2 mayo, 2026

Cancún, 56 años… pero se les olvidó hacer la ciudad accesible – Si tú pudieras ver lo que yo escucho

Gerardo Ruiz

Hoy caminar las calles del centro y algunos puntos de la ciudad se está volviendo accesible. Si tú pudieras ver lo que yo escucho: los semáforos auditivos marcando el paso, señalando el cruce, dándole sentido al movimiento. Paso a paso, la ciudad empieza a abrirse para quienes vivimos con discapacidad. Pero no siempre fue así.

Incluso hace apenas unos años, en 2019, durante la remodelación de la avenida Tulum, la accesibilidad ni siquiera estaba contemplada como eje central. Se hablaba de modernización, de imagen urbana, de reordenamiento vial… pero no de personas. No de todas.

La “remodelación” consistió, entre otras cosas, en trasladar las paradas del transporte público a los carriles centrales, sin condiciones reales de seguridad ni accesibilidad. Un diseño que obligaba a las personas a cruzar entre el tráfico, sin señalización adecuada, sin infraestructura incluyente. Un puente peatonal que ya era poco utilizado; después de esos cambios, lo fue aún menos.

Eran mis primeros meses caminando a ciegas por las calles de Cancún. Ahí entendí, no desde la teoría ni desde el discurso, sino desde la realidad, lo que significa una ciudad que no está pensada para todos. Banquetas rotas, cruces sin señalización, obstáculos invisibles para quien ve… pero inevitables para quien no.

Ahí comenzó el activismo. Después de cinco largos años; por fin el Ayuntamiento de Benito Juárez entendió la importancia de la Accesibilidad en Cancún. No desde la teoría, sino desde la urgencia: evidenciar lo que no funciona y exigir que Cancún sea una ciudad accesible. Y aún falta.

Desde entonces, la lucha ha sido constante: insistir, señalar, proponer. Porque la accesibilidad no es un favor, es un derecho. Y una ciudad que no garantiza ese derecho es una ciudad que excluye.

Hoy, en Cancún, alrededor de 40 mil ciudadanos vivimos con una discapacidad.

Pero si ampliamos la mirada —incluyendo a quienes enfrentan limitaciones en su vida diaria— la cifra supera las 100 mil personas. Aun así, ante la falta de oportunidades y de accesibilidad, seguimos viviendo en la exclusión.

No es un problema menor ni estático. Cada año, por distintas razones —la vejez, la enfermedad, los accidentes viales—, más ciudadanos pasan a formar parte de esta realidad. La discapacidad no es ajena, no es lejana. Es una condición que puede alcanzar a cualquiera. Y, aun así, la ciudad sigue sin estar preparada para recibirnos, para atendernos y brindar oportunidades al vivir con una discapacidad.

Hoy hay avances. Sería mezquino negarlo. Los semáforos auditivos, algunas adecuaciones en banquetas, ciertos espacios públicos que ya consideran criterios de accesibilidad. Son pasos importantes, sí. Pero también son recordatorios de todo lo que faltó durante décadas.

Cancún cumple 56 años.

Una ciudad joven que tuvo la oportunidad de planearse desde cero, de hacerlo bien desde el inicio. Y, sin embargo, olvidó algo esencial: que las ciudades no se construyen solo para verse bien, sino para vivirse plenamente.

La accesibilidad no puede seguir siendo un añadido tardío, un parche, una corrección sobre el error. Tiene que ser el punto de partida.

Porque mientras para algunos caminar la ciudad es rutina, para otros sigue siendo un riesgo.

Y eso, a 56 años de su fundación, no debería seguir pasando.

Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo

X: @gruizcun

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