14 abril, 2026

¡AH, QUÉ LINDO ES CHAMPOTÓN!

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Asentada a orillas del Golfo de México, escenario en 1517 de la derrota de las huestes de Francisco Hernández de Córdoba a manos de los guerreros de Moch Couoh, la antigua Chakán Putum conserva en sus calles y en la memoria colectiva cinco siglos de historia, sabor y tradición

HAROLD AMÁBILIS

Champotón es un territorio de encuentros, donde se vive la herencia maya, del español, y de los pueblos africanos; donde se escuchan las historias de heroísmo, del corsario, el defensor, el migrante y el anfitrión. En esta edición de El Despertador nos adentraremos en las capas que forman parte de la identidad, sus memorias vivas y ese carácter indómito que la hizo merecedora de un título que pocas ciudades pueden ostentar.

Champotón: orgullo por una tierra que supo resistir

Hay lugares donde la historia se siente en el aire. Champotón es uno de ellos.

A orillas del Golfo de México, esta ciudad campechana guarda en sus calles y en la memoria de su gente cinco siglos de coraje, valentía y lucha. Champotón lleva en su nombre el eco de sus ancestros; Chakán Putum, la sabana de los putunes, aparece registrado en el Chilam Balám de Chumayel y en el Códice de Calkiní. La herencia maya se manifiesta en múltiples formas, no solo en el nombre, se ubica en las ruinas que rodean la urbe, en los materiales de las casas históricas que integran su paisaje y, sobre todo, en las decisiones que guiaron no solo el destino de estas tierras, sino que también dejaron huella en la historia de México.

Fue aquí, en el año de 1517, donde el Halach Winik Moch Couoh, máximo líder maya de la región, observó desde la desembocadura del río la llegada de tres navíos al mando del capitán Francisco Hernández de Córdoba. Los expedicionarios españoles buscaban agua y confiaban en una conquista rápida. Enfrente encontraron a guerreros dispuestos a defender su territorio.

La batalla —según se plasma en la historia oral y en la pluma de los cronistas— se libró un 25 de marzo. Los mayas derrotaron a los europeos, quienes huyeron con más de cincuenta bajas; en recuerdo de aquel amargo revés, bautizaron el lugar como la Bahía de la Mala Pelea. Fue el primer revés de las huestes europeas en el continente americano. Para los conquistadores, una advertencia. Para Champotón, el origen de su leyenda.

Años después, en 1538, Francisco de Montejo “El Mozo” formalizó la fundación de la ciudad sobre los cimientos mayas existentes. La población, sin embargo, no encontró paz. Corsarios ingleses y holandeses acecharon la costa en 1644, 1672 y 1748. En cada ocasión, el pueblo resistió. En 1863, las tropas francesas intentaron tomar la plaza. También fracasaron. Durante la Revolución Mexicana, las fuerzas Delahuertistas ocuparon el lugar, pero no lograron quebrar el ánimo de sus habitantes.

En honor a esta historia de lucha, el Congreso de Campeche le otorgó en 2014 el título de Heroica Ciudad, un reconocimiento a los aproximadamente cinco siglos de resistencia constante.

La identidad champotonera también se forjó con las oleadas migratorias que llegaron desde otros continentes. Desde los primeros años del virreinato, afroantillanos fueron traídos al puerto para trabajar en las plantaciones. En el siglo XIX, familias de China, Corea y el Líbano echaron raíces en la región. En la década de 1980, grupos de guatemaltecos encontraron refugio en esta costa. Todos fusionaron sus costumbres con la herencia maya y española, y distinguieron a Champotón dentro del mosaico cultural peninsular.

Hoy, caminar por Champotón es encontrarse con esa herencia a cada paso. El río que domina el paisaje de la ciudad sigue ahí, como aquel 1517. La iglesia antigua conserva piedras que fueron de los mayas. El Fuerte de San Antonio recuerda los tiempos de corsarios y cañones. Y la gente, orgullosa, cuenta las historias que no están en los libros.

Se escucha el danzón “Champotón” de don Emilio Bocos Rosado, que suena como un segundo himno. Se saborea la cocina que hizo famoso al puerto como la Capital del Buen Sazón. En cada atardecer, cuando el sol se inclina sobre la bahía, la ciudad entera parece detenerse a contemplar lo que ha sido y lo que sigue siendo.

