Si alguna vez has visto un gato esfinge, seguro que no lo olvidaste. Su piel desnuda, sus grandes orejas y su mirada intensa lo convierten en uno de los felinos más llamativos que existen. Pero detrás de esa apariencia tan peculiar hay un compañero sensible, cariñoso y con necesidades muy específicas que conviene conocer antes de enamorarse solo de su aspecto.
Aunque su nombre nos remita a Egipto, los gatos esfinge nacieron en Canadá, a partir de una mutación genética espontánea ocurrida en los años sesenta. Esa mutación hizo que algunos gatos nacieran sin el manto de pelo habitual, y a partir de ahí se inició la selección de la raza. No son realmente calvos: su piel está cubierta por una fina pelusilla que les da una textura similar a la del terciopelo.
Al no tener pelo, su cuerpo pierde calor con mayor facilidad, así que su metabolismo trabaja más rápido para compensarlo. Por eso estos gatos suelen estar más templados al tacto y también necesitan comer un poco más que otros felinos, con dietas ricas en proteínas y grasas de buena calidad.
Esa falta de abrigo natural los hace especialmente sensibles al frío. Un gato esfinge debe vivir siempre dentro de casa, en ambientes cálidos, con mantas, camas tipo cueva y rincones donde acurrucarse. Muchos disfrutan incluso usando pequeños suéteres en invierno. Pero ojo: tampoco llevan bien el calor excesivo. El sol directo puede provocarles quemaduras, así que conviene vigilar cuánto tiempo pasan al sol y ofrecerles siempre zonas de sombra.
Sus ojos y oídos también necesitan atención extra. Como no tienen pestañas ni cejas, los ojos pueden producir más legañas, que basta retirar suavemente con una gasa. En los oídos generan más cera, por lo que conviene limpiarlos por fuera con regularidad.
La piel del gato esfinge produce más grasa que la de otros gatos y estos sí sudan, así que baños ocasionales con productos específicos forman parte de su rutina. También es importante mantener las uñas cortas para evitar que se hagan heridas al rascarse.
Un mito común es que no causan alergia, pero no es del todo cierto: las alergias dependen también de proteínas presentes en la saliva y la piel.
En cuanto a carácter, suelen ser auténticos encantadores. Son sociables, juguetones y muy apegados a las personas. Les encanta acurrucarse contigo porque, además de afecto, buscan calor.
Tener un gato esfinge es una experiencia maravillosa, pero también un compromiso. Si puedes ofrecerle cuidados, atención y un entorno adecuado, te devolverá todo ese esfuerzo con toneladas de cariño… 🐾🐾


