Santiago Moo
CAMPECHE.- Campeche ya no está en problemas, está en caída libre. La economía estatal se hundió 16.7% en el primer trimestre de 2025 y tocó fondo en el país con la peor contracción nacional. Las cifras dejaron de ser una alerta para convertirse en el retrato de una economía que pierde piso sin encontrar dónde afirmarse, en un desplome que colocó a Campeche en el último lugar del tablero nacional y confirmó que el deterioro que se arrastra desde el año pasado no sólo persiste, sino que se agrava de forma sostenida y sin señales de freno.
La debacle no tiene un solo culpable ni responde a un accidente estadístico. Prácticamente todos los motores del estado se torcieron al mismo tiempo. Las actividades secundarias —industria, construcción y manufacturas— se derrumbaron 21%; las primarias retrocedieron 2.9% y los servicios apenas arañaron un crecimiento de 1.1%, un suspiro insuficiente para disimular el naufragio. La industria, por sí sola, aportó 16.8 puntos porcentuales de la caída total, una fractura de dimensiones mayores en el aparato productivo estatal.
Lo verdaderamente inquietante es que el tropiezo ya no se mide por trimestres, sino que se instaló como rutina. Durante 2024, Campeche encadenó caídas de 6.2, 8.4, 11.8 y 15.4%. El arranque de 2025 estiró la racha hasta 16.7%, dibujando una pendiente que se empeña en seguir bajando.
Mientras la economía nacional avanzó un modesto 0.8% y Yucatán creció 2.2%, Campeche se quedó en el sótano de la clasificación. Incluso Quintana Roo, que también registró números rojos, limitó su retroceso a un decoroso 2.6%. Campeche fue, además, la entidad que más lastró el resultado nacional, con una contribución negativa de 0.36 puntos porcentuales.
Y por si hiciera falta subrayar la magnitud del descalabro: si se saca a la industria petrolera de la ecuación, la actividad económica total se contrajo 25.2% y las secundarias se desplomaron 49.6%. El dato dinamita la cómoda excusa de que todo es culpa del petróleo y deja al descubierto un debilitamiento que ya alcanzó a la construcción, las manufacturas y demás ramas que supuestamente iban a diversificar la economía local.
Los indicadores del INEGI no emiten juicios, pero muestran a un estado que se descuelga del ritmo nacional mientras se le acaba el margen de maniobra. Detrás de los porcentajes hay inversiones que no despegan, actividad que pierde fuelle y un mercado que ve cómo el crecimiento se convierte en un recuerdo cada vez más lejano. Las estadísticas no dejan espacio para el optimismo fácil. En Campeche, los números ya no advierten, simplemente documentan el costo de una desaceleración que se prolonga sin que aparezca, ni de lejos, un punto de inflexión.

