DERECHOS DE MASCOTAS EN LIMBO LEGAL
8 Nov. 2025
Promulgada hace más de una década, la Ley de Bienestar Animal carece de protocolos que definan el destino de los animales domésticos fallecidos, lo que ha derivado en abusos, negligencia y falta de sanciones en establecimientos privados y públicos, como evidencian los recientes casos del crematorio Xibalbá y el Centro de Bienestar Animal en Cancún
SALVADOR CANTO / EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE EL DESPERTADOR DE QUINTANA ROO
A más de una década de su promulgación, la Ley de Bienestar y Protección Animal de Quintana Roo —integrada por 129 artículos y siete reformas— sigue exhibiendo vacíos que la convierten en una legislación incompleta. Entre sus omisiones más graves se encuentra una pregunta que nadie parece saber responder: ¿qué debe hacerse con los cadáveres de las mascotas?
Ni el manejo sanitario, ni el tratamiento ambiental, ni el respeto ético hacia los animales tras su muerte están contemplados en la norma. Ese silencio legal ha derivado con los años en abusos, negligencia e impunidad.
El bienestar animal, según la definición de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), se refiere al estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en que vive y muere. Pero en Quintana Roo, la ley que debería garantizar ese principio solo protege una parte de la vida, dejando el final en la penumbra legal.

El vacío se volvió inocultable tras el escándalo del crematorio Xibalbá, en Chetumal, donde fueron hallados más de un centenar de cuerpos de animales embolsados y abandonados en lotes baldíos, pese a que sus dueños habían pagado por la cremación y recibido, en su lugar, frascos con tierra.
Días después, otro episodio sacudió a la entidad, esta vez en Cancún, en el Centro de Bienestar Animal, donde se reportó la muerte masiva de más de 40 perros presuntamente contagiados de moquillo y sacrificados sin cumplir los protocolos sanitarios. La denuncia fue presentada por la asociación civil Luum Balicheo, encabezada por Sara Rincón Gallardo.
Ambos casos exhiben una falla estructural del sistema: en Quintana Roo no existe reglamento ni protocolo que determine el destino final de los animales domésticos fallecidos, ni sanciones claras para quienes incumplen con un trato digno incluso después de la muerte.
La ley, concebida originalmente para regular corridas de toros y peleas de gallos, fue reformada para incluir a delfines, perros y gatos; sin embargo, dejó fuera un aspecto esencial del bienestar animal: el derecho a una despedida digna y un manejo responsable en los Centros de Bienestar Animal.
Mientras tanto, la realidad muestra un mosaico de improvisaciones institucionales. En la práctica intervienen la Dirección de Ecología, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y los ayuntamientos, pero sin coordinación ni lineamientos claros. No existen criterios sobre permisos sanitarios, tipos de hornos crematorios, control de emisiones ni sanciones por abandono de restos en la vía pública.
La experiencia de Quintana Roo demuestra que las autoridades no pueden sancionar lo que no está legislado. Y mientras no exista un marco jurídico integral que combine ética, salud pública y bienestar animal, seguirá flotando la misma pregunta entre los ciudadanos: ¿qué hacer cuando se muere una mascota?
Luum Balicheo denuncia irregularidades en Centro de Bienestar Animal






