2 mayo, 2026

CIEN AÑOS DE CRUCEROS: LA INDUSTRIA QUE NO PARA DE CRECER

Con 37 millones de pasajeros en 2025, un impacto económico global de 198 mil millones de dólares y proyecciones de 38.3 millones de viajeros para este año, encuentra en Puerto Progreso a un destino en transformación, con obras que prometen quintuplicar su volumen de visitantes antes de que termine la década

EDUARDO MAY

El anuncio realizado recientemente sobre la culminación de los trabajos de desazolve de la dársena del Puerto de Altura de Progreso coloca al puerto más importante de Yucatán en la competencia por las rutas de cruceros del Caribe, tras casi 35 años de haberse iniciado este proyecto logístico de carga y pasajeros.

El gobierno de Yucatán se ha fijado como meta el segundo semestre de 2026 para concluir el dragado del Puerto de Altura de Progreso, primera fase de la ampliación de la terminal remota del puerto y, con ello, avanzar en su desarrollo portuario hasta alcanzar una nueva extensión de 80 hectáreas. Esta ampliación permitirá crear nuevas posiciones de atraque para barcos de carga, embarcaciones de combustible y seis nuevas posiciones para cruceros.

El Puerto de Altura de Progreso es un proyecto concebido hace cinco décadas por empresarios locales, que desde sus inicios planteó la ampliación del calado para recibir embarcaciones de mayor volumen y cruceros de mayores dimensiones. Los trabajos de construcción comenzaron en julio de 1985, bajo el gobierno de Víctor Cervera Pacheco. Cuarenta años después, y en medio de la negligencia y la falta de apoyo sostenido por parte del gobierno federal, el puerto ha cumplido parcialmente con la alternativa con la que fue concebido.

La estrategia de diversificar las condiciones del puerto de altura —que cuenta con el muelle más largo del mundo, con una extensión de 8 kilómetros— ha sido la premisa de este proyecto, que ahora advierte nuevos tiempos para consolidar un punto logístico clave en la región peninsular: un nodo de carga, distribución de combustibles y recepción de cruceros que le permitirá competir con otros destinos internacionales del Golfo de México y el Caribe.

155 años de historia

Desde su fundación en 1871 por Juan Miguel de Castro, el puerto de Progreso se estableció como el punto marítimo comercial más importante de la región peninsular. Su ubicación geográfica y la vocación comercial de Yucatán han permitido que, con el paso del tiempo, se mantenga como motor de los sectores comercial e industrial del estado.

A lo largo de más de 150 años, Puerto Progreso ha sido el punto desde donde se exportó el mayor volumen de henequén durante los siglos XIX y XX. En la actualidad, es el sitio desde donde se importan y exportan insumos y productos para toda la región peninsular: granos, combustibles, materiales, equipo e insumos y, en una nueva etapa, un potencial motor de la industria de cruceros en el sector turístico.

Tras más de 15 décadas de desarrollo, el Puerto de Altura de Progreso busca consolidarse como referente logístico de la región, ampliar su potencial y presencia, y alcanzar metas comerciales y turísticas que durante muchos años se han planteado sin resultados concretos.

El Puerto de Progreso fue fundado el 1 de julio de 1871 mediante decreto presidencial. Surgió como una opción para sustituir al puerto de Sisal, primera aduana de Yucatán en el siglo XIX, tras la intervención centralista que derivó en la separación territorial de Yucatán y Campeche y el cierre de la aduana campechana para productos yucatecos. Esto obligó a establecer nuevas condiciones para la exportación, particularmente del henequén, producto de alta producción en el estado.

El contexto socioeconómico empujó nuevas dinámicas comerciales. El desarrollo de las haciendas henequeneras, que constituían el principal motor de la economía estatal, llegó a su agotamiento, lo que obligó a la construcción de un nuevo muelle, obra concluida en 1949 por ingenieros holandeses y que perdura hasta nuestros días.

