La creciente migración cubana revela una dimensión de la pauperización urbana que ya había sido advertida por El Despertador, donde la precariedad laboral, el hacinamiento y la transformación de distintas zonas de Cancún. más allá de la denominada “Pequeña Habana”, plantean nuevos desafíos para una ciudad que carece de una radiografía precisa del fenómeno
Salvador Canto / Equipo de Investigación de El Despertador
Cancún está entrando en una nueva etapa de la migración cubana, marcada no solo por el cambio en el perfil de quienes llegan, sino también por una peligrosa pauperización urbana y, en determinados sectores, por un proceso de desgentrificación, entendido como el cambio del perfil socioeconómico de zonas donde comienza a concentrarse población de menores ingresos, con efectos en las condiciones de vivienda, ocupación y dinámica social. La presencia de ciudadanos de la isla no es nueva en el Caribe Mexicano: desde hace décadas, médicos, artistas, deportistas, trabajadores y profesionistas cubanos forman parte de la vida cotidiana y económica de la ciudad.

Algunos incluso se han incorporado a la actividad política después de regularizar su situación migratoria. Sin embargo, actualmente el perfil de los cubanos que están llegando ha comenzado a cambiar, porque las condiciones en que lo hacen son distintas: muchos ya no llegan únicamente por la necesidad de mejorar su calidad de vida, sino porque fueron expulsados de Estados Unidos tras el endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump desde 2025, mientras otros son orillados a salir de su país por las condiciones actuales.
Lo grave es que esta nueva oleada también está exponiendo una realidad social cada vez más visible: migrantes que llegan sin documentos, sin dinero y sin redes de apoyo; algunos acostumbrados a vivir bajo condiciones de precariedad y otros con antecedentes penales. Esta combinación ha encendido alertas por el incremento de robos a negocios, asaltos a transeúntes y hasta hechos delictivos de alto impacto vinculados con la delincuencia organizada, en los que se ha señalado la participación de cubanos. Pero reducir el fenómeno a la seguridad sería insuficiente: detrás de esta nueva dinámica migratoria también se encuentra una creciente vulnerabilidad económica y habitacional.
Jorge Escudero Buerba, presidente del Comité de Consulta y Participación Ciudadana en Seguridad Pública de Quintana Roo, encendió las alertas al advertir que “se está cubanizando Cancún”, y no precisamente por quienes vienen a aportar algo positivo, sino por la presencia de indigentes y de otros que están delinquiendo, por lo que exhortó al Instituto Nacional de Migración a implementar operativos lo antes posible.
El señalamiento coloca sobre la mesa una discusión que no puede reducirse a la nacionalidad de quienes delinquen, y mucho menos generalizar o criminalizar a los cubanos, pero tampoco ignorar los casos concretos que ya forman parte de las estadísticas y expedientes de las autoridades. Y detrás de esta preocupación existe otra realidad que comienza a hacerse visible: la vulnerabilidad con la que algunos migrantes llegan y sobreviven en Cancún.
Sin documentos y sin dinero, algunos terminan buscando cualquier forma de subsistencia. Los sectores donde encuentran oportunidades van desde el servicio doméstico en zonas residenciales de la avenida Huayacán hasta empresas de seguridad privada sin prestaciones; tortillerías, loncherías, lavado de autos, servicio de mesas y trabajos en la construcción; también reparten comida rápida mediante plataformas digitales en motocicleta —incluso sin documentación—, conducen unidades de transporte público o recurren al trabajo sexual.
Cuando no hay empleo ni redes de apoyo, el escenario puede ser todavía más duro. Migrantes pasan días o incluso semanas en situación de calle, particularmente en los alrededores de la terminal de autobuses ADO y el centro de Cancún, una zona identificada desde 2016 como la llamada “Pequeña Habana”.
De hecho, activistas advierten que Quintana Roo carece de políticas migratorias y refugios adecuados para atender este fenómeno, mientras la presencia cubana comienza a extenderse hacia colonias populares, fraccionamientos y otros puntos de la ciudad.
Las rutas de una migración que cambió de rostro
La nueva migración cubana hacia Cancún ya no responde a un solo patrón. Mientras algunos ciudadanos salen directamente de la isla debido a las dificultades económicas, la falta de oportunidades y las condiciones de vida, otros llegan después de haber transitado por terceros países. Un tercer grupo tiene una trayectoria distinta: son quienes terminan en México después de ser deportados de Estados Unidos.

