Inosente Alcudia Sánchez
Los caminos de la política, igual que los de la vida, “no son como yo pensaba, como los imaginaba”. Y es que cuando parecía todo definido y pocos dudaban de la efectividad de la estrategia del presidente López Obrador para asegurar el triunfo electoral de su movimiento en el 2024, los hechos de agosto han alterado el rumbo del adelantado proceso electoral que estamos atestiguando.
En las últimas semanas, el Frente Amplio por México (FAM) ha alterado los planes del jefe de Estado, quien ha insistido en señalar, en sus mañaneras, que acertó al pronosticar que sería Xóchitl Gálvez la elegida para encabezar a sus adversarios y ser la candidata de la oposición a la presidencia de la República. El presidente presumió que, con lo anterior, ganó una apuesta; pero, lo cierto es que se le ha complicado la sucesión y tendrá que repensar las estrategias con las que, en sus escenarios, Morena ganaría sin mayores complicaciones las elecciones federales del 2024.
Apuntaré dos situaciones que presenciamos en agosto y que han configurado circunstancias que no son las que muchos esperaban, imaginaban, para iniciar septiembre:
Primero, la y los aspirantes a coordinar la defensa de la 4T, (“corcholatas”, para el presidente) no crecieron en la preferencia o aceptación ciudadana. A pesar del presumible apoyo público –denunciado incluso por uno de ellos–, del despliegue de acarreo de aplaudidores a mítines y la instalación de cientos de espectaculares que tapizaron el país con las imágenes, principalmente, de dos de los contendientes, los aspirantes del oficialismo llegaron al final de su proselitismo exhibiendo carencias de herramientas políticas para salir avante en una competida carrera electoral. Lo anterior se evidenció, sobre todo, en quien la mayoría de los analistas consideran la principal beneficiaria de la simpatía del líder del movimiento. El discurso de Sheimbaum no emocionó, ni se escuchó, más allá de los públicos que le acercaron sus apoyadores. Ebrard, vetado por los sectores duros del obradorismo, no pudo allegarse simpatías adicionales suficientes para superar a la ex jefa de gobierno y, en cambio, hizo acusaciones graves que restan legitimidad al proceso de selección morenista y que, seguramente, serán argumentos usados en su momento por la oposición. En síntesis, el oficialismo mostró debilidades que no estaban en el FODA del estratega de Palacio Nacional.
Segundo, sí hay una oposición competitiva, con posibilidad real de triunfo electoral. En agosto, desapareció el desierto de ideas y personajes que era la oposición hace apenas un par de meses. La irrupción de Xóchitl Gálvez y el trastabillante proceso para elegir a la persona que coordine al FAM, activaron un movimiento social y político que dio como fruto una opción política creíble, competitiva, con capacidad para enfrentar a la 4T y disputarle tanto la presidencia de la República como la mayoría en el Congreso de la Unión. La previsible candidatura de la señora X, será el punto de coincidencia en el que se fundan, más que las militancias partidistas, las motivaciones ciudadanas; más que los intereses políticos, las causas de la sociedad civil. De alguna manera, el FAM es la respuesta política a las marchas ciudadanas de noviembre del 2022 y de febrero de este año y, de llegar a ser la candidata presidencial, Xóchitl Gálvez será la expresión electoral del pueblo no militante en la 4T. En resumen, el proceso para elegir al coordinador del FAM y el potente personaje encarnado en Xóchitl Gálvez, constituyen un factor disruptivo que encendió los focos de alerta en los estrategas de Palacio Nacional.
Septiembre no será el mes que muchos esperaban, imaginaban. Los escenarios políticos han sido modificados por los hechos de agosto y nos enfilamos a una contienda electoral que puede ser inédita: se forman nubarrones que auguran la intervención del gobierno en apoyo a la candidatura oficial y, en la contraparte, el fortalecimiento de un movimiento civil, ciudadano, dispuesto a enfrentar el amago autoritario. En el consciente e inconsciente colectivo comienza a permear la idea de que lo que está en juego son nuestras libertades, nuestras instituciones, nuestra democracia.
En el oficialismo el proceso aún no se agota. Empero, las condiciones ya no son las que esperaban Morena y sus aliados, para el septiembre de este año. No sabemos si se alterará el resultado de las encuestas, pero, quien resulte elegido defensor de la 4T no tendrá un día de campo, sino, más bien, enfrentará algo así como distintos frentes de guerra, la disputa palmo a palmo del territorio y de las ideas.
Lo cierto es que, para unos y otros, este septiembre ya no es el que esperaban, el que imaginaban. Probablemente, agosto marcó un quiebre en el rumbo de la historia política de México. Ni modo, a repensar escenarios.