El puerto de Progreso ha sido referente y testigo de las grandes transformaciones que ha vivido Yucatán: desde sus muelles de madera y calados reducidos, que servían a chalanas y embarcaciones dedicadas a la exportación del “oro verde”, hasta la construcción del “Muelle Nuevo”, que abrió un nuevo ciclo al permitir el arribo de barcos graneleros para empresas panificadoras, así como la distribución de insumos y materias primas para empresas locales que crecieron al amparo de la vocación comercial del estado.

El muelle también hizo posible el desarrollo de la ganadería porcina y la avicultura, el arribo de buques cargados de combustibles y las primeras exportaciones del sector maquilador y de materiales de construcción, industrias que hasta hoy sostienen buena parte de la economía yucateca.

El puerto de Progreso fue, además, el principal punto logístico hasta los años 60 del siglo pasado, cuando la red carretera del país era aún limitada, lo que favoreció el desarrollo económico y comercial e integró a Yucatán en cadenas globales de producción y consumo.

Sin embargo, la modernización de las vías de comunicación trajo consigo un retroceso para el puerto. Entre 1960 y 1970, el movimiento marítimo se redujo notablemente, ya que gran parte de los productos yucatecos comenzaron a transportarse por carretera y ferrocarril.

En medio de ese escenario adverso surgió una nueva oportunidad con el auge de la industria pesquera y de otros sectores industriales. No obstante, es importante señalar que el gobierno federal mostró poco interés en el desarrollo comercial de la península, con inversiones limitadas que propiciaron el estancamiento de la región.

En los primeros meses de 1978, las transacciones comerciales en el puerto de Progreso registraron una mejora, impulsadas por embarques de miel, productos derivados del henequén, chicle, pescado y otros artículos.

La dinámica de las empresas de cruceros

Los viajes oceánicos comenzaron a consolidarse a principios del siglo XX con el desarrollo de los primeros transatlánticos como medio de transporte de pasajeros. En ese momento, la aviación apenas iniciaba sus primeras etapas de desarrollo, por lo que el transporte marítimo representaba la principal vía de comunicación entre continentes.

Las primeras rutas de cruceros de placer surgieron con compañías como Peninsular and Oriental Steam Navigation Company, Cunard y Holland America Line. Sin embargo, en sus inicios, el objetivo principal de estos viajes era el traslado de pasajeros, no el ocio como tal.

Durante gran parte del siglo XIX, el transporte marítimo fue el único medio para viajar entre continentes. En ese contexto, el desarrollo naviero cobró gran relevancia. El primer crucero diseñado específicamente para viajes de placer fue el Prinzessin Victoria Luise, botado en 1900 por la Hamburg-America Line (HAPAG).

A partir de entonces, los cruceros de lujo comenzaron a ganar popularidad, con embarcaciones emblemáticas como el Lusitania, botado en 1907, considerado uno de los más rápidos de su tiempo, y el RMS Titanic, construido entre 1909 y 1912, recordado por su hundimiento en su viaje inaugural. Ambos representan algunas de las mayores tragedias marítimas en la historia de la industria.

Posteriormente, transatlánticos como el Queen Mary (1936) y el Queen Elizabeth (1940), de la naviera Cunard, simbolizaron el lujo, el placer y las condiciones exclusivas para quienes contaban con los recursos y el tiempo para viajar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de estos transatlánticos fueron convertidos en buques de transporte de tropas y suministros.

En la década de 1950, el desarrollo de la aviación comercial transformó el panorama. Los viajes aéreos se volvieron más accesibles, lo que redujo la necesidad del transporte marítimo transatlántico y obligó a las compañías navieras a replantear su modelo.

Fue entonces cuando surgió el concepto moderno de crucero: no como un simple medio de transporte, sino como una experiencia de viaje. Los barcos comenzaron a transformarse en espacios de entretenimiento, combinando el diseño de los antiguos transatlánticos con nuevas amenidades orientadas al ocio.