Champotón ha sido herida, saqueada, sitiada. Pero nunca vencida. Porque aquí, hace más de 509 años, alguien dijo: hasta aquí. Y esa palabra sigue viva.

Honra de América. Tres veces Heroica. Heroica Ciudad. No son títulos vacíos. Son cicatrices convertidas en orgullo. Son la historia de un pueblo que supo defender su tierra y que hoy abre sus puertas con la misma fuerza con la que un día cerró el paso.

El día que los mayas rompieron el mito de la invencibilidad española

En la tranquilidad del museo comunitario, el historiador Mario Mijangos Sandoval sostiene que este municipio guarda un secreto que pocos mexicanos conocen. Fue aquí, hace más de 509 años, donde el pueblo maya infligió la primera derrota a los españoles en tierras mexicanas. 

Mijangos recibe a los visitantes entre las salas del recinto y, con la seguridad de quien ha dedicado años al estudio de su tierra, desempolva los hechos ocurridos en 1517, cuando la expedición de Francisco Hernández de Córdoba llegó a estas costas sin saber que se enfrentaría a un pueblo preparado para la guerra.

Las crónicas cuentan que los españoles navegaban con urgencia. Los barriles de agua, de mala calidad, dejaban escapar el líquido con cada movimiento de las embarcaciones. La sed los obligó a detenerse frente a un asentamiento que los mapas de la época llamaban Potonchán, pero que en realidad era Chakán Putum, el corazón del cacicazgo maya.

El historiador relata que los conquistadores bajaron a tierra para llenar sus vasijas. Una leyenda local asegura que encontraron el camino hacia un pozo gracias a los ladridos de un perro. Ese lugar, conocido hasta hoy como el pozo del Ch’e’en Peek’ (Chen Pec), fue testigo del primer error de los recién llegados. En lugar de retirarse al anochecer, decidieron quedarse a dormir en los alrededores.

Durante la noche, los mayas se movilizaron en silencio. Guerrero tras guerrero fue bajando hacia la costa. Cuando el sol apareció, los españoles se encontraron rodeados. Bernal Díaz del Castillo, quien sobrevivió al combate, calculó después que había trescientos indígenas por cada europeo.

La batalla comenzó al amanecer. Mijangos explica que los mayas atacaban en oleadas sucesivas, una estrategia que desconcertó a los españoles. Algunos historiadores vinculan esa táctica con Gonzalo Guerrero, el náufrago español que años antes había sido adoptado por los mayas y enseñaba técnicas militares a los guerreros de la región. Fue el Halach Winik —máxima autoridad— de Chakán Putum, Moch Couoh, quien dirigió a sus hombres en el enfrentamiento.

El saldo fue devastador para los ibéricos. Más de medio centenar de soldados resultaron heridos. El capitán Francisco Hernández de Córdoba recibió múltiples heridas y moriría semanas después en Cuba. Los sobrevivientes apenas lograron alcanzar sus naves y huyeron bordeando la costa.

Para los conquistadores, aquel lugar quedó marcado con un nombre que reflejaba su humillación, la Bahía de la Mala Pelea. Para los mayas, en cambio, significó la confirmación de que los recién llegados podían ser vencidos. Mijangos señala que Moch Couoh es considerado por algunos historiadores como el primer héroe del continente americano al haber derrotado a los europeos. 

Esta batalla tuvo repercusiones en los años siguientes, en 1518 Juan de Grijalva intentó nuevamente desembarcar en Champotón, pero los mayas ofrecieron otra vez resistencia, y en 1519 Hernán Cortés, conocedor de lo ocurrido, decidió evitar la zona y continuó su viaje hacia Veracruz.

Mijangos refiere al impacto cultural de esta historia en la identidad de Champotón; muchos turistas llegan al municipio preguntándose por qué no hay tantos rasgos mayas visibles entre la población. La respuesta se encuentra en los años posteriores a la conquista, cuando gran parte de los mayas huyeron hacia zonas selváticas. Él manifiesta que algunos académicos e historiadores locales han teorizado incluso que los mayas lacandones, que actualmente habitan las selvas de Chiapas, descienden de aquellos que abandonaron Chakán Putum. Quienes se quedaron fueron sometidos a procesos de castellanización, incluso en sus apellidos.