En días pasados, la Sociedad Protectora de Animales Luum Balicheo A.C. denunció en una carta abierta “el sacrificio masivo de perros y gatos sanos en el Centro de Bienestar Animal de Cancún, ocurrido sin protocolos veterinarios ni autorización legal”, en lo que consideró un caso grave de maltrato y crueldad animal. Posteriormente la autoridad municipal informó que en el lugar se había desencadenado una epidemia de moquillo, lo que habría sido el motivo del sacrificio de los animales contagiados.
Los hechos fueron denunciados la mañana del 4 de noviembre de 2025, y según testimonios y evidencias recabadas, el horno del centro se encontraba lleno de cadáveres y huesos de animales sacrificados sin ofrecerles la posibilidad de adopción. Además, se señala que las instalaciones fueron restringidas al acceso público, presuntamente para encubrir las acciones, con la supuesta complicidad de la directora del centro, la veterinaria y la licenciada a cargo.
Sara Eugenia Rincón Gallardo y García, presidenta y fundadora de Luum Balicheo A.C., en cuya cuenta de Facebook compartió un video del interior del Centro, donde se ven cadáveres de perros en el suelo y dentro de un horno crematorio, exigió a las autoridades municipales, estatales y federales que se inicien investigaciones inmediatas y se proceda penalmente contra los responsables directos e indirectos de lo que denominó un “canicidio múltiple”.
De acuerdo con el artículo 179 Bis del Código Penal del Estado de Quintana Roo, quien maltrate, abandone o prive de vida a un animal puede ser sancionado con pena de seis meses a tres años de prisión y multa de hasta 50 días de salario mínimo, además de la obligación de reparar el daño causado. Por ello, los responsables del centro podrían enfrentar penas de cárcel efectivas y no solo sanciones administrativas.
Desde el 24 de noviembre de 2023, el artículo 31 de la Constitución Política del Estado reconoce a los animales como seres sintientes y sujetos de consideración moral, estableciendo que deben recibir trato digno. Toda persona tiene la obligación ética y jurídica de respetar la vida, salud e integridad de los animales, mientras que las autoridades estatales y municipales deben garantizar su protección y bienestar, fomentando una cultura de cuidado y tutela responsable.
“Hablar de bienestar animal también implica dignificar su muerte. No basta con sancionar el maltrato en vida si no se garantiza un final respetuoso”, advirtió Rincón Gallardo, quien, al día siguiente de difundir la carta abierta, informó en sus redes sociales que sostuvo una reunión con la presidenta municipal de Benito Juárez, Ana Patricia Peralta y el director de Ecología, Fernando Haro.
“Se están tomando las medidas y acciones necesarias para aplicar las sanciones a los responsables de esta situación, (la alcaldesa) se comprometió a estar personalmente revisando este caso y actuando para que no se vuelva a repetir algo así en este centro de bienestar, nos habló del proyecto que ya está en proceso para el nuevo centro, estaremos de la mano con ella y su equipo para ver qué este centro cumpla los protocolos, que qué las instalaciones cuenten con los equipos y materiales necesarios para dar la atención a los animalitos”, comentó, en la publicación de la red social.
Contagio y negligencia en el Centro de Bienestar Animal




Un brote de moquillo en el Centro de Bienestar Animal de Cancún derivó en el sacrificio de poco más de 40 perros, dejando al descubierto graves fallas en protocolos sanitarios, instalaciones y gestión. Especialistas señalan que el “caso cero” ingresó durante la Campaña Gratuita de Esterilización realizada del 20 al 25 de octubre, cuando un animal infectado se mezcló con cientos de mascotas sin controles adecuados.
El MVZ Arturo Dzul León, expresidente del Colegio de Veterinarios y especialista en Salud Pública, explicó que la combinación de la falta de bioseguridad y el desconocimiento de los propietarios elevó el riesgo de contagio. “Todos los asistentes están en riesgo grave de enfermar”, advirtió, recomendando cuarentena y observación inmediata.
Activistas como Flor Tapia Pastrana, directora de Opus Magnum de México A.C., calificaron los hechos de “sinvergüenzada” y señalaron que el centro responsable de la protección de mascotas y animales callejeros opera sin cumplir con la infraestructura mínima exigida por la NOM-042-SSA2-2006 y la NOM-051-ZOO-1995, que estipulan estándares sanitarios, áreas especializadas, personal veterinario calificado y espacios adecuados para cuarentena. Actualmente, el centro carece de un cuarto de cuarentena y de instalaciones suficientes para garantizar la salud y seguridad de los animales.
La crisis llevó a la presidenta municipal, Ana Patricia Peralta, a destituir a la directora del centro, Yamili Góngora y designó a René Olivares Pérez como encargado de despacho y a Yuli Lázaro, fundadora de Cachorrilandia, como subdirectora, para reestructurar la dependencia y coordinarla con asociaciones civiles. Varios trabajadores del área operativa también fueron dados de baja.

El caso revela la fragilidad del bienestar animal en Cancún, una ciudad de más de 1.2 millones de habitantes, en un país que, según el INEGI, lidera el maltrato animal en Latinoamérica y ocupa el tercer lugar mundial. La falta de presupuesto, un padrón de animales confiable y protocolos claros agravan el abandono y la violencia hacia los animales en municipios turísticos como este.
La crisis se profundiza por la falta de recursos y de información confiable, ya que del presupuesto municipal de 96.3 millones de pesos destinado a la Secretaría de Desarrollo Urbano, Ecología y Medio Ambiente —de la que depende el Centro— solo una mínima fracción llega a protección animal. No existe un padrón real de animales en situación de calle, y el intento por crear un padrón de mascotas domésticas permanece estancado, lo que limita la capacidad de control y atención de la dependencia.
Escándalo en Chetumal: el caso Xibalbá




