14 agosto, 2026

Conductas de alerta en la adolescencia – PSICOLOGÍA AL DÍA

El tema de hoy

Conductas de alerta en la adolescencia

Dra. en Psic. Laura Álvarez Alvarado

La adolescencia es una etapa compleja para chicos y chicas. Es durante este periodo cuando comienzan a formar su identidad y a definir aspectos importantes de su personalidad. También es un momento de cambios, en el que se distancian gradualmente del núcleo familiar y buscan mayor autonomía en sus decisiones.

La diferencia con la niñez es tan marcada que muchos adolescentes llegan a pensar que ya son adultos, que lo saben todo y que pueden decidir por sí mismos en cualquier aspecto de su vida. Sin embargo, la realidad es distinta.

Si bien es cierto que cada vez se conocen mejor a sí mismos y comprenden con mayor claridad la sociedad en la que viven, aún no están preparados para asumir por completo todas las decisiones de manera independiente. Este desfase entre lo que creen poder hacer y lo que realmente pueden gestionar suele generar tensiones, tanto internas como en su entorno familiar.

Además, la rebeldía y el deseo de independencia pueden llevarlos a cometer errores. Esto forma parte del proceso de crecimiento y aprendizaje; todos, en algún momento, hemos incurrido en errores y aprendido de ellos. Equivocarse es, en muchos casos, una oportunidad para desarrollar criterio, responsabilidad y madurez emocional. Por ello, no en todos los casos deben ser motivo de alarma ni de sanción inmediata.

Sin embargo, es importante distinguir entre errores propios del desarrollo y conductas que pueden convertirse en señales de alerta. Existen comportamientos que, si no se atienden a tiempo, pueden escalar y afectar no solo la dinámica familiar, sino también el desarrollo emocional y social del adolescente.

En este sentido, el papel de los padres no es únicamente corregir, sino también observar, acompañar y establecer límites claros. Detectar a tiempo ciertas actitudes permite intervenir de manera oportuna y orientar al adolescente hacia formas más saludables de relacionarse consigo mismo y con los demás.

Los comportamientos que no debes permitir son:

• Que maltrate a otros

Bajo ninguna circunstancia se debe permitir que un hijo o hija adolescente maltrate a otras personas. Este tipo de conducta suele manifestarse con otros jóvenes de su edad y puede presentarse de diversas formas: acoso escolar, ciberacoso o incluso maltrato dentro de una relación de pareja.

En ocasiones, algunos padres descubren estas conductas y no les dan la importancia necesaria, pensando que sus hijos cambiarán por sí solos. Sin embargo, ignorarlo implica un riesgo importante. Es fundamental intervenir de inmediato.

Lo primero es hablar con el adolescente y explicarle con claridad que ese comportamiento no será tolerado. Asimismo, es recomendable acudir a terapia especializada, donde profesionales de la psicología puedan ayudarle a comprender y modificar estas conductas. Los padres que actúan con firmeza y responsabilidad tienen mayores posibilidades de lograr un cambio positivo en sus hijos.

• Que falte al respeto

Algunos padres también tienden a minimizar estas conductas. Consideran que sus hijos no son agresivos porque no recurren a la violencia física, pero pasan por alto actitudes como burlas, insultos o descalificaciones hacia otras personas.

Estas faltas de respeto pueden dirigirse a adultos mayores, personas de otras culturas, razas, orientaciones sexuales o incluso hacia los propios padres. Entre las conductas más comunes se encuentran gritar, insultar, ridiculizar o menospreciar a los demás.

Este tipo de comportamiento tampoco debe permitirse en ningún momento, ni siquiera en sus primeras manifestaciones. Independientemente de la etapa en la que se detecte —niñez, preadolescencia o adolescencia—, es indispensable actuar de inmediato.

Como en el caso anterior, es importante establecer límites claros y, si es necesario, buscar apoyo psicológico. La intervención oportuna puede ayudar al adolescente a desarrollar habilidades para el manejo de la ira y mejorar su forma de relacionarse con los demás.

• Que tenga baja autoestima

En este caso, no se trata de una conducta hacia otros, sino de la relación que el adolescente mantiene consigo mismo. La autoestima es un elemento fundamental para el desarrollo de una personalidad sana y equilibrada.

Los adolescentes con baja autoestima tienen mayor riesgo de involucrarse en conductas perjudiciales o de desarrollar problemas emocionales, como trastornos alimenticios u otras dificultades frecuentes en esta etapa.

Es importante observar si el adolescente muestra inseguridad constante, duda de sus capacidades o cree que no puede lograr lo que se propone. Estas señales pueden indicar una autoestima debilitada.

La buena noticia es que la autoestima puede fortalecerse. Aunque no es un proceso inmediato, es posible lograrlo con acompañamiento adecuado. El apoyo de un psicoterapeuta especializado en adolescentes, así como la colaboración con la escuela, puede ser clave para diseñar estrategias que favorezcan su desarrollo personal.

No olvides que estas son conductas que no deben ignorarse. No se debe permitir, bajo ninguna circunstancia, que un adolescente maltrate o falte al respeto a otros. Tampoco se debe descuidar la manera en que se percibe a sí mismo.

Existe una base fundamental para prevenir estas conductas: el vínculo afectivo. Amar a tu hijo o hija adolescente, mantener cercanía emocional y una comunicación constante incrementa la probabilidad de que desarrolle conductas saludables.

Si detectas alguno de estos comportamientos, es importante actuar de inmediato. Si el adolescente no muestra disposición para cambiar, será necesario acudir con un especialista en psicología. Ignorar estas señales puede permitir que se conviertan en hábitos, afectando su personalidad, su vida y su futuro. Actuar a tiempo es fundamental, ya que, de lo contrario, pueden surgir arrepentimientos cuando ya no sea posible revertir las consecuencias.

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