A pesar de esos años difíciles, la batalla de 1517 nunca se olvidó y se ha convertido en un símbolo de orgullo para todos los champotoneros. En años recientes se han realizado escenificaciones del enfrentamiento y el propio expresidente Andrés Manuel López Obrador asistió a una de ellas. La historia de la “mala pelea” es ahora un legado que los habitantes de esta ciudad mantienen vivo como parte de su herencia cultural e histórica.

Los visitantes que escuchan por primera vez esta historia de la boca de Mijangos salen del museo con una expresión de asombro. Descubren que el primer gran golpe contra la conquista fue aquí, en esta ciudad, donde los mayas demostraron que el imperio español no era invencible.

Champotón a través de sus personajes

José Oneciforo Castillo Flores, Chíforo: 32 años formando bailarines 

En el municipio de Champotón, el nombre de José Oneciforo Castillo Flores evoca tradición, disciplina y amor por la cultura. Conocido localmente como Chíforo, este promotor cultural ha dedicado más de tres décadas a la enseñanza de la danza folclórica y a la organización de comparsas que animan el carnaval de la ciudad de Champotón.

Chíforo encontró en la danza su vocación desde temprana edad. En el preescolar y la primaria ya levantaba la mano para participar en las actividades artísticas. Con el paso de los años se integró a los grupos folclóricos de la secundaria y, posteriormente, del Ayuntamiento de Champotón. Su formación profesional comenzó en la Escuela de Educación Artística del Instituto Campechano, ubicada en la capital del estado. En 1990 ingresó a la Licenciatura en Educación Artística, siendo parte de la primera generación de esta carrera.

Al concluir sus estudios en julio de 1994, decidió regresar a su tierra natal para poner en práctica lo aprendido. En septiembre de ese mismo año fundó su propia academia de danza en la calle 25 por 28. Contó con el apoyo de su familia —su madre, modista, confeccionaba los trajes— y con la aceptación de su comunidad para lograr su sueño. Desde entonces, la escuela ha mantenido actividad ininterrumpida y ha llevado a sus alumnas a festivales nacionales e internacionales.

A lo largo de estas tres décadas, por sus aulas han pasado numerosas generaciones de bailarinas. Varias de ellas han obtenido títulos de reinas del carnaval en categorías infantil y juvenil. Otras, tras formarse con Chíforo, han emprendido sus propios proyectos y actualmente dirigen sus propias academias de danza. Entre las figuras que recuerda con especial cariño está Nayeli Santini, quien encabezó la primera comparsa que montó de manera profesional en Champotón.

El maestro ha guiado también a participantes en certámenes estatales, apoyándolas en modelaje y diseño de imagen conforme a las convocatorias oficiales. Señaló que el propósito de su institución ha sido formar personas dedicadas a la danza con valores bien cimentados, ofreciendo un servicio de calidad y una técnica sólida como muestra de agradecimiento hacia la comunidad que lo ha respaldado.

El maestro considera que el arte y la cultura seguirán vigentes en la región, aunque reconoce que las expresiones artísticas deben adaptarse a los cambios propios de cada época. Subrayó que el objetivo de su academia ha sido formar personas con una base sólida en valores y técnica.

Chíforo invita a las personas interesadas en formar parte de su escuela a acudir directamente al domicilio de la academia o a solicitar información en el lugar. Su trayectoria se mantiene como un referente en la promoción de las tradiciones dentro del municipio.

Siete décadas en las aulas: Lilia Góngora Sansores

En una casa en el centro de la ciudad, donde el gis aún escribe sobre el pizarrón y la experiencia pesa más que cualquier teoría, transcurren los días de Lilia Góngora Sansores. A sus 91 años, esta maestra suma más de medio siglo dedicado a la enseñanza, una labor que no ha interrumpido ni siquiera tras su jubilación, ocurrida hace más de dos décadas.