A partir de la década de 1970, los cruceros se popularizaron con rutas hacia destinos cálidos, especialmente en el Caribe, impulsando una nueva dinámica turística basada en el concepto de “hotel flotante”.

En ese contexto, compañías como Princess Cruises jugaron un papel clave en la expansión de esta industria, no solo por el crecimiento de sus rutas, sino también por su posicionamiento cultural. La serie televisiva “El Crucero del Amor” (The Love Boat), transmitida entre finales de los años setenta y la década de 1980, contribuyó de manera significativa a popularizar los viajes en crucero, presentándolos como una experiencia accesible, atractiva y asociada al descanso y el entretenimiento.

Durante las décadas de 1980 y 1990, la industria experimentó un crecimiento acelerado con embarcaciones de mayor tamaño y una oferta más amplia de servicios: restaurantes, piscinas, espectáculos y múltiples opciones de entretenimiento, lo que permitió consolidar a los cruceros como una opción vacacional cada vez más accesible para distintos sectores de la población.

Diversificación de la experiencia de cruceros y sostenibilidad

La industria del crucero, cuya versión moderna data de alrededor de la década de 1970 con el desarrollo de la industria norteamericana, ha experimentado un creciente proceso de popularización, convirtiéndose en una parte fundamental del sector turístico y alcanzando un nivel de enorme significación como factor económico a escala global.

La moderna industria del crucero es también uno de los ejemplos más sobresalientes de la globalización: un número creciente de puertos y destinos alrededor del mundo, una clientela y tripulación multinacional proveniente de todos los continentes y un grado de independencia respecto a comunidades y naciones pocas veces visto en la historia, con importantes implicaciones económicas, legales, medioambientales y sociales.

Se trata de una industria resistente a las crisis, con una oferta diversificada y accesible a través de líneas aéreas y estructuras portuarias modernizadas, que posiciona al crucero como una alternativa vacacional cada vez más accesible para una base creciente de clientes, ofreciendo una experiencia atractiva, emocionante, relajante y ampliamente valorada por millones de pasajeros cada año.

Este dinámico sector continúa expandiendo su portafolio de productos y servicios, así como desarrollando nuevos mercados, con un crecimiento promedio del 8,5 por ciento anual en los últimos 20 años y cerca de 90 millones de pasajeros desde 1980, de los cuales el 60 % se ha generado en la última década.

Este crecimiento se vio interrumpido únicamente por la pandemia de 2020, cuando el sector turístico global se detuvo por completo y se vio obligado a replantear su funcionamiento.

No obstante, la industria logró recuperarse en un periodo de tres años. Para 2025, transportó a 37 millones de personas, generando recursos estimados en 90 mil millones de dólares, tanto para el sector naviero —que continúa construyendo embarcaciones más grandes y modernas— como para los destinos que reciben estos mega cruceros.

En términos de capacidad, la industria del crucero ha experimentado un desarrollo sin precedentes desde finales del siglo XX. Durante la década de 1980 se construyeron alrededor de 40 nuevos barcos; en los años 90, otros 80; y entre 2000 y 2005 se registró un incremento del 40 por ciento, seguido de un crecimiento adicional del 25 %, con unidades más modernas destinadas también a sustituir embarcaciones que serán retiradas, según registros de la Asociación de Cruceros del Caribe.

Este crecimiento ha implicado inversiones multimillonarias en buques cada vez más grandes e innovadores, capaces de transportar hasta 7,500 pasajeros, incluyendo tripulación. Estas embarcaciones ofrecen tarifas más competitivas y cruceros más cortos, aprovechando economías de escala, además de una amplia gama de servicios a bordo: centros comerciales, restaurantes, cafés, bares, centros nocturnos, discotecas, casinos, galerías de arte, museos, teatros, cines, bibliotecas, áreas de bienestar, gimnasios, piscinas, canchas deportivas, pistas de patinaje sobre hielo, entre muchos otros.

