18 abril, 2026

Vecinos del fraccionamiento, ubicado en la SM 84 de Cancún, denunciaron una fiesta que se prolongó por casi 12 horas el pasado fin de semana, con presunto consumo de drogas y presencia de armas; alertan que omisiones en vigilancia y falta de reglamentos internos podrían facilitar la entrada del crimen organizado al conjunto residencial

SALVADOR CANTO / EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR DE QUINTANA ROO

El fraccionamiento Bahía Azul, en la supermanzana 84 de Cancún, vuelve a estar en el ojo del huracán. Esta vez no por sus inundaciones crónicas ni por la depredación del mangle o el abandono de las áreas de conservación en donde habitan mapaches y tejones. Esta vez, la alarma se encendió por algo aún más delicado: el temor creciente de que el fraccionamiento esté abriendo las puertas —literalmente— a la delincuencia organizada.

El pasado fin de semana, los residentes vivieron una pesadilla. En un penthouse con alberca ubicado en la calle Canal, propiedad del doctor Óscar Torres, se llevó a cabo una fiesta rave que se prolongó desde las 9 de la noche hasta las 7 de la mañana del día siguiente. Durante esas 10 horas, la música sonó a todo volumen, haciendo vibrar paredes y cristales de las viviendas cercanas, mientras decenas de vehículos llegaban sin control.

“Fue algo muy feo. Nadie podía dormir. Las paredes y los cristales temblaban como si hubiera un sismo. Era evidente que no era una simple fiesta”, relataron vecinos, algunos de los cuales vieron salir a personas completamente ebrias al amanecer, poniendo en riesgo su propia vida y la de otros, ante la posibilidad de accidentes viales.

Más allá del ruido y la alteración al orden público, los testimonios recogidos apuntan a hechos sumamente graves: consumo de drogas, ríos de alcohol, y lo más delicado, presencia de personas armadas en el inmueble. “Si hubo música a todo volumen durante toda la noche, si la gente salió borracha al amanecer, si nadie intervino, ¿cómo no vamos a suponer que hubo drogas y armas?”, cuestionó otra vecina, visiblemente preocupada.

Un fraccionamiento sin control

Bahía Azul es un fraccionamiento privado de 360 viviendas, que actualmente se encuentra en proceso de municipalización. Hasta hace unos meses contaba con un comité vecinal, pero ahora tiene una nueva administración encabezada por Óscar Saleta, quien fue electo en marzo pasado.

En entrevista con El Despertador de Quintana Roo, Saleta aceptó los hechos y reconoció que existe una denuncia verbal por parte de los vecinos. “Yo lo que les ofrezco es hacerle una llamada de atención al propietario de esa vivienda ante la queja en específico”, aseguró.

El administrador también reconoció que actualmente no existe un reglamento interno que permita sancionar con claridad este tipo de actos, aunque dijo que se está trabajando en uno que deberá ser aprobado en asamblea de propietarios. 

Sin embargo, la ley de justicia cívica, ya vigente en el estado, establece medidas contra quienes perturban la tranquilidad pública, por lo que los hechos podrían ameritar una sanción formal o incluso un acta administrativa.

“Si dejamos pasar la primera, estamos provocando que ocurra la cuarta o la quinta. Y cuando queramos poner orden, ya será demasiado tarde”, advirtió Saleta.

¿Y la seguridad?

Lo más alarmante es que todos los asistentes a la fiesta ingresaron sin restricción por la caseta de seguridad. Esto significa que no solo se trató de una omisión en el control del acceso, sino de una falla estructural en el sistema de vigilancia de un fraccionamiento que, se supone, debería brindar tranquilidad a sus habitantes.

Vecinos expresaron su temor de denunciar formalmente lo ocurrido. “Muchos no se atreven a hablar porque tienen miedo de que haya represalias. Si ya hubo una fiesta así, con drogas y armas, ¿qué sigue?”, cuestionó una residente. “Las autoridades nos dicen que denunciemos cualquier anomalía, pero ¿cómo hacerlo si sentimos que nos exponemos?”

La preocupación de fondo es clara: que este tipo de eventos se repitan, se hagan cada vez más frecuentes, y terminen por abrirle la puerta a la delincuencia organizada, poniendo en riesgo a cientos de familias que eligieron este fraccionamiento buscando seguridad, orden y calidad de vida.

Cabe destacar que Bahía Azul arrastra desde hace años una larga lista de problemas: rellenos ilegales de mangle, inundaciones recurrentes, infraestructura deficiente y poco cuidado de las áreas de conservación ambiental donde habitan coatíes, mapaches y otras especies. A ello se suma el hecho de que el fraccionamiento aún no está municipalizado, lo que complica la intervención de las autoridades locales ante este tipo de irregularidades.

Exigen sanciones inmediatas

Ante la gravedad del caso, vecinos exigen una sanción ejemplar y una acción firme por parte de la administración del fraccionamiento y de las autoridades municipales. No hacerlo, dicen, sería enviar el mensaje de que todo está permitido.

“Una fiesta de este nivel no se debe permitir en ningún lugar, menos en una zona residencial. Si no se actúa, al rato será peor”, denunció uno de los residentes. El reclamo es contundente: que este tipo de eventos no vuelva a repetirse jamás y que se garantice la seguridad, el respeto al entorno natural y el bienestar de quienes ahí viven.


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