Las circunstancias de salida también marcan diferencias entre quienes integran esta nueva oleada. No es lo mismo emigrar por decisión propia que llegar a México después de una deportación, ni hacerlo con recursos, documentación y redes familiares que comenzar prácticamente desde cero.
Cancún aparece como destino por razones concretas: su actividad turística genera una amplia demanda de mano de obra, existe un mercado laboral diverso y desde hace décadas hay familias y redes comunitarias cubanas que pueden facilitar la llegada y el establecimiento.
Para quienes son deportados desde Estados Unidos, el escenario es distinto. La expulsión obliga a resolver en territorio mexicano cuestiones básicas como dónde permanecer, cómo obtener ingresos y qué hacer frente a su nueva condición migratoria.
Recientemente, una investigación periodística internacional denominada The Deportation Project, coordinada por el medio Forbidden Stories, reportó que desde enero de 2025 cerca de 20 de mil extranjeros fueron deportados de Estados Unidos a México, es decir, ocho de cada diez personas que han sido dispersadas por las autoridades de Estados Unidos en países ajenos. Son ciudadanos de Cuba, Haití, Nicaragua, Venezuela, Guatemala, El Salvador y Honduras.
En ese contexto, el Aeropuerto Internacional de Tulum “Felipe Carrillo Puerto” recibe de manera regular vuelos con personas deportadas desde Estados Unidos, con un promedio de hasta mil 200 personas al mes, muchas de las cuales llegan con dificultades económicas, sin recursos disponibles para su traslado o careciendo de documentos vigentes, quedando temporalmente varados mientras gestionan el retorno a sus estados o países de origen.
El resultado es una comunidad de llegada heterogénea, integrada por personas con historias, recursos y circunstancias muy diferentes. Esa diversidad resulta fundamental para entender la nueva etapa migratoria que atraviesa Cancún.
Pauperización urbana: cuando la migración exhibe las carencias de la ciudad
La llegada de nuevos grupos migrantes también obliga a mirar hacia una problemática que va más allá de la nacionalidad: la pauperización urbana. El concepto permite observar qué ocurre cuando personas con ingresos limitados, empleos inestables o sin redes familiares suficientes se incorporan a una ciudad donde acceder a vivienda, servicios y condiciones laborales dignas ya representa un desafío para miles de habitantes.



En Cancún, esa presión puede hacerse visible en el tipo de vivienda que se ocupa, el hacinamiento, el crecimiento de asentamientos, la informalidad laboral y la necesidad de compartir espacios para reducir gastos. No significa que toda la población cubana viva en precariedad ni que la migración sea responsable de ella. El fenómeno debe analizarse dentro de las condiciones estructurales de la propia ciudad.
La pregunta de fondo es qué sucede cuando una población recién llegada encuentra un mercado inmobiliario costoso y un mercado laboral donde abundan actividades de baja remuneración.
La migración, en ese sentido, no crea por sí sola la precariedad: puede hacer más visibles las desigualdades urbanas que ya estaban ahí.
Esta problemática ha sido expuesta repetidamente por El Despertador en diversos reportajes; dos de los más recientes han sido Cancún, 55 años sin identidad (abril de 2025) y Cuba: en el umbral del cambio (marzo de 2026).
Desgentrificación: el cambio territorial que comienza a observarse
Si la pauperización permite mirar las condiciones económicas y sociales, la desgentrificación obliga a observar el territorio. El término no debe utilizarse como una conclusión automática, sino como una hipótesis que requiere indicadores concretos: cambios en las rentas, modificación del perfil de quienes habitan determinadas zonas, transformación de los comercios y desplazamiento de población con mayor capacidad de pago.