Se trata de experiencias diseñadas para responder a los cambiantes patrones vacacionales del mercado y superar las expectativas de los viajeros, con opciones prácticamente para todo tipo de público.

Actualmente, la flota mundial supera los 650 barcos, transportando millones de pasajeros a más de 500 destinos en todo el mundo, cubriendo rutas en todos los continentes y ampliando constantemente la diversidad de experiencias, tanto para viajes familiares como para distintos segmentos socioeconómicos.

Las rutas más demandadas incluyen destinos como Barcelona, Venecia, Niza, Atenas y las islas griegas, Montecarlo, Estambul, Londres, Ámsterdam, los fiordos escandinavos, Helsinki y San Petersburgo, además del Caribe, que continúa siendo la región de mayor demanda a nivel mundial.

Sin duda, la industria del crucero ha incrementado su popularidad a escala global, atendiendo a una clientela heterogénea con expectativas diferenciadas en los mercados asiáticos, europeos, norteamericanos y latinoamericanos.

Este crecimiento ha generado también la necesidad de estructuras de gestión más eficientes, capaces de responder a la competencia y a las múltiples variables de un mercado en constante evolución, que genera miles de millones de dólares cada año. El 79 por ciento de estos ingresos corresponde a los mercados norteamericano y británico, además de generar cientos de miles de empleos directos e indirectos en alrededor de 89 países, con impactos en sectores como la producción de bienes, servicios profesionales, transporte, turismo, finanzas y comercio.

Sin embargo, el desarrollo de esta industria también ha enfrentado episodios críticos, como el secuestro del crucero Achille Lauro en 1985, las guerras de Irak y Kosovo, y los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, además de la reciente pandemia de Covid-19 entre 2019 y 2022, que representó uno de los mayores desafíos para el sector.

No todo ha sido crecimiento sostenido. La empresa Renaissance Cruises fue la primera en declararse en quiebra el 25 de septiembre de 2001, seguida por American Classic Voyages y otras compañías que cesaron operaciones, lo que abrió el mercado a una concentración en manos de grandes corporaciones.

Así, compañías como Carnival Corporation, Royal Caribbean Cruise Limited y Star Cruises consolidaron su dominio mediante procesos de fusión y adquisición, llegando a controlar cerca del 80 por ciento del mercado mundial de cruceros.

De esta manera, Carnival Corporation —con sede en Miami y Londres— se posiciona como líder del sector y una de las empresas de ocio más rentables del mundo, con 12 marcas, 89 barcos en operación, alrededor de 65 mil empleados a bordo y más de 170 mil clientes.

Entre las empresas de menor escala destacan Crystal, subsidiaria de la japonesa NYK, así como Silversea y Radisson Seven Seas.

Aunque las oficinas centrales de las principales navieras se ubican en Estados Unidos y Europa, gran parte de sus flotas están registradas en países como Panamá, Liberia, Bermuda y Bahamas, lo que les permite operar bajo condiciones fiscales, laborales y regulatorias más favorables, incrementando su competitividad global.

Las competidas rutas del Caribe

La historia refiere que el primer viaje de placer en barco fue realizado por Cleopatra en el río Nilo hace más de dos mil años, lo que demuestra que los viajes de ocio en embarcaciones tienen raíces muy antiguas.

Sin embargo, en la actualidad, las rutas más importantes y demandadas se concentran en el Caribe. Tan solo en 2025, estas rutas registraron alrededor de 22,2 millones de pasajeros.

En esta región, los cruceros visitan 29 destinos en 18 países, con puertos de origen como Galveston, Texas, y Fort Lauderdale, Florida. Dentro de estas rutas se ubican destinos del Caribe Mexicano, que reportan los mayores niveles de arribo, siendo Cozumel el principal punto estratégico para la industria.

En 2025, el puerto de Cozumel recibió más de 1,300 cruceros, superando los 4,7 millones de pasajeros, lo que representó un crecimiento del 2,3 % respecto al año anterior.

