@_Chipocludo
Hay días en los que la oficina, las notas por escribir, la maestría y los pendientes simplemente saturan la cabeza. Cuando eso me pasa, no pienso en un hotel ni en unas vacaciones costosas. Lo único que necesito es cargar la casa de campaña, unas sillas plegables, una nevera con comida y bebidas, y salir rumbo a la costa de Yucatán. Acampar se ha convertido en mi forma favorita de bajar el ritmo, respirar aire fresco y recordar que, lejos del ruido de la ciudad, todavía existen lugares donde el tiempo parece detenerse. Si además el cielo está despejado, las noches regalan un espectáculo de estrellas que difícilmente se olvida. Estos son tres rincones que, para mí, valen completamente la pena.
El primero es Celestún, uno de los destinos más conocidos de la costa yucateca. Sus playas amplias y el ambiente tranquilo lo convierten en un sitio ideal para instalar la casa de campaña y pasar un fin de semana frente al mar. Dependiendo del lugar donde decidas quedarte, el costo para acampar suele rondar entre 150 y 250 pesos por persona. En varias zonas es posible encontrar servicios como baños, regaderas, restaurantes cercanos e incluso espacios para estacionar el vehículo cerca del campamento. Esa combinación permite disfrutar de la naturaleza sin renunciar por completo a ciertas comodidades. Despertar con la brisa marina y escuchar únicamente el sonido de las olas hace que cualquier preocupación pase a segundo plano.
Mi segunda recomendación es Isla Bonita, en San Felipe. Si de verdad buscas desconectarte, este lugar es perfecto. He tenido la oportunidad de acampar ahí y una de las cosas que más me sorprendió fue que prácticamente no existe señal telefónica y tampoco hay electricidad. Eso obliga, para bien, a olvidarte del celular y concentrarte en disfrutar el momento, el acceso para acampar suele costar entre 150 y 200 pesos por persona, aunque puede variar según la temporada (cruzas en lanchita y al día siguiente van por ti). Los servicios son limitados, por lo que conviene llegar preparado con suficiente agua, alimentos, lámparas y baterías portátiles. La recompensa llega por la noche, cuando el cielo completamente oscuro permite admirar miles de estrellas con una claridad impresionante.
El tercer sitio es El Cuyo, un puerto que conserva un ambiente relajado y bohemio. Sus playas son extensas y el viento constante atrae a quienes practican deportes como el kitesurf, aunque también es un excelente lugar para quienes solo buscan descansar. El costo para acampar suele encontrarse entre 150 y 250 pesos por persona, dependiendo del espacio elegido. En algunos puntos existen baños, regaderas y pequeños restaurantes, mientras que en otros la experiencia es mucho más natural, por lo que vale la pena preguntar qué servicios ofrece cada área antes de instalarse.
Después de varias escapadas confirmé que para descansar no hace falta gastar una fortuna. Con una casa de campaña, sillas cómodas, una nevera con alimentos y bebidas, lámparas, bloqueador solar, repelente y, si te gusta la tecnología algún gadget como una bocina portátil, una batería externa o una cámara para capturar el paisaje, tienes prácticamente todo lo necesario. Lo mejor de acampar en estos rincones de Yucatán no son los lujos, sino despertar frente al mar, convivir con la naturaleza y terminar el día bajo un cielo lleno de estrellas que difícilmente se aprecia desde la ciudad.


