ZÚRICH.- ¿Qué pasaría si un material de construcción pudiera mantenerse vivo y, con el tiempo, hacerse más resistente? Investigadores de ETH Zúrich están desarrollando una estructura impresa en 3D que contiene cianobacterias capaces de utilizar luz y dióxido de carbono para modificar y endurecer el propio material.
La tecnología utiliza la cianobacteria Synechococcus PCC 7002, encerrada dentro de un hidrogel que permite el paso de agua, nutrientes, CO₂ y luz. Al principio, la estructura es relativamente blanda y transparente, pero después de varias semanas comienza a adquirir una tonalidad verde y a acumular minerales. En los experimentos, los microorganismos permanecieron activos durante más de 400 días.
El proceso tiene una particularidad: las bacterias no solo realizan fotosíntesis y convierten parte del CO₂ en biomasa. También alteran las condiciones químicas de su entorno y favorecen la formación de carbonatos sólidos, minerales similares a la cal. Esos minerales quedan atrapados dentro del hidrogel y contribuyen a reforzarlo.
Los resultados publicados en Nature Communications indican que el material capturó aproximadamente 26 miligramos de CO₂ por cada gramo después de 400 días, frente a unos 2.2 miligramos durante los primeros 30 días. La mayor parte del carbono almacenado a largo plazo quedó fijada en forma mineral.
La impresión 3D es fundamental para mantener funcionando a los microorganismos. Permite diseñar estructuras con superficies amplias y recorridos internos que facilitan la llegada de luz, agua, nutrientes y dióxido de carbono a las bacterias.
La idea incluso salió del laboratorio. En 2025, el proyecto Picoplanktonics presentó en la Bienal de Arquitectura de Venecia grandes estructuras habitadas por cianobacterias, algunas de aproximadamente tres metros de altura. ETH estimó que cada una podría fijar hasta 18 kilogramos de CO₂ al año.
Todavía no se trata de un sustituto del concreto o el acero. Las estructuras necesitan controlar condiciones como iluminación, humedad y temperatura, además de mantenimiento. Por ahora, los investigadores contemplan aplicaciones como fachadas, revestimientos o componentes añadidos a edificios.
La propuesta cambia una idea fundamental de la construcción: en lugar de fabricar materiales que simplemente resistan el paso del tiempo, algunos podrían seguir trabajando después de ser instalados, gracias a organismos vivos incorporados en su interior. (Con información de Gizmodo)