Originaria de Champotón, nació un 20 de febrero de 1936. Hija de Don Santiago Góngora García y Doña Camelia Sansores, Lilia descubrió desde joven que su camino estaría marcado por las aulas. Se formó como maestra primaria en el Instituto Campechano, en Campeche, y más tarde se trasladó a Mérida, donde cursó estudios en la Normal Superior de Yucatán, donde completó una maestría. A pesar de los viajes y las especializaciones, nunca dejó su tierra. Su vida profesional comenzó en la escuela Carlos M. Lazos y, junto al maestro Álvaro Aguilar, participó en la fundación de la escuela de la tarde Arquitecto Carlos M. Lazos

La maestra Lilia fue parte del arranque de la secundaria federal, bajo la dirección del maestro Roberto Campos, y en aquellos años compaginó clases en la preparatoria nocturna, cuando el doctor Alberto Uribe estaba al frente. Más tarde, junto con el licenciado Asunción Campos y la maestra Socorro Serrano de Campos, colaboró en la fundación de una escuela nocturna para trabajadores. Durante mucho tiempo, atendió simultáneamente cuatro escuelas, una rutina que la llevaba a recorrer la ciudad para cumplir con cada grupo.

El espacio donde hoy ofrece asesorías —detrás de una capillita que ella misma fue construyendo, en referencia a Jesús Nazareno— se convirtió con los años en un punto de referencia en Champotón. Allí recibe a quienes buscan su ayuda, resuelve dudas de redacción o explica operaciones matemáticas con la vieja fórmula del pizarrón y el gis, convencida de que la práctica complementa lo aprendido en los libros. “A la vez que explicas, aprendes más”, dice.

Su trayectoria ha dejado una huella profunda en la comunidad. Entre sus exalumnos hay maestros, ingenieros, políticos, militares y presidentes municipales. En las calles, Lilia es reconocida por generaciones enteras. Los saludos son constantes y ella, entre risas, suele preguntar: “¿Quién eres, dime quién eres?”. No le resulta fácil recordar a cada uno, pero sabe que todos forman parte de su historia.

A lo largo de estos 70 años, Lilia ha impartido clases en todos los niveles, desde preescolar hasta preparatoria. Incluso después de jubilada, nunca ha dejado de enseñar. Para ella, la educación es también una forma de mantenerse activa, con la mente clara y el razonamiento firme. “Yo soy una persona que cree mucho en Dios y en la Virgen Santísima, y me siento muy feliz porque con esta edad puedo trabajar, razonar”, comenta.

Fuera del ámbito escolar, ha cultivado la pasión por la poesía, y durante los carnavales, elabora las ofrendas líricas, los versos que se dedican a las reinas de la fiesta. Esta es una labor que realiza sin fines económicos, solo por el gusto de escribir y compartir sus letras con quienes deseen escucharla. Asimismo, llegó a ingresar en el año 1951 al Centro de Salud como ciudadana voluntaria, bajo la conducción del Dr. Miguel Vargas.

Su legado también se refleja en su familia. Cuatro hijos, entre ellos un abogado, y varios nietos que han seguido caminos profesionales como la ingeniería y la medicina, son muestra de ese impulso por la superación que ella misma promueve. “Cuando decides una meta, siempre avanzas hacia ella”, afirma. 

A lo largo de su vida, Lilia ha atesorado experiencias que van más allá del salón de clases. Recuerda un viaje a Cuba donde asistió a conferencias en la época de Fidel Castro, una vivencia más en una biografía llena de aprendizajes. También trabajó en servicios de salud, aplicando inyecciones y apoyando a médicos de la localidad, como parte de una vida de entrega a su comunidad.

Quienes la conocen la describen como una institución viva en Champotón. Aún hoy recibe invitaciones de escuelas para apoyar en procesos de calificación y sigue acudiendo a su capillita con la misma disposición de siempre. Entre los consejos que deja a las nuevas generaciones que aspiran a ser maestros, enfatiza la voluntad, la conciencia y la gratitud hacia quienes tienden la mano en el camino.

“Agarro mi gis y mi pizarrón. Yo todavía soy maestra de pizarrón de adelante”, dice con orgullo. Y añade: “El sacrificio vencido es una obra”. Para Lilia Góngora Sansores, la enseñanza no ha sido solo una profesión, sino una forma de estar en el mundo: con la frente en alto, la mente despejada y las manos siempre listas para escribir la siguiente lección.

