CIEN AÑOS DE VOZ Y MEMORIA – DE VIVA VOZ
11 Oct. 2025
Rafael Manuel Pascual Montalvo, la voz que fundó la radio de Campeche y del Sureste
SALVADOR CANTO
Hay hombres cuya voz atraviesa el tiempo. No solo porque fueron testigos de la historia, sino porque la narraron, la contaron y la hicieron sonar en los hogares de generaciones enteras. Uno de ellos es Rafael Manuel Pascual Montalvo, pionero de la locución en Campeche y en el Sureste mexicano, quien a sus 99 años —rumbo a su centenario el 11 de enero de 2026— conserva la lucidez, el humor y la humildad de quien ha vivido con propósito y pasión.
Nacido en Campeche en 1926, Pascual Montalvo fue testigo y protagonista del nacimiento de la radio en la Península de Yucatán. Participó en la fundación de la XEA “El Eco de las Murallas desde la ciudad y puerto colonial de Campeche”, la primera radiodifusora del estado, inaugurada en 1939 por don Luis Maury Zubarán, y más tarde impulsó la creación de estaciones en Veracruz y Tabasco, entre ellas la legendaria XEZX “La Voz del Usumacinta” en Tenosique.
Con la naturalidad de quien nunca perdió la sencillez, visitó las instalaciones de El Despertador de Quintana Roo y en entrevista De Viva Voz, relata cómo un concurso de declamación cambió el rumbo de su vida: él soñaba con ser médico, pero el destino —y su tía Rafaela— lo encaminaron hacia la locución. Desde entonces, no volvió a soltar el micrófono.
Durante décadas fue maestro de ceremonias del Gobierno de Campeche, conductor en los primeros años de la televisión campechana, formador de locutores y voz oficial en actos públicos, cívicos y culturales. Su trabajo y su ética profesional lo convirtieron en referente de generaciones.
Ha recibido múltiples reconocimientos —entre ellos del Sindicato Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión— y fue nombrado “Decano de la Locución en el Sureste de México”. Pero más allá de los homenajes, lo que permanece es su espíritu alegre, su memoria prodigiosa y su cariño por la gente que lo escuchó durante casi un siglo.
Y quien escribe estas líneas lo hace con un orgullo profundo y un amor infinito: soy su nieto materno. He crecido escuchando sus historias, su voz inconfundible, su risa pausada y su manera de convertir los recuerdos en lecciones de vida. Tener la oportunidad de entrevistarlo —no solo como periodista, sino como familia— es un privilegio que me honra y me conmueve.
Esta conversación no es solo una entrevista: es un encuentro con la historia viva de la radio mexicana, con un hombre que cambió el bisturí por el micrófono, y que, a punto de cumplir cien años, sigue siendo la voz que acompaña, enseña y emociona.
A continuación, fragmentos de esta charla entrañable con don Rafael Pascual Montalvo, decano, maestro y —para mí— el mejor locutor del mundo.
—¿Qué significa para usted haber dedicado toda una vida a la radio?
—Significa todo. La radio me dio alegrías, respeto, amistades… y también disciplina. Yo digo que “soy locutor desde el 11 de enero”, porque nací ese día de 1926 y, desde entonces, traía la voz por dentro. A veces pienso que, en lugar de sangre, lo que corre por mis venas es frecuencia modulada (ríe).
—¿Cómo surgió la primera radiodifusora de Campeche?
—Fue casi por accidente. Don Luis Maury Zubarán, quien tenía su oficina cerca del parque principal, instaló unas bocinas para ambientar con música las caminatas vespertinas, que eran una costumbre muy campechana. Un día, una señora le comentó que podía escuchar esa misma música desde su radio con baterías en distintos puntos de la ciudad, incluso en Seybaplaya y Champotón. Intrigado, don Luis revisó el sistema con el técnico Germán Cambranis y descubrieron que, sin proponérselo, habían logrado transmitir señal a distancia. Decidieron entonces formalizarlo: viajaron a la Ciudad de México para obtener permisos y equipo, levantaron una antena y, tres meses después, nació oficialmente la XEA “El Eco de las Murallas”, la primera estación de radio en Campeche.
