Edgar Prz

El pasado lunes 1 de septiembre se consumó uno de los hechos de mayor indignación: se sustituyó la capacidad por la supuesta popularidad, la experiencia fue avasallada por el amiguismo y compadrazgo, y el estudio, el sacrificio, los años de praxis y los méritos fueron tirados por la borda para imponer a personajes no bien calificados por la sociedad. Ese es el panorama real de lo que se celebrará a partir de ahora.

Ese día pasará a la historia como la fecha en que el “revanchismo político” y el afán de un control absoluto iniciaron, escribiendo la historia con nuevos capítulos y erigiendo al caudillismo como verdugo con el sable en la mano. No es posible soslayar 200 años de un Poder Judicial que había servido, no con la eficiencia requerida, pero ¿qué poder ha obtenido las calificaciones de excelencia? Ninguno, y no se trata de una herencia maldita, pues en los últimos 25 años se ha intercambiado el Poder Ejecutivo entre tres corrientes diferentes: el PAN gobernó 12 años, el PRI seis años, y ahora Morena va por 12 años. La derecha, el socialdemócrata y la izquierda tuvieron su temporada en la actuación, y los dos primeros no se habían atrevido a tanto.

Ahora, los morenos metieron el acelerador a fondo y organizaron una elección “a modo”, para que el poder que les faltaba quedara a su disposición. La gente sabe que la elección judicial no fue realizada con transparencia. Cierto es que hacía falta una reforma, no una cirugía completa, ni un cambio generalizado, ni una limpia total como finalmente ocurrió.

La gente está consciente de las deficiencias del aparato judicial: ha padecido lentitud burocrática, injusticias, arbitrariedades, violaciones a sus derechos. Pero, como decía Shakespeare en Hamlet: “Algo está podrido en Dinamarca”.

Para la ascensión del nuevo presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, organizaron un fandango en calles de la Ciudad de México, con grupos de danza de Oaxaca para demostrar que es indígena y representa una “nueva esperanza”, aunque analizando más a fondo, es su primer cargo dentro del aparato judicial. Siempre fue burócrata de escritorio y nunca se significó por defender a los indígenas. Si así hubiera sido, desde el INPI habría manifestado su preocupación.

¿Cuántos indígenas no hay presos por acusaciones que desconocen? ¿Cuántos son becarios de las cárceles por delitos menores y no conocen los alcances de la ley? Hace algunos años, Telmex implementó el pago de fianzas y muchos recuperaron su libertad.

En lugar de subirles salarios y pagarles todo, deberían incluir una partida en su oneroso presupuesto para sacar a tantos inocentes que están en las cárceles, además de despresurizar el hacinamiento de los penales. Eso es mucho más importante que proponer el no uso de la toga y el birrete.

La gente aspira a una justicia más expedita, no a un desfile de modas en donde las apariencias definan la procuración de justicia. La indumentaria no es lo que ha aletargado los juicios. Hace falta mayor seriedad en las apreciaciones, compromiso social, devolverle el espíritu de equidad y hacer valer la figura de la mujer en la balanza que se encuentra en las entradas del Poder Judicial.

La gente está ávida de respuestas, no de mayor maquillaje. Si las cosas se manejan así, no solo le fallarán a su pueblo, a su origen y a los indígenas, sino a todos, y se consumará la burla y la farsa que inició con la integración de las listas y la distribución de los acordeones. La gente desconoce los términos jurídicos, por eso no es creíble que hayan votado por un magistrado del Tribunal Administrativo, Contencioso o Laboral; ni sabe quiénes son ni qué hacen, qué es eso, en honor a la verdad…

Entramos a una nueva realidad. La gente aún no pierde la esperanza por una mejor justicia; esperemos que se haga realidad por el bien de nuestro país. Ojalá el nuevo presidente haga a un lado a sus malos consejeros y demuestre su verdadera valía. La oportunidad la tiene en bandeja de plata; solo falta que sume su voluntad, ¿no lo cree usted?

Mejor seguiré caminando y cantando: “Voy a seguir una luz en lo alto, voy a oír una voz que me llama, voy a subir la montaña y estar aún más cerca de Dios y rezar”.

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