De acuerdo con la Asociación de Cruceros del Caribe, los principales puertos de la región incluyen Cozumel; Nassau, en Bahamas; Charlotte Amalie, en St. Thomas; Philipsburg, en St. Maarten; George Town, en Gran Caimán; Falmouth-Montego Bay, en Jamaica; Roatán, en Honduras; Majahual; Ocho Ríos, en Jamaica; y San Juan, en Puerto Rico.

A estos se suman otros destinos relevantes como Puerto Plata (República Dominicana), Cayo Coco (Bahamas), Isla Margarita (Venezuela), Aruba, Belice City, Bridgetown (Barbados), Castries (Santa Lucía), Colón (Panamá), Fort-de-France (Martinica), Kingstown (San Vicente), Kralendijk (Bonaire) y Cartagena (Colombia).

Desde la década de 1930, los cruceros comenzaron a considerarse una “revolución social”, al ofrecer experiencias y comodidades que no eran posibles en tierra firme. De ahí el concepto de “ciudades flotantes”.

Entre las compañías pioneras destaca Holland America, que realizó su primer crucero por el Caribe en 1926 a bordo del Veendam, y que años después ya ofrecía decenas de rutas vacacionales en la región.

El concepto esencial del crucero se mantiene: lo que antes era un lujo exclusivo, hoy es una opción accesible para sectores más amplios de la población.

Actualmente, las navieras continúan desarrollando embarcaciones más grandes y sofisticadas, con itinerarios de 7, 10 o 14 días, ampliando la oferta de destinos y experiencias.

Se prevé que en los próximos años se entreguen nuevos buques con inversiones superiores a los 20 mil millones de dólares, lo que permitirá expandir aún más el sector.

Para la próxima década, se estima la creación de 85 mil 500 nuevos empleos y un crecimiento del mercado hasta alcanzar 4.2 millones de pasajeros adicionales, superando los 22,6 millones en rutas del Caribe.

Empresas como Royal Caribbean desarrollan embarcaciones de última generación, como la clase Génesis, con una inversión de 1,650 millones de dólares, capacidad para 5,400 pasajeros y más de 2,100 tripulantes, integrando innovaciones en diseño y servicios.

El reporte más reciente de la Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA) indica que en 2025 se alcanzó un récord histórico de pasajeros, con un crecimiento del 7 % respecto a 2024.

América del Norte y Europa concentraron la mayor actividad, con 22,1 y 8,9 millones de pasajeros respectivamente. Estados Unidos lideró el mercado con 20,6 millones de viajeros.

El 44 % del mercado global se concentró en el Caribe, mientras que uno de cada seis pasajeros eligió el Mediterráneo.

Las proyecciones indican que en 2026 se superarán los 38.3 millones de pasajeros, con una expansión hacia nuevos destinos, incluyendo el Golfo de México.

La industria ha mostrado un crecimiento constante desde 1985, con excepción del periodo 2020-2022. En la última década, el aumento ha sido del 72 %.

Además, cerca del 90 % de los pasajeros manifiestan intención de repetir la experiencia, y el 28 % realiza dos o más viajes al año.

La CLIA, que agrupa el 95 % del sector, incluye compañías como Disney Cruise Line, MSC, Royal Caribbean y Virgin Voyages. Para 2026, sus miembros operarán 325 buques con capacidad para 690 mil camarotes.

El impacto económico global del sector alcanzó los 198 mil millones de dólares en 2024, generando 1,8 millones de empleos y 60 mil millones de dólares en salarios para trabajadores de 98 nacionalidades.

Ahora llega Puerto Progreso

Si bien Yucatán es un estado con una amplia tradición turística, el sector de cruceros es relativamente reciente. Según registros de la Secretaría Estatal de Turismo, los primeros arribos de barcos al puerto de Progreso se registraron en 1993, cuando inició una estrategia de promoción y desarrollo como punto de llegada de estos “hoteles flotantes”.