Legado de sazón: Los hermanos Casanova Chi 

En el malecón de Champotón, junto al cementerio municipal, el restaurante “Potón Chan” guarda una tradición culinaria que suma más de tres décadas de historia. Detrás de este negocio están los hermanos Diana Magnolia Casanova Chi y Ramón Casanova Chi, hijos de Ricardo Casanova Moreno y Romanita Chi, quienes hicieron de la cocina su oficio de toda la vida.

El origen del negocio se remonta a los años en que sus padres trabajaban en el mercado y la zona de Boca del Río. Fue con la maestra Aracely Castillo Negrín, doña Chely, considerada la guardiana de la gastronomía campechana, donde aprendieron el oficio. Bajo su guía, pasaron de ser empleados a cocineros. Tras casarse, decidieron emprender por cuenta propia y fundaron su primera fonda. Un huracán destruyó lo construido y los obligó a reubicarse. Hoy, 35 años después, el restaurante opera en su local actual ofreciendo las recetas que aprendieron y heredaron para el deleite de los visitantes.

Diana Magnolia relata que sus padres les inculcaron la pasión por la gastronomía desde pequeños. “Nos enseñaron a trabajar, los valores, la responsabilidad”, comenta. Aunque su padre ya falleció, su sazón sigue intacto en cada platillo. La familia ha logrado que el conocimiento se transmita también a los sobrinos, quienes eventualmente se suman al servicio para aprender las distintas áreas del negocio.

El pan de cazón es el platillo estrella. Se elabora con tortillas hechas a mano, cazón fresco, chile asado, aguacate y salsa de tomate. También preparan empanaditas de camarón, jaiba, pulpo y queso, todas con productos del mar de la región.

Ramón asegura que el éxito está en la sazón y en el trato al cliente. La clientela llega por recomendación y regresa cada año; algunos incluso viven en el extranjero. Preguntan por Ricardo Casanova, el nombre que todavía identifica al negocio entre los viajeros. Los hermanos invitan a disfrutar en su mesa la frescura del mar, un legado que se mantiene firme por decisión familiar.

“No queremos que esto decaiga”, afirma Diana Magnolia. “Al contrario, que siga siendo el legado”.

Miguel Mateo, 40 años de carnaval en la piel

José de los Ángeles Mateo Gálvez, conocido como Miguel Mateo, ha dedicado 40 años de su vida al carnaval de Champotón. Su historia, marcada por anécdotas entrañables y una lucha silenciosa por la visibilidad de la comunidad LGBTQI+, lo ha convertido en un referente vivo de esta festividad.

Su vínculo con el carnaval comenzó en la infancia, cuando acudía a la casa de doña Conchita Aidar, frente al antiguo cine Sandra, para observar a los participantes que se preparaban con disfraces y toros de petate para salir a festejar. A los 13 años tuvo su primer acercamiento al vestuario, aunque con un resultado inesperado, puesto que quiso disfrazarse de payaso y terminó cubriéndose el rostro con pegamento blanco en lugar de pintura. En 1986, a los 21 años, decidió participar formalmente con un disfraz inspirado en el cantante británico Boy George.

Con el paso del tiempo, Miguel Mateo recuerda una de sus creaciones más complejas: el disfraz de centauro, cuya elaboración le llevó dos años debido a la dificultad de lograr que las patas simularan un movimiento real. Al presentarse al concurso, los jueces dudaron de que estuviera solo dentro del traje, por lo que fue necesario abrir parte del atuendo para comprobar que no había nadie más.

En paralelo a los concursos, Miguel Mateo se convirtió en un pilar en la organización del carnaval de la comunidad LGBTQI+. Durante los primeros años, esta celebración se realizaba en casas particulares debido al tabú social. En 1998, logró llevarla a un local cerrado; el evento se extendió hasta las ocho de la mañana y marcó un antes y un después en la visibilidad de la comunidad en Champotón. Actualmente, cuenta con el respaldo del Ayuntamiento para estas actividades.

A lo largo de cuatro décadas de trayectoria, recibió un reconocimiento por parte del Ayuntamiento, que describió como inesperado y emotivo. Para las nuevas generaciones, recomienda entrega, pasión y evitar la envidia, pues considera que el verdadero valor está en hacer las cosas con el alma.

