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VILLY-LE-PELLOUX.- La muerte de Lazare, un pequeño perro francés de raza papillon que alcanzó los 30 años y cinco meses de vida, volvió a despertar el interés científico sobre la extraordinaria longevidad de algunos perros domésticos, un fenómeno poco común incluso para razas pequeñas.
Lazare falleció en Francia después de haber pasado sus últimas semanas con una nueva familia que lo adoptó tras la muerte de su antigua dueña. Aunque nunca se confirmó oficialmente un récord Guinness, su edad lo colocaba entre los perros más longevos registrados en tiempos recientes.
Los perros pequeños suelen vivir más que las razas grandes, pero alcanzar tres décadas continúa siendo excepcional. En promedio, un perro doméstico vive entre 10 y 15 años. Algunas razas miniatura, como el papillon, pueden superar los 16 años gracias a factores genéticos y a un metabolismo distinto.
Especialistas en veterinaria consideran que la longevidad canina depende de una combinación de genética, alimentación, atención médica, actividad física y entorno emocional. También influye el tamaño corporal: los perros grandes envejecen más rápido debido al desgaste celular asociado a su crecimiento acelerado.
Lazare ya no podía ver ni escuchar, usaba pañales y dormía gran parte del día, señales habituales del envejecimiento extremo en animales. Aun así, quienes convivieron con él describieron que mantenía un carácter tranquilo y sociable.
El caso recordó además la controversia sobre Bobi, un perro portugués cuya edad de 31 años fue cuestionada por el Libro Guinness debido a la falta de pruebas concluyentes.
Investigadores del envejecimiento animal estudian estos casos porque podrían ayudar a entender mejor cómo envejecen los mamíferos y qué factores permiten prolongar la vida con buena calidad física. Algunos científicos incluso consideran que los perros son modelos útiles para analizar procesos relacionados con la longevidad humana.