En una ciudad como Cancún, donde existen sectores con diferencias marcadas en precios de vivienda, servicios y niveles de ingreso, los movimientos migratorios pueden contribuir a modificar la composición de ciertos espacios. La llegada de población con menores ingresos hacia zonas más accesibles puede coincidir con la salida o desplazamiento de otros residentes y con cambios en la actividad comercial.
Pero una cosa es observar nuevos habitantes y otra afirmar que existe un proceso de desgentrificación. Para demostrarlo se necesitan datos comparables y sostenidos en el tiempo.
Por eso, este reportaje coloca el concepto sobre la mesa como una línea de investigación urbana, no como una sentencia.
La discusión ya no sería únicamente quién llega a Cancún, sino qué transformaciones produce su llegada en los lugares donde consigue vivir y trabajar.
La radiografía que nadie tiene
¿Cuántos ciudadanos cubanos viven actualmente en Cancún? ¿Cuántos cuentan con residencia temporal o permanente? ¿Cuántos solicitaron refugio? ¿Cuántos permanecen en situación irregular y cuántos llegaron después de ser deportados de Estados Unidos?
No existe una radiografía pública que permita responder con precisión a esas preguntas.



Parte de la información debería encontrarse en los registros del Instituto Nacional de Migración (INM), particularmente la relacionada con condición migratoria, residencia, refugio y deportaciones. Sin embargo, durante el recorrido realizado por El Despertador en las oficinas de la Delegación Regional, personal de la institución negó proporcionar información sobre la presencia y situación de ciudadanos cubanos en Quintana Roo y señaló que cualquier solicitud debía gestionarse ante las oficinas centrales.
El vacío de información tampoco se limita al ámbito estatal. Human Rights Watch señaló que el INM no ha publicado información desagregada sobre las personas recibidas en México después de las deportaciones estadounidenses, lo que dificulta seguir su trayectoria una vez que ingresan al país.
Sin registros públicos suficientemente desagregados, tampoco es posible establecer con precisión la dimensión de este flujo migratorio ni distinguir entre quienes tienen una situación migratoria regular, quienes solicitan protección, quienes permanecen en condición irregular y quienes llegaron tras una deportación.
El problema no es únicamente estadístico. La ausencia de información limita la posibilidad de diseñar políticas públicas específicas y de determinar qué tipo de atención requieren las distintas personas que integran esta nueva migración.
En una ciudad donde la presencia cubana comienza a adquirir nuevas dimensiones, el primer desafío institucional sigue siendo elemental: saber con precisión de quién se está hablando y cuál es su situación.
Cuba ya era parte de Cancún: una comunidad con raíces
Antes de la nueva ola migratoria, Cuba ya formaba parte de la historia cotidiana de Cancún. Durante décadas, médicos, artistas, deportistas, profesionistas, trabajadores y empresarios procedentes de la isla construyeron aquí proyectos de vida y vínculos que terminaron formando parte de la identidad de la ciudad.
Uno de los referentes es el escultor cubano José Delarra, autor de obras instaladas en Cancún, entre ellas el monumento dedicado a José Martí y una pieza ubicada en Playa Chac Mool. La presencia cultural también quedó reflejada en actividades como la Semana de la Cultura Cubana, celebrada en la ciudad en 2011.



