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VÄTTERN.- Lo que tiramos por el desagüe no siempre desaparece. Un estudio reciente ha demostrado que restos de cocaína presentes en el agua pueden alterar el comportamiento de peces salvajes, en particular del salmón atlántico.
La investigación, publicada en Current Biology, se llevó a cabo en un lago de Suecia y analizó a más de cien salmones juveniles en condiciones naturales. A diferencia de estudios previos realizados en laboratorio, este trabajo siguió a los peces en su entorno real durante varias semanas, utilizando tecnología de seguimiento para observar sus movimientos.
Los científicos dividieron a los ejemplares en tres grupos: uno sin exposición, otro con cocaína y un tercero con benzoilecgonina, una sustancia que se genera cuando el cuerpo humano metaboliza la droga y que suele encontrarse en aguas residuales. Los resultados fueron claros: los peces expuestos a este compuesto nadaron más y recorrieron distancias mucho mayores que los no expuestos.
Este cambio puede parecer menor, pero tiene implicaciones importantes. Alterar los patrones de movimiento significa modificar cómo los peces usan su entorno, lo que puede aumentar su gasto de energía, exponerlos a depredadores o llevarlos a zonas menos favorables. En otras palabras, un contaminante invisible puede desajustar el equilibrio de todo un ecosistema.
El investigador Marcus Michelangeli explicó que este es uno de los primeros estudios que demuestra el impacto de una droga ilícita en animales en condiciones naturales, y no solo en entornos controlados.
Aunque los científicos aclaran que esto no representa un riesgo para el consumo humano —ya que las concentraciones son muy bajas y los compuestos se eliminan del organismo—, sí subrayan un problema mayor: los sistemas de tratamiento de aguas no están diseñados para eliminar completamente estos residuos.
El hallazgo pone sobre la mesa una realidad incómoda: sustancias que asociamos exclusivamente al consumo humano están entrando en ríos y lagos, con efectos que apenas comenzamos a entender.

