Harold Amábilis
CAMPECHE.- El Santuario Diocesano del Cristo Negro, Señor de San Román, recibió a una delegación de peregrinos procedentes de Naviraí, Mato Grosso do Sul, Brasil, quienes llegaron a Campeche como parte de un recorrido religioso iniciado el 23 de septiembre en Ciudad de México y que continuará por Yucatán antes de concluir en Quintana Roo.
La visita reunió a 39 peregrinos y seis sacerdotes, encabezados por monseñor Ettore Dotti, obispo de la Diócesis de Naviraí, en una jornada que tuvo como punto central la celebración eucarística realizada en el santuario campechano. Para el grupo brasileño, esta fue la cuarta parada de un itinerario que comenzó con visitas a la Basílica de Guadalupe y la Catedral Metropolitana de Ciudad de México, además de una celebración en la Catedral de San Cristóbal de las Casas.
Entre los peregrinos destacó la madre Débora Iso, integrante del convento Irmãs Operárias da Santa Casa de Nazaré, quien eligió el Santuario del Cristo Negro para conmemorar sus 25 años de vida religiosa, en una jornada que reunió la experiencia personal de su vocación con el recorrido espiritual emprendido por la delegación brasileña. Junto a ella viajaron seis sacerdotes, Aurelio Fratus, Paulo Cezar Nogueira, Cezar Luciano Ernandes Fernandes, Anisberto Bomfim, Sidnei Ribeiro dos Santos y Leonildo Fiumari.
Con el santuario como punto de encuentro entre los peregrinos brasileños y la comunidad campechana, la celebración tomó también un sentido de reflexión sobre lo que significa emprender un camino de fe. Durante la misa, monseñor Dotti centró su homilía en las palabras de Jesús dirigidas a quienes expresan su deseo de seguirlo, incluido el pasaje en el que señala que el Hijo del Hombre no tiene dónde reposar la cabeza y aquellos en los que cuestiona las excusas relacionadas con las obligaciones familiares. Desde esas lecturas, el obispo planteó una reflexión sobre la responsabilidad personal que implica asumir la fe durante la vida adulta.
El obispo cuestionó la idea de entender el cristianismo como un espacio destinado únicamente a proporcionar tranquilidad o refugio, al sostener que seguir a Jesús implica mantenerse en camino, buscar, actuar y asumir responsabilidades. El obispo llamó a evitar una visión anclada en la nostalgia y propuso utilizar la experiencia acumulada para orientar el camino hacia el futuro. “Que cristão eu sou? Acomodado ou livre?”, planteó al cierre de su reflexión, al presentar la libertad como una dimensión de la vida cristiana.
Al término de la celebración, monseñor Ettore Dotti agradeció la recepción que encontró en Campeche y destacó el afecto mostrado por la comunidad local. Explicó que para el grupo brasileño fue una satisfacción concluir en este santuario una de sus jornadas de celebración, especialmente por la historia vinculada con la imagen del Cristo Negro y por los vínculos que, desde su perspectiva, también remiten a Italia, país de origen del religioso.
El obispo explicó que conocía la existencia de imágenes negras veneradas en distintos lugares, incluida la tradición de Nuestra Señora Aparecida en Brasil, pero que desconocía la presencia del Cristo Negro en Campeche. Su encuentro con el santuario, dijo, representó para él una conexión inesperada con una tradición que también relacionó con Italia.
Dotti también destacó el sentido de las peregrinaciones religiosas como una oportunidad para conocer otras realidades y fortalecer los vínculos entre comunidades que viven su fe en contextos distintos. Señaló que el peregrino sale de su propio entorno para encontrarse con otras personas, lenguas y costumbres, en una experiencia que, desde su perspectiva, tiene un sentido religioso que va más allá del desplazamiento turístico.
Su impresión de Campeche también cambió durante la visita. El religioso reconoció que antes del recorrido la ciudad era para él apenas un nombre incluido en el calendario del viaje, pero después de conocerla expresó su sorpresa por la riqueza que encontró en ella y por la acogida recibida.
La visita de la delegación brasileña dejó así una jornada marcada por la peregrinación, la celebración religiosa y el encuentro entre comunidades separadas por miles de kilómetros, con el Cristo Negro como punto de reunión para un grupo que llegó a Campeche sin conocer plenamente su historia y que salió del santuario con una percepción distinta de la ciudad y de la devoción que reúne a sus habitantes alrededor de San Román.