Pero la relación entre Cuba y esta región viene de mucho antes. En julio de 1955, Fidel Castro llegó a México por Mérida y pasó posteriormente por Campeche, en la etapa en que comenzó a organizar en territorio mexicano el movimiento que desembocaría en la expedición del Granma. Cozumel, incluso, fue considerada como una posible ruta de salida hacia Cuba, aunque finalmente fue descartada. La Península de Yucatán quedó así vinculada, aunque de manera breve, a la historia que precedió a la Revolución Cubana.
La comunidad cubana tampoco ha estado al margen de la vida pública. Niurka Sáliva, nacida en Cuba, llegó a ocupar una regiduría en Benito Juárez, mientras que numerosas familias cubano-mexicanas han echado raíces y tienen hijos nacidos en México.
Recordar esa historia resulta indispensable para entender el momento actual.
Cancún no está descubriendo ahora a la comunidad cubana. Lo que está cambiando es la dimensión, las rutas y las condiciones de una parte de quienes llegan.
El nuevo mapa de la migración cubana
La avenida Yaxchilán y sus alrededores ya no bastan para explicar dónde se encuentra la población cubana en Cancún. La zona que durante años fue una de las principales referencias de esta comunidad dejó de ser el único espacio asociado con su presencia en la ciudad.



Durante recorridos y a partir de testimonios recabados por El Despertador, aparecen referencias a las supermanzanas 23, 24, 25, 26 y 29, pero también a sectores como Santa Fe, Villas Marino, Bahía Azul, el Polígono Sur, Villas del Mar, Paseos del Mar, Prado Norte y Villas Otoch Paraíso.
La distribución responde a una lógica urbana sencilla: quienes llegan necesitan encontrar un lugar donde vivir y una fuente de ingresos. De ahí que su presencia pueda encontrarse tanto en zonas céntricas como en colonias populares, fraccionamientos y sectores ubicados hacia la periferia.
La actividad laboral también acompaña ese desplazamiento. Restaurantes, cocinas, construcción, pequeños comercios, reparto mediante plataformas, conducción, jardinería y otras actividades forman parte de los espacios donde algunos han encontrado una forma de subsistencia.
Sin embargo, la presencia en estos puntos no significa que exista una concentración permanente de ciudadanos cubanos ni que todos los lugares mencionados alberguen comunidades consolidadas. Son referencias obtenidas mediante trabajo de campo y testimonios que muestran una dispersión mayor a la que tradicionalmente se asociaba con Yaxchilán.
El cambio territorial plantea una cuestión urbana que trasciende la nacionalidad: cómo una ciudad con diferencias marcadas en el acceso a vivienda, empleo y servicios absorbe nuevos flujos de población y cómo esos movimientos modifican, poco a poco, determinados espacios.
Expedientes que retratan una realidad incómoda
Los expedientes y reportes de seguridad permiten ponerle número a una parte del fenómeno: al menos 10 ciudadanos de origen cubano han sido detenidos o vinculados a investigaciones y procesos penales en Cancún durante 2026, con una concentración importante de casos entre junio y septiembre.

El 23 de junio, la Fiscalía General del Estado (FGE) reportó cuatro vinculados a proceso por narcomenudeo, además de investigaciones relacionadas con posibles robos y extorsiones en la Zona Hotelera. En septiembre, otro fue procesado por lesiones calificadas contra un trabajador de hotel.
A estos casos se suman dos detenidos en la Supermanzana 101, señalados por presunto narcomenudeo y posible tráfico de personas; uno es investigado, además, por un homicidio ocurrido en la Supermanzana 92. También fueron asegurados otros dos por su probable participación en robos: uno relacionado con la sustracción de una terminal bancaria y otro sorprendido cuando presuntamente intentaba abrir un vehículo en la Supermanzana 26. En la Supermanzana 25, policías intervinieron a tres más, señalados por intentar ingresar a una vivienda, aunque no se confirmó su detención.


