KANTUNILKÍN.- El director de Asuntos Indígenas, Miguel Poot Kinil, lamentó que con el paso del tiempo se estén perdiendo las historias y enseñanzas heredadas por los ancestros mayas, especialmente aquellas vinculadas con la naturaleza y el trabajo del campo.
Señaló que una de las narraciones que conserva con especial cariño es la que le compartía su madre desde su niñez, relacionada con el canto del ruiseñor, ave cuyo sonido, según la tradición, posee un significado especial para los campesinos.
Explicó que, de acuerdo con la sabiduría transmitida por sus mayores, cuando el ruiseñor canta por las mañanas es señal de que las aves están en armonía y con su canto contribuye al crecimiento del maíz.
“Son historias que nos dejaron nuestros ancestros y que poco a poco se van perdiendo. Mi madre nos decía que cuando canta el ruiseñor es porque está contento y con su canto hace crecer el maíz”, expresó.
Recordó que el canto de esta ave comienza a escucharse en mayo, coincidiendo con el inicio de la siembra, y se prolonga hasta agosto, cuando la mazorca ya está seca y lista para la cosecha.
Poot Kinil evocó que estas enseñanzas le eran transmitidas en el entorno familiar, mientras su madre se encontraba junto al fogón preparando tortillas en el comal, las cuales, una vez doradas, eran retiradas del fuego, las untaba con manteca y les añadía sal, como parte de la alimentación tradicional de la época.
En ese ambiente, su madre lo llamaba “Tuup”, por ser el menor de sus hijos, y aprovechaba esos momentos para explicarle el significado del canto del ruiseñor y su relación con los ciclos agrícolas.
Destacó que durante este periodo el ave también construye sus nidos y deposita sus huevos, en sincronía con el desarrollo del maíz en las milpas.
Subrayó la importancia de preservar estas historias orales, ya que forman parte de la identidad y memoria de los pueblos originarios. (Mauricio Balam)


