@_Chipocludo
Cada vez que me toca manejar de noche saliendo de la ciudad, me entra esa gastritis nerviosa que solo los que agarramos estas carreteras a diario entendemos. No importa cuántos años lleve uno al volante, circular por las salidas de Cancún se ha vuelto una ruleta constante donde el estrés se dispara al instante.
Al cruzar el puente del Aeropuerto Internacional de Cancún en dirección al Moon Palace y la Riviera Maya, la señalización brilla por su ausencia, tras dejar atrás la avenida Colosio, la vialidad pierde por completo las divisiones entre carriles, sin ninguna línea ni letrero que guíe el tránsito. Esta omisión genera un entorno de alto riesgo: al no existir límites claros en el asfalto, los automovilistas invaden el espacio contiguo y circulan peligrosamente cerca unos de otros en un tramo donde nadie tiene certeza de su carril.
Y, por si fuera poco, la carretera estrecha en la salida de Cancún hacia Leona Vicario está exactamente en las mismas miserables condiciones. Es una vía reducida donde las líneas de delimitación simplemente no existen y, si alguna vez las pintaron, la negligencia y la falta de mantenimiento las borraron por completo, dejando a los conductores adivinando su carril.
Pero la cosa empeora cuando a esa adivinanza le sumas la boca de lobo en que se convierte el trayecto hacia Playa del Carmen. ¡No hay ni una sola lámpara de alumbrado público funcionando! Manejar a oscuras a cien kilómetros por hora, sin ver el trazado del asfalto y con el peligro de comerte un bache gigantesco de esos que revientan la llanta y destrozan la suspensión, representa una falta de respeto total a la seguridad ciudadana.
Aquí es donde a uno se le calienta la sangre y salta la indignante pregunta del millón: ¿Quién carajos se hace cargo de este desastre? ¿A dónde se van los millones de pesos de nuestros impuestos y de todo lo que genera este polo turístico internacional? Ah, pero pregúntales a las autoridades y la respuesta siempre es la misma historia cansada: la Federación dice que le toca al Municipio, el Municipio argumenta que es bronca del Estado, y entre todos se tiran la bolita.
Eso sí, espérate a que arranque formalmente la temporada de campañas electorales. Ahí sí van a salir todos los candidatos sonrientes, luciendo camisas impecables y soltando discursos ensayados a prometernos carreteras inteligentes de primer mundo y proyectos futuristas. Nos van a pedir el voto con la cara limpia, pero ahorita que la gente trabajadora se juega el pellejo todas las noches para regresar a sus hogares, simplemente se hacen de la vista gorda.
Pasaron los años y la triste realidad no cambia en absoluto: les vale cacahuate la vida de quienes circulamos diario por estas vías. No estamos pidiendo lujos extravagantes, exigimos lo mínimo indispensable para no matarnos en el camino: pintura visible, delimitación clara, alumbrado funcional y tapar los baches.
A las autoridades competentes, ya déjense de pretextos burocráticos y pónganse las pilas de una buena vez, antes de que esta negligencia nos cueste más accidentes.

