Museo de América, Madrid
Claudio Obregón Clairin
El lenguaje verbalizado recrea al mundo a través de palabras que definen acuerdos e ideas expresadas en las sintaxis, por su parte, el lenguaje plástico posee la virtud de transmitir atmósferas y sensaciones, cuenta con la facilidad de ser leído y comprendido por parlantes de diferentes idiomas.
Durante dos mil años, las civilizaciones mesoamericanas otorgaron primordial importancia a la pintura mural, plasmaron su imaginario colectivo en abrigos rocosos, cuevas, templos y espacios públicos. Acompañado de una selección de este legado pictórico, recientemente tuve el privilegio de dictar en el Museo de América, Madrid, la conferencia “La pintura mural mesoamericana”. Comparto con su amable lectura la crónica del evento.
Hacia el año 600 antes de la era común, los olmecas de Oxtotitlán construyeron un enorme andamio para acceder a la pared de un abrigo rocoso y pintar a un personaje que podemos identificar como un “especialista de la ritualidad”. Se ubica aposentado en un trono que representa a una entidad divina del inframundo y que se reconoce arqueológicamente como Monstruo de la Tierra. Su pie derecho hace contacto con esta entidad y, con la mano derecha, está sembrando; su mano izquierda invoca a la lluvia y del mismo brazo, descienden gotas de agua en forma de piedras preciosas conocidas como chalchihuites. Es un intermediario con las fuerzas de la naturaleza y “lo no racional”. Detrás de él, como un espectro, observamos a su coesencia, a su nagual, a su otro yo animal: es un águila arpía. Esta pintura mural olmeca nos invitó a discursar sobre la permanencia transfigurada del chamanismo ancestral en la incipiente sociedad agrícola olmeca y la trascendencia del nahual que en lenguas mayenses se conoce como “way”.

Especialista olmeca de la ritualidad en Oxtotitlán
Es un misterio el proceso de transición cultural que aconteció entre los olmecas y los mayas, pareciera que se extinguieron los primeros, luego llegaron los segundos y enigmáticamente se apropiaron y sublimaron su conocimiento matemático, así como su imaginario religioso. Existe una pista de esta enigmática transición cultural en los murales mayas de San Bartolo, Guatemala, los cuales fueron pintados hacia el año 100 antes de la era común y después de medio siglo de deleitar visualmente a quienes habitaban o realizaban rituales en una estancia rectangular adyacente a una montaña de la creación o Witz (actualmente se nombra pirámide) fueron sepultados intencionalmente como consecuencia de una ampliación y permanecieron sin ver la luz hasta que el arqueólogo William Saturno los dio a conocer en 2001.
La pista que refiero es la presencia en estos murales mayas de la entidad divina del maíz que evidencia un rostro olmeca, es una alusión maya a un pasado religioso originado en el imaginario ancestral olmeca y que misteriosamente fue transmitido a los mayas al igual que otros valores culturales como las cuentas calendáricas y el conocimiento matemático. La entidad divina del maíz de los murales de San Bartolo está pintada de rojo y tiene una característica andrógina porque el maíz es una especie monoica, es decir, posee por separado tanto flores femeninas como masculinas. La entidad divina del maíz recibe de un especialista de la ritualidad un guaje o bule que contiene agua, esta imagen nos refiere la importancia del especialista de la ritualidad como intermediario entre las entidades divinas y los seres humanos, igualmente desvela rituales paleolíticos que se mantuvieron transfigurados en las sociedades agrícolas. Detrás de él, aparece una mujer que ofrece tamales, y a sus espaldas, se ubica una representación de una “montaña de la creación” o Witz. Esta montaña es al mismo tiempo una serpiente con las fauces abiertas de donde surge un hálito divino que más tarde formará las nubes; la estalactita representa a uno de sus colmillos y en su entorno aparecen una serpiente y un felino que atrapan a sendas aves. Este mural contiene un metalenguaje plástico en el que se observan múltiples significantes, tal y como acontece en las lenguas mayenses, que al ser polisemánticas, sugieren diversas lecturas y significados.

Mural Norte de San Bartolo, Guatemala.
Durante la conferencia tuvimos la oportunidad de observar con detenimiento algunos murales teotihuacanos en los que identificamos a un mar primigenio en el que nadan entre las olas, serpientes, felinos y cánidos; hacen gala de su ferocidad. Relacionamos a este mar primigenio con la decoración del Templo de la Serpiente Emplumada de La Ciudadela en Teotihuacan, donde acompañando a serpientes emplumadas y a la representación del cocodrilo primigenio conocido como Cipactli, aparecen caracoles Strombus gigas y algunos bivalvos de la familia de los Spondylus. Situados a más de 2000 metros de altura, sorprende que los teotihuacanos hubieran representado elementos marinos; sin embargo, el descubrimiento de un drenaje en la plaza de La Ciudadela por el arqueólogo Sergio Gómez, nos permite concluir que esa plaza se inundaba periódicamente reproduciendo plásticamente al mar primigenio. Así, el Mural de los Animales Mitológicos, La Ciudadela y las plazas que intencionalmente se inundaban en la llamada Avenida de los Muertos, nos aproximan a un mito que fue reproducido física y pictóricamente.
Continué presentando los fantásticos murales de Bonampak en los que recorrimos pasajes de la ahaucracia o gobierno de los ahauob’ (soberanos mayas), ubicamos la captura de prisioneros de guerra y una particular sangría ritual en la que participa un grupo de mujeres quienes se atraviesan una cuerda por sus lenguas, una de ellas, sostiene entre sus brazos al heredero al trono que no pudo ascender al Poder porque aconteció una debacle económica y política. Es curioso que tanto las mujeres como el hombre que punzó el meñique del heredero al trono, reproducen con sus manos el símbolo Mih que significa tanto al cero como al inicio, ya que, en el imaginario maya, el cero no significa la nada sino el inicio. Esta impronta simboliza entonces el inicio de los rituales de sangría que los nobles y los soberanos mayas realizaban como ofrendas a sus entidades divinas, ya que, en la sangre maya, se encuentra una energía vital conocida como Ch’ulel.

Mural de la sangría del heredero al trono en Bonampak
Seguimos explorando las improntas religiosas, de la vida cotidiana y de las guerras mayas en los murales de Cacaxtla, Calakmul, Chichén Itzá, Tulum y Xel-Ha. Ha sido un honor presentar en el Sala de la Reina del Museo de América en Madrid, una aproximación plástica a la mitología que sustentó al Poder mesoamericano. Retomando los estudios y las propuestas interpretativas de los investigadores Prudence M. Rice y Peter T. Furst, acentúe la importancia social de los especialistas de la ritualidad, así como sus usos y costumbres que después de siglos, transitan en el inconsciente colectivo y en el cotidiano de los pueblos mexicanos y en el de los centroamericanos. Fue una gran experiencia y un privilegio, agradezco la invitación del Museo de América y reconozco con gratitud su valiosa apertura a los investigadores independientes.
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