—¿Cómo fue que un muchacho de 14 años terminó detrás de un micrófono?
—Fue por casualidad o más bien por destino. En 1942, cuando don Luis Maury Zubarán fundó la primera radiodifusora, organizó un concurso de declamación. Yo estaba en tercer año de secundaria y recité el poema Reír Llorando o Garrick. Gané el primer lugar y el premio fue de cien pesos, que en ese tiempo era muchísimo dinero. Me invitaron a trabajar como locutor, pero yo quería ser doctor.
—¿Y qué lo convenció de quedarse?
—Mi tía Rafaela. Me dijo: “Puedes estudiar y trabajar, hijo, no desperdicies el don que tienes”. Y me convenció. Así que nunca llegué a ser doctor, pero la radio me curó de todo lo demás.
—Usted también ayudó a fundar otras estaciones fuera de Campeche, platíquenos de ello.
—Sí. Fui fundador de varias radiodifusoras en Veracruz y Tabasco, entre ellas la XEZX “La Voz del Usumacinta” en Tenosique. Ahí tuve cuatro alumnos muy buenos. Uno es hoy maestro de ceremonias en Monterrey; otro fue empresario; otro conductor en Nuevo Laredo, y uno más decidió dedicarse al campo. Cada uno tomó su rumbo, pero todos aprendimos juntos el respeto por el micrófono.
—¿También fue conductor de televisión?
—Así es. Me tocó inaugurar la primera televisora de Campeche, TVM Campeche, que era propiedad del exgobernador Abelardo Carrillo Zavala, quien además fue cantante de la Sonora Campeche. Fueron años hermosos. La televisión era un reto, pero también una alegría.
—¿Extraña la radio?
—La extrañé los primeros días cuando dejé de trabajar. Pero entendí que lo importante no era el micrófono, sino lo que uno transmite. La radio me dio todo lo que se puede pedir en la vida.
—Fue maestro de ceremonias del Gobierno de Campeche por tres décadas. ¿Qué recuerda de esa etapa?
—Recuerdo la confianza que me dieron los gobernadores. Empecé con el coronel José Ortiz Ávila; seguí con Carlos Sansores Pérez, el “Negro Sansores”, padre de Layda Sansores; con Carlos Pérez Cámara, Rafael Rodríguez Barrera, Eugenio Echeverría Castellot y luego con Abelardo Carrillo Zavala. Siempre me trataron con cariño. Me tocó acompañar actos oficiales, giras, eventos públicos, campañas políticas… ¡de todo!
—En uno de los últimos homenajes lo llamaron “el mejor locutor del Sureste de México”. ¿Qué sintió al escucharlo?
—Agradecimiento, pero también humildad. Cuando me tocó hablar, dije: “Yo no soy el mejor locutor del Sureste. Soy uno de los buenos que comenzaron cuando todo era nuevo”. No me gusta alabarme, porque hubo muchos grandes compañeros que ya se fueron.
—¿Qué le enseñó la radio?
—A escuchar. El que sabe escuchar, sabe vivir. La radio te enseña a tener paciencia, respeto y amor por la gente.
—¿Se siente satisfecho con su vida?
—Más que satisfecho. Mi sueño fue que mis hijos estudiaran, que fueran felices y buenas personas. Y lo logré. Ya no le pido nada más a la vida.
—Este año El Despertador le rendirá homenaje. ¿Qué mensaje deja a las nuevas generaciones de comunicadores?
—Que amen lo que hacen. Que no busquen fama ni dinero, sino servir al público. La voz es un puente entre las almas, y mientras haya alguien escuchando, la radio seguirá viva.
—¿Cómo planea celebrar su cumpleaños número 100?
—(Sonríe) Quiero regresar a Campeche, a mi tierra. Los amigos de la ‘Asociación de los Pájaros Caídos’ ya me prometieron un homenaje. Es un grupo de hombres mayores de 60 años. El nombre tiene dos significados: el bueno, que somos veteranos de la vida; y el malo… que ya no levantamos vuelo (ríe con picardía).





























