17 abril, 2026

Inosente Alcudia Sánchez

Como suele suceder con las llamadas plataformas digitales, Booking.com es una empresa que, sin tener propiedades materiales, promueve, reserva y comercializa diversos servicios turísticos a través de internet. La IA nos da una idea de este monstruo: “Booking.com es una de las mayores plataformas de viajes en línea del mundo, especializada en la reserva de alojamientos, vuelos, alquiler de autos y experiencias. Ofrece más de 28 millones de opciones en hoteles, casas y apartamentos en 229 países, destacando por su alta visibilidad, cancelación gratuita en muchos casos y atención 24/7”. Desde luego, estar en el inventario de este intermediario garantiza el acceso a una clientela de última generación, esa que organiza sus viajes desde el teléfono celular.

Resulta, pues, que de un día para otro la variada oferta de servicios turísticos del municipio de Calakmul desapareció de dicha plataforma y, afirman los turisteros locales, sólo el hotel construido por el ejército en el corazón de la reserva de la biosfera está disponible para los clientes digitales de Booking. Cualquier hijo de vecino habría pensado que el hotel de los militares (edificado con recursos públicos y subsidiado con los impuestos de todos) estaría destinado a elevar la competitividad de la región, a incrementar la afluencia de visitantes y a dispersar los beneficios del turismo entre las comunidades locales, y no a generar una competencia ruinosa para las decenas de micronegocios que, desde hace años, se esfuerzan por atender al escaso turismo que arriba a la zona.

Para diversas organizaciones ambientalistas, el hotel militar es un tumor insertado en el cuerpo sano y vigoroso de la Reserva de la Biosfera de Calakmul. En general, prevalece la opinión de que la construcción de ese hotel fue un despropósito y, como el galeón que Arcadio Buendía encontró en su ruta a Macondo, es probable que en unos años sea apenas un montón de ruinas que den testimonio, a las futuras generaciones, de la irracionalidad que campea en estos tiempos.

El caso es que los prestadores de servicios turísticos de Calakmul enfrentan la competencia desleal de un megaproyecto gubernamental que, se supone, debería ser su aliado. (La publicidad en internet describe la dimensión del Hotel Tren Maya Calakmul: “Cuenta con 144 habitaciones Master Room distribuidas en 2 torres de 2 niveles, alberca, A/A, área de cafetería, TV por cable, wifi, gimnasio, área de bar, sala de juntas, tienda de recuerdos, spa, terraza en habitaciones y temazcal. Estacionamiento para 392 vehículos”). Ante la denuncia de “bloqueo digital”, hecha por los representantes del Comité de Turismo de Calakmul, quienes señalan que “más de 200 habitaciones comunitarias están en riesgo de desaparecer porque el buscador las invisibiliza”, diputados locales de oposición están gestionando que la plataforma reincorpore la oferta turística del municipio. Ojalá lo consigan, porque si el desarrollo llega destruyendo a quienes ya estaban ahí, entonces no es desarrollo: es despojo.

Entrados en asuntos algorítmicos y elevando un poco la mirada, creo que tendríamos que comenzar a tomar en serio el verdadero valor de Calakmul: un nombre-concepto que se ha posicionado como una de las marcas turísticas más importantes del mundo maya. Sin duda, Calakmul tiene el potencial de ser el gran impulsor del desarrollo de esa región de Campeche. Es, simplemente, inconmensurable el valor de sus recursos naturales y culturales. Además, desde los años noventa, gradualmente se le ha ido dotando de infraestructura que facilita el aprovechamiento de sus atractivos; se han diversificado e incrementado los emprendimientos turísticos particulares y comunitarios y, aunque hay grandes pendientes, como resolver el suministro de agua potable, la zona está en condiciones de recibir a un mayor número de visitantes.

Por ello, Calakmul debería ser, en sí mismo, una gran plataforma digital: un sitio web punto com en el que se promuevan y comercialicen todos los servicios, productos y recursos de la región, desde hospedajes hasta artesanías y cosechas orgánicas, como la miel. La construcción de esta plataforma podría ser la base de una iniciativa mayor: la articulación de un modelo de desarrollo municipal integral, sustentado en la visión de un aprovechamiento responsable del potencial productivo, que haga de Calakmul un destino ejemplar en materia de sustentabilidad y satisfaga, al fin, las esperanzas de progreso de sus habitantes. Porque a veces el desarrollo no consiste en construir más, sino en saber qué no debe tocarse.

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