Pero la otra cara también está documentada: cuatro ciudadanos de la isla aparecen como víctimas de privación de la libertad y extorsión, tras ser atraídos mediante una supuesta oferta laboral.
Los expedientes muestran así realidades distintas: personas investigadas, víctimas y población vulnerable. La nacionalidad identifica a quienes aparecen en los casos, pero no explica por sí misma una conducta criminal.
Una red con más de una década en Quintana Roo
La llamada “Mafia cubana de Quintana Roo” no nació en 2026. Las investigaciones conocidas apuntan a una red con antecedentes de más de una década en la región, dedicada al traslado clandestino de personas desde Cuba hacia México y posteriormente hacia Estados Unidos. Desde 2008, investigaciones de la entonces PGR identificaban a Cancún e Isla Mujeres entre los puntos de operación de traficantes de migrantes cubanos.




La dimensión de esta estructura quedó expuesta nuevamente en agosto de 2026, cuando The New York Times documentó, a partir de expedientes judiciales estadounidenses, el funcionamiento de una organización que utilizaba embarcaciones robadas en Florida para trasladar personas desde Cuba hacia México. Entre quienes habrían utilizado estas rutas estuvieron los beisbolistas Yasiel Puig y Adeiny Hechavarría, ambos posteriormente jugadores de Grandes Ligas.
Los expedientes estadounidenses describen secuestros, extorsiones y violencia contra personas que no podían cubrir el pago exigido por el traslado. En algunos casos, las víctimas eran retenidas en México mientras sus familiares eran presionados para entregar dinero.
El caso volvió al centro de la atención con las acusaciones contra Raúl Guillermo Rodríguez Castro, “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro. Según testimonios incorporados a investigaciones judiciales estadounidenses, habría brindado protección o facilitado operaciones de la organización. No está acusado formalmente en Estados Unidos por estos hechos, y el Gobierno cubano rechazó los señalamientos. El Gobierno de México, por su parte, informó que no contaba con información o pruebas propias sobre las acusaciones publicadas.
En abril de 2026, la detención en Cancún de Remigio Valdez Lao, “El Milo”, requerido por Estados Unidos, volvió a colocar a Quintana Roo dentro de esta historia.
Actualmente, se reporta que miembros de este grupo delictivo con presencia en Cancún controlan varios sitios de taxis, entre ellos los del Mercado 28.
“Se está cubanizando Cancún”: la alerta de Jorge Escudero
“Muchos llegan a Estados Unidos o aquí y no quieren trabajar, quieren ver cómo viven fácilmente”. Así resume Jorge Escudero Buerba, presidente del Comité de Consulta y Participación Ciudadana en Seguridad Pública de Quintana Roo, una de sus principales preocupaciones frente al crecimiento de la población cubana en Cancún.


Escudero aclara que no cuestiona a los cubanos que trabajan, tienen negocios o se han establecido legalmente en la ciudad, sino la falta de controles para determinar quién llega, en qué condiciones permanece y quién debe quedarse.
Su señalamiento más severo apunta a la corrupción. Afirma que no se observan retenes ni operativos migratorios para revisar documentación y sostiene que existe un “secreto a voces” sobre gestores que, afuera de las oficinas del Instituto Nacional de Migración, ofrecen regularizaciones por entre 70 mil y 80 mil pesos.
También asegura que algunos trámites incluyen matrimonios con mexicanos a cambio de unos 10 mil pesos, lo que, en su opinión, configura “un círculo de corrupción”.
Pero su preocupación no termina en los trámites migratorios. Advierte que “al rato no vamos a poder frenar lo que está pasando con los migrantes” y sostiene que ha aumentado la percepción de inseguridad en Cancún, particularmente en el centro, donde afirma que habitan ciudadanos cubanos.
A ello suma el ingreso de personas de otras nacionalidades. “Porque no solo son cubanos, también son guatemaltecos que están entrando mucho”, señala, al afirmar que cada sábado llega más gente al municipio. Incluso cuestiona qué ocurrirá con estos flujos migratorios y si algunos terminarán siendo utilizados con fines electorales, aunque no aporta evidencia para sostener esa posibilidad.
Su reclamo final es directo: “¿Preocupa la facilidad de las autoridades? Preocupa que no pongan atención”. (Entrevista completa en nuestras plataformas digitales).
El otro rostro: de tres años de Medicina a jardinero en Cancún
La migración también tiene historias que no aparecen en las estadísticas ni en los expedientes judiciales. Una de ellas es la de un ciudadano cubano que lleva alrededor de dos años en Cancún y que reconstruye su vida mientras busca la estabilidad necesaria para reunirse legalmente con sus hijos.

