10 octubre, 2026

Capilla de Zoh Laguna: un sueño levantado con fe y trabajo colectivo

Harold Amábilis

XPUJIL.- En Zoh Laguna, comunidad del municipio de Calakmul, un viejo anhelo comienza a cobrar forma entre el polvo y el cemento. Lo que durante más de ocho décadas fue una modesta capilla de madera, levantada por colonos polacos que llegaron atraídos por la gran riqueza forestal de la región, se transforma ahora en un nuevo templo destinado a ser el nuevo refugio espiritual de los habitantes. Esta obra no es únicamente un hecho constructivo; encierra la crónica viva de un pueblo que ha optado por escribir con sus propias manos el siguiente capítulo de su fe.

La determinación de emprender la reconstrucción nació debido a que la antigua estructura, que durante décadas fue el corazón de la vida devocional de la comunidad, había llegado a un punto de deterioro que impedía su uso regular. Los fieles evocaban con tristeza los días de lluvia, cuando el olor a humedad invadía el recinto, y algunos feligreses, en particular aquellos con afecciones respiratorias, veían comprometida su salud con cada celebración. Fue esa realidad la que movió a un grupo de vecinos a concebir la idea de una reconstrucción total.

En un principio se pensó en reproducir el diseño original con madera, pero los precios elevados del insumo, las limitaciones legales y la vulnerabilidad de la zona ante huracanes llevaron a los organizadores a buscar alternativas perdurables. De ahí surgió el proyecto vigente, una edificación que combina la resistencia del concreto con la ligereza del acero galvanizado, pensada para enfrentar los vendavales que periódicamente azotan la península de Yucatán. La cubierta, fabricada con láminas de espesor reforzado y anclajes especiales en los bordes, fue posible gracias al apoyo de un grupo de menonitas que, con su destreza y generosidad, donaron parte de su trabajo y conocimiento para hacer avanzar la obra.

Pero el verdadero motor de esta construcción no está en los materiales ni en los diseños, sino en el esfuerzo colectivo de la comunidad. Un comité integrado por vecinos de distintas edades y oficios ha desplegado una incansable labor para allegarse los recursos requeridos. Cenas comunitarias, ferias, ventas dominicales y campañas puerta a puerta han sido algunas de las actividades que han permitido sumar aportaciones. Las mujeres se encargan de la alimentación durante las jornadas de obra, los carpinteros trabajan con esmero la madera local y los jóvenes mantienen informados a través de redes sociales a quienes, desde otras ciudades, también han querido contribuir.

El altar, pieza central del nuevo templo, concentra el mayor simbolismo de esta empresa comunitaria. Tallado con maderas preciosas de la región —cedro, caoba y siricote—, ha sido labrado por artesanos que han vertido en su forma su devoción y su orgullo por el proyecto. Los vitrales, cuya instalación está próxima, están siendo pensados para iluminar el interior con una gama de colores que invite a la reflexión y el recogimiento; encargados a artistas de la Ciudad de México, se elaboraron con vidrio templado para garantizar su resistencia ante los embates del viento.

La obra alcanza ya un ochenta por ciento de avance. Restan la colocación del piso y los vitrales, además de otros detalles que habrán de dar calidez y dignidad al espacio. Los organizadores reconocen que aún queda camino por recorrer, pero la meta se vislumbra cercana. 

La capilla original, erigida en la década de 1950 por trabajadores de una empresa maderera polaca, dejó una huella imborrable en la memoria de Zoh Laguna. Aquellos pioneros no levantaron únicamente el templo, sino también las viviendas, la fábrica de hielo y los espacios de esparcimiento que dieron forma al pueblo. Hoy, los descendientes de aquellos colonos y los nuevos pobladores han tomado el relevo para construir un legado que perdure por generaciones. La nueva capilla de la Guadalupana será un lugar de oración, pero también el testimonio de que una comunidad unida por un propósito común puede convertir en realidad aquello que parecía inalcanzable.

Cuando los últimos rayos del sol se cuelan entre las vigas de acero y el aroma a madera recién cortada se funde con el olor de la tierra húmeda, los habitantes de Zoh Laguna saben que están edificando algo superior a un inmueble. Están forjando la memoria de su pueblo, el abrigo de su fe y el espacio donde las futuras generaciones encontrarán consuelo y esperanza. En esta pequeña comunidad de la selva campechana, la unión y el trabajo compartido se han convertido en los cimientos de todo lo que vale la pena. La capilla está próxima a terminarse, pero la historia que la rodea apenas comienza a escribirse.

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