El caso de Chetumal, donde familias que pagaron a los propietarios del crematorio Xibalbá por la cremación de sus mascotas recibieron cajas con tierra en lugar de cenizas, va más allá de un engaño económico. Para el médico veterinario zootecnista José Olaf Navarrete, representa “un fraude a la moral y al respeto ajeno”.
En entrevista con El Despertador, Navarrete explicó que estos hechos vulneran la confianza y el duelo de los dueños. “Es un golpe al alma de quienes perdieron a su mascota”, señaló.
El especialista detalló que los crematorios profesionales usan mecanismos de control, como la “ficha testigo”: una placa metálica que se coloca en el cuerpo antes de la cremación y no se destruye con el calor, garantizando que las cenizas entregadas corresponden al animal. Además, se puede grabar un video del procedimiento como comprobante. “Si las familias hubieran tenido esa ficha, no dudarían de lo que recibieron”, afirmó.
Navarrete reconoció que el dolor nubla el juicio de los dueños, pero insistió en que tienen derecho a solicitar información sobre la cédula profesional del veterinario, permisos municipales y sanitarios, e incluso un registro del proceso. “No es una falta de respeto, es nuestro derecho”, subrayó.




Actualmente, los crematorios de mascotas operan en una zona legal gris. Aunque Cofepris supervisa residuos orgánicos y sanitarios, no existe regulación específica para servicios funerarios de animales de compañía, lo que ha permitido la proliferación de negocios irregulares, que se anuncian en redes sociales.
Navarrete concluyó que, más allá de la regulación, la transparencia y el respeto al duelo son fundamentales: “Un crematorio confiable permite ver el procedimiento o, al menos, recibir evidencia de que las cenizas corresponden a la mascota. No basta con confiar: hay que exigir pruebas, documentos, videos y fichas. No es desconfiar, es proteger el recuerdo de quienes nos dieron amor incondicional”.
Crean catálogo para identificar mascotas afectadas por ‘Xibalbá’


La gobernadora Mara Lezama Espinosa informó la creación de un catálogo fotográfico que permitirá a los propietarios identificar a sus mascotas afectadas por la empresa Xibalbá, cuyos responsables enfrentan proceso por fraude y maltrato animal al ofrecer cremaciones que nunca realizaban.
El catálogo, elaborado por la Procuraduría de Protección al Ambiente (PPA), contiene más de 700 fotografías de los cuerpos localizados, principalmente perros y gatos. Hasta el momento, 18 personas han recuperado los restos de sus mascotas y otras 40 han acudido a revisar el material. La consulta estará disponible en las oficinas de la PPA, ubicadas en la colonia Arboledas, hasta el martes 11 de noviembre, fecha límite antes de que los cuerpos no reclamados sean incinerados con el apoyo del Comité Estatal para el Fomento y Protección Pecuaria.
La gobernadora enfatizó: “Está claro que jugar con el dolor de las familias y el amor hacia sus animales no tiene perdón. No habrá impunidad”. Recordó que el caso comenzó con 257 denuncias formales y que actualmente dos personas están vinculadas a proceso.
Mara Lezama agradeció el apoyo de asociaciones civiles y rescatistas, como Cachorrilandia, y reiteró su compromiso con la protección animal: “Cada denuncia cuenta, y cada vida merece respeto”.
Por otro lado, el diputado Renán Sánchez Tajonar, presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, dijo que ante esta situación impulsará una iniciativa de regulación a nivel estatal y nacional para garantizar que no vuelva a ocurrir esto como Chetumal.
Crematorios sin regulación y fuera del alcance de la mayoría

La operación de crematorios para animales en Quintana Roo permanece en un limbo legal. Aunque se presentan como una opción “digna” para despedir a las mascotas, su funcionamiento carece de regulación dentro de la Ley de Bienestar y Protección Animal, lo que abre la puerta a irregularidades ambientales, sanitarias y económicas.
En Cancún existen al menos una docena de empresas privadas que ofrecen estos servicios, aunque muchas evitan entrevistas o fotografías. Directivos de Mi Último Parque argumentaron que, por la situación de inseguridad en el país, prefieren mantener un perfil bajo, aunque la realidad es que no quieren ser evidenciados. Los costos van de 2 mil a 3 mil pesos según el peso del animal y el tipo de servicio —individual o colectivo—, tarifas inaccesibles para gran parte de la población.
La activista Flor Tapia Pastrana señala que los crematorios deberían contar con permisos municipales, sanitarios y ambientales, además de hornos certificados y personal capacitado. En teoría, requieren licencia de funcionamiento, uso de suelo, validación de Protección Civil, permisos de la Secretaría de Salud, Cofepris y aval ambiental de la Semarnat. Sin embargo, no existe un reglamento que establezca sanciones ante irregularidades.