En Cuba cursó tres años de Medicina. Después estudió una licenciatura en Artes y realizó una maestría. En Cancún, sin embargo, trabaja como jardinero y complementa sus ingresos con la pintura.
Cuenta con residencia temporal, RFC, seguro de vida y documentación en regla. Su objetivo es encontrar mejores condiciones económicas para poder traer a sus hijos de manera legal.
Su decisión de salir de Cuba, explica, estuvo relacionada con los apagones, las dificultades para acceder al agua y la situación económica. Parte de lo que obtiene trabajando en Cancún lo envía a su familia, que permanece en la isla.
Su historia muestra una de las contradicciones de la migración profesional: la preparación académica no siempre encuentra correspondencia inmediata con el mercado laboral disponible para quien acaba de llegar.
Y también deja una postura clara sobre la discusión que rodea a su comunidad: “que se castigue al que haga lo malo y que se premie al que haga lo bueno”.
El Consulado, detrás de las rejas y sin respuestas directas
Detrás de una barda y una reja negra, en lugar de hacerlo de manera abierta desde sus propias oficinas, el cónsul de Cuba en Cancún, Julio Concepción González, y el personal de la representación diplomática, ubicada en el número 17 de la calle Pecari, supermanzana 20, en pleno centro de Cancún, atienden a los ciudadanos de la isla que acuden a realizar trámites. El esquema de atención, observado durante un recorrido de El Despertador, podría interpretarse como una medida de resguardo ante el entorno que enfrenta actualmente la comunidad cubana.




La representación consular no concedió una entrevista directa y, ante la solicitud de información, canalizó la petición con Diana Rosa Castillo Bocalandro, jefa de la Oficina de Prensa de la Embajada de Cuba en México.
Mediante correo electrónico, El Despertador solicitó conocer cuántos cubanos deportados desde Estados Unidos han llegado a Quintana Roo durante 2026; si existe seguimiento de esos casos; qué asistencia reciben quienes llegan en condiciones de vulnerabilidad; si existe coordinación con autoridades mexicanas y si la representación tiene conocimiento de cubanos detenidos o vinculados con delitos en la entidad.
También se preguntó si han detectado un incremento en la llegada de connacionales y si existe preocupación por el impacto que esta situación pueda tener sobre la percepción de la comunidad cubana.
Las respuestas no llegaron, al menos hasta el cierre de edición.
La propuesta de una Ciudad Santuario del Migrante
Ante una realidad migratoria cada vez más visible, Quintana Roo tiene condiciones para impulsar que alguno de sus municipios sea declarado Ciudad Santuario del Migrante, tomando como referencia el precedente de la hoy Ciudad de México.



