparando y por ello se lamenta su partida hace un año. No solo fue profesor, amigo, compañero, jefe de familia, esposo, padre; ese personaje era mi cuñado.

En paz descanses, maestro… Felicidades en tu día…

Mejor seguiré caminando y cantando: “Gracias a la vida que me ha dado tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco. Y en el alto cielo su fondo estrellado”…

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