Un análisis realizado por El Despertador muestra que destinar entre 2 y 3 mil pesos a la cremación de una mascota representa una carga económica significativa para los hogares de bajos ingresos, equivalente al gasto mensual en alimentación, luz, agua o educación. Sin regulación ni supervisión, los crematorios operan en una zona gris que vulnera el bienestar animal y profundiza la desigualdad social en Quintana Roo.
De centro a hospital: el proyecto animalista de Cancún

Lo que hace un año fue presentado como el nuevo “Centro de Protección y Bienestar Animal de Benito Juárez”, dentro del plan de presupuesto participativo con un recurso inicial de 4.9 millones de pesos, se transformó en un nuevo proyecto: el Hospital de Bienestar Animal, cuya primera etapa de construcción fue aprobada recientemente (septiembre pasado) por el Cabildo con una inversión de 30 millones de pesos, seis veces mayor a la propuesta original.
El proyecto, identificado con el código de gasto 176, contemplaba inicialmente la remodelación de las antiguas instalaciones del rastro municipal, ubicado en la Supermanzana 99, con el objetivo de convertirlo en un espacio para atender a la fauna doméstica y feral del municipio.
El plan original incluía consultorios veterinarios, área de quirófano, zonas de cuarentena, resguardo y adopción, además de espacios para capacitación del personal. Sin embargo, el terreno donde se encontraba el rastro —que ya fue demolido— permanece abandonado, sin avances visibles.


Ahora, bajo la nueva denominación de Hospital de Bienestar Animal, la administración del municipio anunció una obra de mayor escala y capacidad, que contará con quirófanos donde se podrán atender hasta ocho perros o gatos de manera simultánea, desde su preparación hasta la recuperación.
El hospital ofrecerá consultas médicas gratuitas, vacunación a bajo costo, campañas de esterilización masiva y atención quirúrgica general, además de áreas de resguardo y adopción.
“Esperamos poder realizar alrededor de mil esterilizaciones durante las jornadas especiales, además de atender otro tipo de cirugías. Queremos dar respuesta a los rescatistas y asociaciones, para después poner a los animales en adopción”, explicó el gobierno municipal.
El proyecto se desarrollará en la avenida López Portillo, en el mismo predio del antiguo rastro municipal. La primera etapa, financiada con recursos provenientes del cobro de saneamiento ambiental, contempla un proceso de licitación de 45 días antes de iniciar su construcción, prevista para extenderse durante todo el año 2026.
De concretarse, este nuevo hospital veterinario sería el primero en su tipo en el municipio, diseñado con la participación de asociaciones civiles y rescatistas, incluyendo al especialista Alberto Charles, quien trabaja en la ampliación del proyecto para atender aves, reptiles y otras especies en futuras etapas.
Incineración de mascotas: un vacío legal



La pérdida de un animal de compañía, desde perros y gatos hasta especies exóticas, es un momento doloroso que se complica por la falta de legislación específica sobre cremación o entierro de mascotas en Quintana Roo. Sin normas claras, ni autoridades ni tutores saben cómo regular, sancionar o realizar estos procesos.
Diversas instancias, como la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), la Dirección de Ecología y otras autoridades municipales, intervienen de manera aislada, generando confusión sobre requisitos para licencias de crematorios, tipos de hornos, medición de emisiones de carbono y permisos sanitarios y ambientales. Las “patrullas verdes” solo sancionan a quienes arrojan basura a la vía pública, no a quienes abandonan animales muertos.
En Cancún, ciudad con más de 1.2 millones de habitantes y creciente población animal, no existe cementerio público para mascotas ni protocolos claros sobre qué hacer con sus restos. Las opciones disponibles son limitadas: crematorios privados (2 000–3 000 pesos), incineración sin recuperación de cenizas a través de la Dirección de Protección y Bienestar Animal, o entierros caseros que requieren profundidad, cal y distancia de cuerpos de agua. Ninguna alternativa está regulada ni garantizada legalmente.