El carnaval de Champotón, que en sus inicios se realizaba en carretas bajo los toldos que organizaban personajes del ayer, como es el caso de don Juan Campos en la calle 28, con quien Miguel Mateo vivió sus primeras celebraciones, sigue siendo una de las expresiones culturales más importantes de la región. Y en esa historia, Miguel Mateo no solo ha participado, la ha construido.

Badhy Alberto Cobos Sleme: las artes marciales mixtas ya tienen casa

Badhy Alberto Cobos Sleme tiene 45 años. Su historia con los deportes de contacto comenzó a los 14, cuando caminaba por debajo de los palacios de Champotón y descubrió una clase de Lima Lama. La curiosidad lo llevó a entrenar y a partir de ahí, con constancia se convirtió en un referente del deporte local.

Hoy es el responsable de ser una de las personas que introdujeron las artes marciales mixtas (MMA) en el municipio. La iniciativa tomó forma en 2019, cuando abrió su propio espacio de entrenamiento. La pandemia obligó a cerrar temporalmente, pero al retomar, las clases de jiu-jitsu y muay thai evolucionaron hacia el MMA, impulsadas por el interés de los propios alumnos.

Cobos Sleme ya tenía experiencia en la disciplina. Compitió entre 2014 y 2015 en la liga Predator, en Playa del Carmen. Aquel primer combate en jaula no le fue favorable, perdió por decisión unánime tras dos rounds, con dificultades en el suelo. Sin embargo, esa derrota, lejos de frenarlo, se convirtió en parte del aprendizaje que ahora comparte con sus alumnos.

Actualmente su escuela está afiliada a la Federación de Artes Marciales Mixtas del Estado de Campeche (FAMM), presidida por el profesor Óscar Avilés. Badhy también forma parte del comité estatal. Con 15 o 16 competidores en activo, Champotón se ha convertido en el primer municipio afiliado a la federación.

Los resultados respaldan el crecimiento. En una competencia reciente en Campeche, la escuela presentó 14 peleadores. Siete obtuvieron medalla de oro; cuatro, plata; y en la disciplina de grappling, tres más lograron el oro. En total sumaron cerca de 11 preseas doradas. Entre los alumnos destacan casos como el de Marisol López, comerciante que vende jugos, entrena y compite. Con dos peleas en la FAMM, ganó en su última participación.

Badhy recibe desde los 10 años en adelante, sin límite de edad. El grupo actual oscila entre los 12 y los 15 años, aunque también hay adultos activos. El respaldo de empresas locales y del municipio ha sido clave para cubrir costos de movilidad y competencias.

Para los interesados en las artes marciales mixtas, el maestro Badhy tiene un mensaje: en Champotón ya hay un espacio listo para entrenar y seguir creciendo.

Noel Cajún Yam, un guerrero en busca de la gloria

Champotón se viste de orgullo con la destacada participación de Noel Cajún Yam, joven promesa del boxeo local que ha logrado clasificar a las etapas regionales de los Juegos Nacionales CONADE. Tras consagrarse campeón estatal, el púgilista se prepara para representar a Campeche en la fase peninsular, con la mira puesta en avanzar a la etapa nacional en Tepic, Nayarit.

El deportista entrena en el gimnasio Team Menona, donde realiza sesiones diarias de cuatro horas que combinan técnica de boxeo, trabajo cardiovascular, técnica con manopla, ejercicios de fuerza y preparación física integral. Su incursión en el boxeo comenzó luego de un breve paso por las artes marciales, disciplina que dejó para dedicarse de lleno a los golpes y la exigencia que este deporte demanda.

Cajún Yam manifestó que el llamado de sus entrenadores para integrarse al proceso olímpico fue determinante en su camino. Lleva aproximadamente un año entrenando de forma constante y asegura sentirse preparado para enfrentar los próximos compromisos. Su objetivo es obtener la medalla de oro y traer el primer lugar para Campeche en el noble deporte que representa.

Este boxeador se convierte en el primer representante de Champotón en alcanzar esta etapa en los últimos cinco años, un hecho que resalta el trabajo y la disciplina que ha mantenido desde sus inicios. Envió un mensaje a quienes sueñan con incursionar en el ámbito deportivo: con esfuerzo y constancia, todo es posible.

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