14 mayo, 2026

Cómo se calcula la puntuación de un vino – MUNDO DEL VINO

En el competitivo universo del vino, pocas cosas tienen tanto poder como una buena calificación. Una medalla de oro o una puntuación cercana al 100 puede transformar un vino desconocido en un éxito inmediato, multiplicar sus ventas y convertirlo en objeto de deseo en distintos mercados. Pero detrás de esa cifra aparentemente simple existe un entramado complejo que combina técnica, experiencia y, también, preferencias personales.

Los concursos internacionales más prestigiosos, como el International Wine Challenge (IWC) o la revista británica Decanter, utilizan escalas que van de 80 a 100 puntos: entre 80 y 84 se otorga una mención honorable; de 85 a 89, medalla de bronce; de 90 a 94, plata; y de 95 a 100, oro. La metodología, sin embargo, varía. En el IWC, por ejemplo, los vinos se catan a ciegas durante dos semanas, en mesas de cinco jueces presididas por un Master of Wine, con deliberaciones colectivas que llegan a revisar hasta 18,000 muestras.

La cata a ciegas garantiza imparcialidad, pero no elimina el contexto: los jueces conocen información básica como el origen, la variedad y la añada, lo que permite valorar factores ligados al terroir o a una cosecha específica. El análisis técnico se apoya en el método BLIC (Balance, Length, Intensity, Complexity), que busca identificar vinos armoniosos, persistentes, expresivos y complejos.

En paralelo, críticos influyentes como Robert Parker o James Suckling aplican sistemas propios, donde inevitablemente se cuelan las afinidades personales: Parker ha mostrado predilección por vinos potentes y estructurados, mientras que Suckling tiende a destacar etiquetas de Italia y Estados Unidos. Algo similar ocurre con guías regionales como Descorchados, enfocada en América Latina, que suele premiar estilos más ligeros y frescos.

La consecuencia es clara: la puntuación de un vino no es una verdad absoluta, sino una brújula que orienta al consumidor. El auge de plataformas colaborativas como Vivino, donde los propios aficionados califican vinos, ha democratizado aún más la evaluación, aunque también ha incrementado el “ruido”, mezclando opiniones expertas con percepciones individuales.

El riesgo de esta proliferación de medallas y guías es la banalización: etiquetas con un exceso de premios poco exigentes conviven en el mercado con vinos excepcionales que no ostentan distinción alguna. De ahí que la clave sea aprender a leer esas calificaciones en su justa medida.

Al final, ningún sistema sustituye al desarrollo del propio paladar. Las puntuaciones son valiosas para descubrir regiones o productores, pero lo verdaderamente importante sigue siendo encontrar aquellos vinos que brindan placer personal, más allá de lo que diga la etiqueta. (Con información de Bloomberg)

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