8 agosto, 2026

Cerrar los ojos no cambia la realidad – Si tú pudieras ver lo que yo escucho

Gerardo Ruiz

Hace siete años perdí la vista. Muchos pensarían que desde entonces dejé de ver los problemas sociales. Ocurrió exactamente lo contrario: se hicieron más evidentes. Yo mismo no comprendía del todo esta realidad hasta que me tocó vivirla. Es una situación de la que uno no suele darse cuenta hasta que la experimenta en carne propia. Quizá suene a cliché, pero quienes vivimos en situación de vulnerabilidad somos los más afectados por las consecuencias de los problemas sociales.

Comprendí que cerrar los ojos no cambia la realidad. Taparse los oídos tampoco. La censura, el silencio y la indiferencia nunca han resuelto los problemas de una sociedad; únicamente los ocultan por un tiempo. Lo que no se dice no desaparece. Lo que se intenta esconder suele regresar con más fuerza.

Por eso sostengo que no hay peor ceguera que la de quien decide no mirar la realidad de los demás. Una sociedad madura no es aquella donde todos piensan igual, sino aquella donde existen espacios para escuchar, debatir y discrepar con respeto. El diálogo fortalece a las instituciones; el silencio impuesto las debilita.

Si tú pudieras ver lo que yo escucho, descubrirías que la realidad siempre encuentra la manera de hacerse presente. Aun sin vista, es posible percibir cuando una sociedad se aleja del diálogo, de la empatía y de la verdad. Basta escuchar las conversaciones en la calle, las preocupaciones de los vecinos o el cansancio de quienes sienten que nadie atiende sus problemas para comprender que la realidad no desaparece porque alguien decida ignorarla.

En tiempos en los que vuelve a discutirse qué puede decirse, qué debe escucharse y quién decide los límites del debate público, conviene recordar que ninguna sociedad ha encontrado la verdad silenciando las voces incómodas. La crítica puede incomodar, las preguntas pueden ser insistentes y las opiniones pueden ser diferentes, pero forman parte de una sociedad libre. La respuesta a una idea no debería ser el silencio, sino más diálogo, más información y mejores argumentos.

Al final, el reflejo que vemos deformado no siempre pertenece a los demás. Muchas veces es el nuestro. Ninguno de nosotros es el centro de la historia. Somos apenas un instante en una línea infinita de tiempo. Lo que realmente importa es si, mientras estuvimos aquí, elegimos mirar la realidad de frente o darle la espalda.

Porque la verdad siempre termina encontrando una rendija por donde entrar. Basta el espacio más pequeño para que la luz se cuele y revele aquello que se intentó ocultar. Después, la decisión ya no pertenece a quien quiso imponer el silencio, sino a cada persona: abrir los ojos, escuchar la realidad y formar su propio juicio. Tal vez esa sea la mayor responsabilidad de una ciudadanía libre: no dejar de preguntar, no dejar de escuchar y nunca renunciar a comprender la realidad, incluso cuando resulte incómoda.

Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo

X: @gruizcun

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