11 octubre, 2026
ROBERTO HERNÁNDEZ GUERRA

 

El tema musical de una película clásica de aquel gran actor Joaquín Pardavé con el título que utilizo como cabeza de este artículo, reflejaba la añoranza de la “gente bien” por aquellos tiempos en que era Dios omnipotente y el señor don Porfirio presidente” (este último verso, tomado de Renato Leduc y su “Corrido de la Revolución Mexicana”).

Hoy en día, no faltan herederos mentales de aquellos conservadores, quienes quisieran que el fondo, las formas y el estilo de gobernar fueran como antes. Y no hablamos únicamente de los beneficiados con las distintas modalidades de “transferencia de recursos” del estado a sus cuentas bancarias, por no llamarle corrupción a todo aquello. Nos referimos también a los que, entre otras cosas, quisieran que todavía “volara” aquel lujoso avión y funcionara el cerco de seguridad o de aislamiento del “estado mayor presidencial”, mismos que también participan en la organización de un hipotético “regreso al futuro”.

Pero las cosas han cambiado. No nos asombremos por lo que pase mientras se respete el orden constitucional y el buen gusto. Que la esposa de Andrés Manuel López Obrador sea encarada en el aeropuerto por un reconocido partidario de Felipe Calderón, no debe llamarnos a asombro. Son estos tiempos diferentes a los de la ”presidencia imperial” en la que la familia del primer mandatario viajaba rodeada por guardias que no permitían que nadie se le acercara; dadas las circunstancias, la señora Beatriz Gutiérrez ya debía estar avisada y preparada para estos desencuentros.

Que el reclamo que le hicieran no tiene sentido, tampoco es de extrañar, debemos acostumbrarnos: a falta de argumentos de peso, cualquier cosa puede servir. Lo que es digno de atención es que los opositores del Presidente festinen un acto tan intrascendente, como si el acoso a la señora pusiera en jaque a la Cuarta Transformación. Como si un hecho tan banal sirviera de contrapeso a eventos tan importantes como la decisión de encarar por parte del Sistema de Administración Tributaria (SAT) a las llamadas “empresas factureras”, a sus promotores y beneficiarios, a quienes seguramente les espera enfrentar la justicia con todo el rigor que se merecen. O por seguir con el tema fiscal, a la recuperación de adeudos millonarios que las grandes empresas deben al erario público o el congelamiento de cuentas bancarias de gente ligada a la delincuencia organizada.

Pero el uso de notas, que no noticias, de ese calibre no es nada nuevo en el inventario de los opositores. Se suman a tergiversaciones, exageraciones y “fake news” que un día sí y el otro también rellenan los medios tradicionales de información y también las redes sociales. Pero lo grave de todo esto, es que no se aproveche la apertura democrática para presentar políticas públicas alternativas o realizar críticas constructivas y bien fundamentadas a los proyectos en marcha. Ni modos, mal para todos ellos, si continúan así poco podrán afectar a este gobierno.

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