En más de tres décadas de registros, Progreso no había logrado superar las expectativas, principalmente por no contar con un puerto con el calado suficiente para recibir embarcaciones de mayor tamaño y capacidad. Fue hasta la consolidación del Puerto de Altura —cuyo desarrollo inició en 1985— que se establecieron dos posiciones de atraque en la terminal remota para la llegada de cruceros.

En la última década —sin considerar el periodo 2020-2022, cuando la pandemia de Covid-19 afectó severamente a la industria y obligó a paralizar gran parte de la flota— el incremento en la llegada de embarcaciones, cada vez más grandes y con mayor capacidad, ha permitido un crecimiento significativo en el número de pasajeros.

Desde el año 2000, cuando comenzaron a operar formalmente las instalaciones de una terminal de cruceros, el número de arribos ha mostrado una tendencia creciente. Puerto Progreso forma parte de la ruta de cruceros del Caribe Occidental, y la mayoría de las embarcaciones que recibe provienen de puertos estadounidenses como Houston, Galveston, Mobile y Nueva Orleans, además de otros, en menor proporción, como Tampa, Miami y Fort Lauderdale.

Los reportes de la dependencia estatal señalan que, en 2023, aún en fase de recuperación tras la emergencia sanitaria internacional, el puerto yucateco recibió 317 mil cruceristas, lo que representó el 3.2 por ciento del total de viajeros transportados en rutas marítimas en México, considerando 12 puertos, incluidos destinos del Pacífico como Mazatlán, Huatulco, Manzanillo, Loreto y Pichilingue.

Durante el periodo enero-diciembre de 2025, se registró la llegada de 153 barcos y 470 mil 476 pasajeros al Puerto de Progreso, lo que significó un incremento del 47.1 por ciento en el número de embarcaciones y del 48.3 % en el número de pasajeros respecto al mismo periodo de 2024.

Para diciembre de 2025, se reportó la llegada de 19 barcos y 53 mil 439 pasajeros. En ese mes, se estimó que el 56.9 por ciento de los visitantes que desembarcaron permanecieron en el puerto, mientras que el resto optó por realizar tours hacia distintos puntos del estado, según datos de la Sefotur.

Las proyecciones para 2026 indican que el puerto yucateco continuará incrementando su flujo de visitantes y podría superar los 500 mil cruceristas, consolidando una tendencia de crecimiento que se proyecta completar hacia 2028, cuando estén listas cuatro nuevas posiciones de atraque. Esto permitiría, en el corto plazo, cuadruplicar el número de embarcaciones y aumentar en cerca del 500 % el volumen de visitantes por vía marítima.

Este escenario abrirá una mayor competencia entre las empresas navieras, que encuentran en Yucatán una oferta turística integral basada en su riqueza cultural, gastronómica y patrimonial, con atractivos como Mérida y las zonas arqueológicas mayas, más allá del tradicional turismo de sol y playa.

En este contexto, la situación actual de Progreso lo consolida como un nodo logístico y turístico estratégico de la región peninsular, funcionando como una puerta de entrada de alto impacto hacia el Caribe.

La conclusión de las fases clave en la ampliación y modernización del Puerto de Altura —que incluye el incremento en la profundidad del canal de navegación a -13.30 metros y la ampliación de su ancho— ha transformado su capacidad operativa, permitiendo por primera vez el arribo de cruceros de gran calado y buques de nueva generación con miles de pasajeros.

Esta infraestructura permitirá fortalecer la diversificación del sector turístico con nuevos productos que van más allá del sol y playa, integrando experiencias en Pueblos Mágicos, zonas arqueológicas y turismo comunitario, lo que incrementa la competitividad de Yucatán frente a otros destinos del Caribe.

Con proyecciones que superan los 170 arribos, Progreso no solo optimiza su logística comercial, sino que también incrementa la derrama económica estatal, distribuyendo los beneficios del gasto turístico de manera más amplia en las comunidades locales y reafirmando su posicionamiento como un destino de alcance internacional.

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