Una medida de este tipo permitiría establecer una política local de atención a personas migrantes, con mecanismos de coordinación entre autoridades, organizaciones civiles y las propias comunidades, sin sustituir las facultades federales ni significar ausencia de aplicación de la ley.
El objetivo sería crear rutas claras para brindar orientación jurídica, atención médica, vinculación laboral, apoyo documental y protección frente a posibles abusos o actos de discriminación, particularmente para quienes llegan en condiciones de vulnerabilidad y carecen de redes de apoyo.
El antecedente existe. El 6 de abril de 2017, durante el gobierno de Miguel Ángel Mancera, la Ciudad de México fue declarada Ciudad Santuario mediante un acuerdo publicado en la Gaceta Oficial, con acciones encaminadas a facilitar el acceso de las personas migrantes a programas y servicios.
Para Marilyn Torres Leal, abogada, activista y presidenta de la Fundación CISVAC, Quintana Roo carece actualmente de políticas migratorias y de refugios adecuados para atender este fenómeno social.
Bajo este escenario, Cancún podría ser uno de los municipios donde se analice una declaratoria de Ciudad Santuario del Migrante, como una política de atención y coordinación institucional frente a una realidad que ya forma parte de la vida cotidiana de la ciudad.
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La nueva realidad migratoria de Quintana Roo exige pasar del diagnóstico a la acción. El Despertador propone que el estado deje de reaccionar y comience a administrar la migración con información, coordinación y reglas claras. Cancún puede ser el punto de partida: una Ciudad Santuario que no signifique ausencia de ley, sino mayor capacidad para atender, integrar y proteger a las personas migrantes y, cuando corresponda, hacer cumplir la ley.
1.- Ciudad Santuario del Migrante
Declarar a Cancún Ciudad Santuario del Migrante como punto de partida de una política local de atención e integración que permita crear un modelo de atención que garantice orientación, salud, asesoría legal, refugio y vinculación laboral, sin sustituir las facultades federales en materia migratoria.
2.- Un registro estatal de migración
Establecer un sistema estatal de información, coordinado con autoridades federales, que concentre datos sobre residencia, refugio, deportación, vivienda, empleo y vulnerabilidad.
3.- Centro de atención integral al migrante
Instalar un centro único que concentre orientación migratoria, documentación, salud, asesoría legal, empleo y canalización a refugios.
4.- Red de refugios temporales
Crear una red de refugios para migrantes en situación de emergencia, con atención prioritaria a familias, mujeres, menores y víctimas de delitos o explotación.
5.- Protocolo para migrantes deportados
Establecer un protocolo de recepción, identificación de necesidades y canalización a alojamiento, salud, documentación y empleo, en coordinación con la Federación.
6.- Empleo legal, no explotación
Diseñar una bolsa estatal de Empleo Migrante que vincule a trabajadores con empresas, certifique capacidades y facilite la denuncia de abusos.
7.- Cero negocio con la necesidad
Colocar módulos oficiales con información gratuita sobre requisitos, procedimientos y costos, además de un mecanismo directo de denuncia.
8.- Seguridad sin criminalización
Combatir los delitos sin convertir la nacionalidad en una presunción de culpabilidad y, para ello, abrir una Mesa Permanente de Seguridad y Migración que permita investigar casos concretos, proteger a víctimas y combatir la trata, el tráfico, la extorsión y la explotación.
9.- Vivienda digna y control del hacinamiento
Identificar zonas de hacinamiento y vulnerabilidad e integrar estos datos a las políticas estatales y municipales de vivienda y desarrollo urbano.
10.- Un observatorio estatal de migración
Decretar un observatorio que publique periódicamente datos sobre migración, vivienda, empleo, salud, seguridad y atención humanitaria para orientar las decisiones públicas.
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La nueva migración cubana no puede ser entendida únicamente como un problema de seguridad ni como una cuestión migratoria más. Es, al mismo tiempo, un desafío social, urbano, laboral y humanitario que Cancún ya está enfrentando. La respuesta no puede consistir en cerrar los ojos ante los delitos ni en criminalizar a una comunidad entera por los actos de algunos de sus integrantes. Quintana Roo necesita información para saber quién llega, instituciones capaces de atender a quienes se encuentran en situación de vulnerabilidad y autoridades que hagan cumplir la ley cuando existan conductas delictivas. Una política migratoria local, coordinada con la Federación y acompañada por la sociedad civil, permitiría pasar de la reacción a la prevención. Cancún ha demostrado durante décadas su capacidad para recibir personas de México y del mundo; el reto ahora es hacerlo con orden, responsabilidad y humanidad, sin perder de vista que detrás de cada migrante hay una historia, pero también que toda ciudad necesita reglas para poder convivir.

