Mtra. Adela Jiménez Izquierdo
“A veces me despierto en la noche, asustado, con el corazón acelerado, mi papá siempre está enojado y grita mucho, mamá se esconde, como si tuviera miedo. Yo solo quiero que todo se detenga, quiero poder dormir tranquilo. Pero cuando papá se va a trabajar, mi mamá se queda sola y empieza a llorar, muy triste, como si algo la lastimara por dentro y entonces, empieza otra pesadilla, porque mamá toma el cinturón y me pega. Yo ya sé lo que va a pasar, por eso bajo la cabeza y trato de no hacer ruido. A veces, aunque lloro mucho, no cambia nada, ella también llora cuando papá la lastima, pero llorar no sirve de nada, quizás yo tenga la culpa y por eso me pega, tengo mucho miedo”.
Este es el relato de muchos niños y niñas en México y en el mundo. La violencia familiar es una realidad dolorosa que afecta principalmente a la niñez, dejándoles cicatrices físicas y emocionales que, muchas veces, cargan por toda su vida. En Quintana Roo, las cifras sobre violencia familiar son alarmantes, y el maltrato infantil es una de las formas más devastadoras de violación de los derechos humanos. El abuso físico, emocional y psicológico es una realidad para muchos pequeños que, en lugar de recibir amor y protección, viven en un entorno de miedo y sufrimiento.
Lo preocupante es que estos patrones de violencia no se rompen, por el contrario, van de generación en generación, normalizando comportamientos agresivos y dañinos. Los niños que crecen en hogares donde se normaliza el maltrato, muchas veces replican esos mismos comportamientos en sus relaciones personales cuando crecen, así, la violencia se convierte en un ciclo que parece no tener fin, afectando a toda la sociedad.
“Así me educaron a mí”, “La letra con sangre entra”, “Es por tu bien” o “Me duele más a ti que a mí” esta y muchas otras frases que seguramente los queridos lectores tendrán en este momento en la cabeza y que durante generaciones han justificado y normalizado el maltrato infantil. A menudo se piensa que el abuso físico es una forma de disciplina que, en lugar de causar daño, fortalece al niño. Pero, ¿es esto cierto? ¿realmente nos hace más fuertes? ¿o, por el contrario, nos deja heridas profundas que afectan nuestra salud emocional y nuestras relaciones en la vida adulta?
Al reflexionar sobre estas frases y creencias, es importante preguntarnos: ¿realmente somos adultos emocionalmente sanos? ¿cuántos de nosotros cargamos con heridas invisibles que nos acompañan toda la vida? El maltrato no solo deja marcas físicas, sino también emocionales, que afectan el bienestar psicológico de quienes lo sufren y si no sanamos esas heridas, si no cuestionamos las creencias que nos fueron impuestas, repetimos los mismos patrones que nos dañaron en nuestra niñez.
Algunos años impartí clases de derechos humanos a policías, y siempre les hacía una pregunta: “¿con esa educación que recibimos, realmente no pasó nada?” Decir “yo salí bien, aquí estoy y no me pasó nada” no es suficiente para justificar el daño emocional que deja el maltrato, hay que reconocer que muchas veces esas heridas permanecen ocultas, e influyen en nuestra vida adulta, afectando nuestras decisiones, relaciones y bienestar emocional.
Fomentemos el amor y la protección de la niñez
En este contexto, el 25 de abril, Día Internacional de Lucha contra el Maltrato Infantil, es una fecha clave para generar conciencia sobre la violencia que sufren los niños y niñas en todo el mundo, este día no solo es un recordatorio sino también un llamado a sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de proteger a la infancia y de entender que el maltrato infantil jamás debe ser considerado una forma aceptable de disciplina. El maltrato no solo incluye los golpes, también abarca el abuso emocional, la negligencia, el descuido, las amenazas y las humillaciones y es importante visibilizar que cualquier forma de violencia, ya sea física o psicológica, deja huellas profundas en los niños, que afectan su desarrollo y su bienestar a largo plazo.
El 30 de abril, Día del Niño, también nos invita a reflexionar sobre el bienestar de los pequeños, no se trata solo de darles juguetes o celebrarlos con regalos, la verdadera celebración es brindarles un entorno seguro, amoroso y respetuoso, donde puedan desarrollarse emocionalmente, donde puedan expresarse sin miedo, y donde su bienestar sea lo más importante. Los niños necesitan mucho más que objetos materiales: necesitan ser escuchados, comprendidos y protegidos.
Este abril, cuando conmemoramos el Día Internacional de Lucha contra el Maltrato Infantil y celebramos el Día del Niño, pensemos en cómo podemos contribuir a crear una sociedad, donde la violencia y el maltrato no tengan cabida. dejemos de ver el abuso como una forma de disciplina, porque la verdadera educación se basa en el respeto, en el amor y en la empatía y como adultos tenemos la responsabilidad de sanar las heridas emocionales que arrastramos y de ofrecer a los niños el cuidado, el cariño y la protección que merecen.
Solo cuando cada niño crezca en un entorno libre de miedo, dolor y violencia, podremos decir que realmente hemos hecho algo para erradicar el maltrato infantil, este ciclo de la violencia si lo podemos empezar a romper cambiando nuestras creencias dañinas.

