9 mayo, 2026

A 56 años de distancia… – Así nos vemos

Edgar Prz

Cancún está de fiesta, de plácemes, está festejando un aniversario más en su corta existencia, solo que la algarabía cada día se ve más reducida: poca convocatoria, charlas, recuerdos de una historia increíble para sus sobrevivientes y desconocida para más del 90 por ciento de sus actuales habitantes.

La historia de Cancún tiene varias aristas; el proyecto proviene de la visión de un gobierno ahora tachado de neoliberal, pero con resultados tangibles. En los escritorios de algunos funcionarios federales surgió esta idea que se convirtió en proyecto y luego en obra; ahora es un orgullo a nivel internacional. Por eso no hay que satanizar tanto el pasado, que de allí surgimos y seguimos. Hoy el turismo es la tercera fuente de ingresos del país, después del petróleo y la recepción de divisas.

Guillermo Rosell de la Lama fue secretario de Turismo durante los primeros cuatro años del sexenio de José López Portillo, de 1976 a 1980. En ese puesto impulsó y creó los polos de desarrollo turístico Cancún, Ixtapa Zihuatanejo y Cabo San Lucas. Estos polos se hicieron con planeación integral: aeropuerto, zona hotelera, vialidades, servicios y reserva territorial, todo coordinado por el gobierno federal a través de Fonatur.

Elevó el turismo a prioridad nacional; por primera vez se consideró al turismo como pilar de la economía. Su mayor aportación fue lanzar los polos de desarrollo turístico desde cero. Convirtió a Cancún en el destino de playa más visitado del país.

Cancún creció con tal rapidez que Pedro Joaquín acuñó una frase muy significativa: “Cancún es como un adolescente en pleno crecimiento, le pones una ropa hoy y mañana ya no le viene”. Era tal la euforia que generó que se convirtió en el “sueño dorado” de muchos mexicanos; se dejó caer la avalancha y hoy las condiciones de aquello que era nuestro orgullo son objeto de lástima. Creció la mancha urbana, creció su población, crecieron sus demandas y es donde inició la desigual carrera, la desventaja, el retraso y el olvido; fueron “dejando para mañana” y el mar se los comió (metafóricamente hablando).

Aquel Cancún de sus inicios en poco tiempo pasó a ser recuerdo. Se les olvidó el esfuerzo de vencer a la naturaleza, transformarla, varias veces agredirla, invadirla, lesionarla como a las dunas de arena, el mangle, los rellenos en la laguna; todo esfuerzo tuvo un premio y el nombre maya de Cancún se insertó en el mercado internacional de turismo. Hoy Cancún es una de las marcas más reconocidas del mundo; mucha gente conoce Cancún pero no conoce México. No se ha aprovechado, no se han tomado la molestia de armar paquetes para que Cancún no solo sea el referente, sino el país entero.

Cancún ha sido gobernado por constructores, gente afín al gobierno, políticos que enviaban como premio de consolación; varios de ellos hicieron magnífica labor. En los últimos años, la degradación política, el maquillaje, la subordinación a las selfies y a las historias fugaces han hecho presa. A las autoridades les ha quedado grande el vestido y en lugar de repararlo lo han obviado, lo han hecho a un lado, a grado tal que el Cancún que vivió Luis Felipe Castillo, aquel trovador yucateco que plasmó en “Me está llamando Cancún” lo hermoso, lo bello, lo mágico de esta tierra en su canción, solo algunas frases tienen vigencia.

Este Cancún actual debe ser objeto de estudio; en tan poco tiempo llegó al clímax y ha envejecido. En lugar de compartir su historia, las autoridades y algunos corifeos se han dedicado a honrar solo a los constructores y así se apropiaron varios recién llegados el mote de pioneros, lo que es vivir en orfandad. Cancún era el motor del estado, era la catedral económica y la política era Chetumal; ahora, en esa carrera por demostrar poderío, ambas ciudades han quedado marcadas y lesionadas. La fuga de los ingresos se refleja en la inoperancia de los servicios públicos, en el vale madrismo institucional, en la frialdad de los funcionarios, en el mírame y no me toques, como decía Juárez: “A los amigos justicia y gracia; a los enemigos la ley a secas”.

Este Cancún tiene la obligación de reencontrarse, de retomar el camino original, de ser el baluarte, el faro económico del sureste, ser la esperanza de miles de pobladores locales. Hay jóvenes mayas que se han preparado para participar, venciendo obstáculos serios como los tuvo Cancún en sus inicios; urge que los reincorporen en la toma de decisiones, urge que sean tomados en cuenta, urge darles por elemental cortesía el lugar que les corresponde. Cancún merece un mejor destino; como préstamo ya estuvo bien, ahora es tiempo de los quintanarroenses, es tiempo de los hijos de los herederos de estas tierras; algún día tendrán que dirigir los destinos de su gente.

Extraño las noches con el firmamento lleno de estrellas, la luna cómplice de romances y aliada de los enamorados; ahora, si la contemplas mientras estás en ese éxtasis, se llevan tu moto, te roban tu carro, te asaltan; hasta eso se ha perdido, la tranquilidad, la han secuestrado, la vida ya no es igual. Urgen verdaderos políticos con vocación de servicio y no solo usen Cancún como el elevador para escalar posiciones. La ciudad les demanda atención, no olvido; respuestas, no evasivas; trabajo, no espejismos; un compromiso social que esté más allá del huevo tibio, sino Cancún se seguirá perdiendo en el olvido. Edificios, avenidas, locales son objeto de recuerdo cuando aún podrían estar activos. Había cines populares, había escuelas cercanas, había compañerismo, había verdadera hermandad entre vecinos, todos se conocían, se respetaban. Qué felices éramos y no lo sabíamos, hoy solo lo lamentamos. Cancún da para más, solo que la política no esté por encima de todo, ya que carcome, le entra salitre y pudre casi todo; hay que hacer un gran frente para rescatar Cancún, aún es tiempo, no lo cree usted.

En este aniversario se hizo fiesta solo para unos pocos; hay que incentivar que todos participen, que se unan y evitar exclusivismos. La culpa no es de la gente, sino de los que la sectarizan y mandan a colocar vallas. Evitemos muchos Cancunes y retornemos al origen, que solo exista un Cancún para todos.

Felicidades, Cancún.

Mejor seguiré caminando y cantando: “Me está llamando Cancún, ya me voy para Cancún, qué suave nos bañaremos con ricos baños de sol, por la noche bailaremos en las playas de Chac Mool”…

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