Aunque Ecología y Cofepris tienen facultades en materia ambiental y sanitaria, no hay un reglamento municipal o estatal que establezca requisitos específicos para los crematorios de mascotas, lo que genera un círculo vicioso: no hay lineamientos sobre hornos, límites de emisiones ni autoridad responsable de otorgar o revocar licencias. “Las autoridades no pueden regular lo que no está normado formalmente”, explica un especialista.
En México, la cremación de mascotas se rige por un conjunto de normas dispersas: LGPGIR (manejo de residuos e incineración), NOM-098-SEMARNAT-2002 y NOM-043-SEMARNAT-1993 (protección ambiental y emisiones de partículas), NOM-025-SSA1-2014 (valores límite de partículas en el aire) y NOM-036-SCFI-2016 (información al consumidor sobre servicios funerarios).
Para operar legalmente se requieren licencia de funcionamiento, permisos ambientales y sanitarios, autorización de uso de suelo, inspecciones de Protección Civil y hornos certificados. Sin embargo, la falta de supervisión efectiva deja la puerta abierta a irregularidades.
Perspectiva cultural y religiosa


La relación del ser humano con los animales no se limita a la alimentación o la compañía; también está profundamente marcada por la cultura y la religión. En la tradición judeocristiana, la Biblia establece principios que reflejan un equilibrio entre el uso de los animales para consumo y la obligación de tratarlos con respeto y cuidado. Lejos de ser un código exclusivamente dietético, estas normas revelan una ética sobre la vida y la muerte de los seres vivos.
Según los textos sagrados, ciertos animales son considerados “puros” y aptos para el consumo humano, mientras que otros son “impuros” y su sacrificio o ingesta está prohibido. Por ejemplo, los animales terrestres que rumian y tienen pezuña hendida —como vacas, ovejas y cabras— son aceptables para la alimentación. En cambio, especies como los cerdos, que poseen pezuñas partidas pero no rumian, se consideran impuras. Entre los animales acuáticos, solo aquellos que tienen aletas y escamas pueden ser consumidos, y lo mismo aplica a las aves, donde ciertas especies están prohibidas. Estas distinciones, cuidadosamente detalladas en Levítico y Deuteronomio, reflejan no solo criterios de higiene o salud, sino también un marco de respeto hacia la creación.
Más allá de la clasificación de los animales para el consumo, la Biblia enfatiza la importancia de su bienestar. Se condena el maltrato y se insta a que la vida de los animales sea valorada, incluso en el momento de su muerte. Esto implica que el sacrificio debe realizarse de manera ética, sin crueldad innecesaria, y que los animales merecen ser tratados con dignidad hasta el final.
En el contexto contemporáneo, estas enseñanzas adquieren relevancia en debates sobre cremación, entierro y manejo de animales fallecidos. La falta de alternativas reguladas o accesibles para despedir a las mascotas puede entrar en conflicto con este principio de respeto, haciendo evidente que la cuestión no es únicamente legal o sanitaria, sino también cultural y ética. La tradición bíblica invita a reflexionar sobre cómo las decisiones humanas afectan la vida de los animales, recordando que su cuidado y consideración forman parte de un compromiso moral que trasciende el tiempo.
Lecciones de experiencias internacionales




La pérdida de una mascota es un momento doloroso para las familias, y su despedida requiere protocolos claros que garanticen respeto y transparencia. En países como Canadá, Australia y Estados Unidos, los crematorios de mascotas operan bajo estrictos lineamientos: auditorías periódicas, control de emisiones, supervisión de instalaciones públicas y privadas, y protocolos que aseguran la identidad de las cenizas. Estas medidas evitan fraudes y promueven la dignidad animal incluso en la muerte.
Además, estas experiencias incluyen opciones económicas accesibles para todos los ciudadanos y, en algunos casos, apoyo psicológico especializado para acompañar a las familias durante el duelo. Noruega, por ejemplo, destaca por combinar regulación con asistencia emocional, reconociendo la importancia de la salud mental de los tutores.
El análisis de estas prácticas demuestra que un marco regulatorio completo, preventivo y humano es posible. México podría aprender de estos modelos para garantizar que la cremación y el fallecimiento de mascotas se realicen con ética, seguridad y respeto tanto hacia los animales como hacia quienes los aman.


APUNTES DE EL DESPERTADOR PARA READECUAR LA LEY DE BIENESTAR Y PROTECCIÓN ANIMAL DE QUINTANA ROO
1.- Creación obligatoria de panteones y crematorios municipales para mascotas
• Cada ayuntamiento deberá destinar un predio público regulado para entierro o cremación de animales domésticos.
• Garantizar cumplimiento de normas sanitarias, ambientales y de bioseguridad.
2.- Protocolos claros de manejo de cadáveres
• Establecer lineamientos para transporte, almacenamiento, cremación y entierro de mascotas fallecidas.
• Incluir sanciones específicas por abandono, mal manejo o fraude en servicios funerarios.
3.- Regulación estricta de crematorios privados
• Licencias municipales, permisos sanitarios y ambientales obligatorios.
• Hornos certificados, personal capacitado y supervisión periódica.
• Registro obligatorio de cada cremación con ficha testigo, video o documento que garantice la identidad de las cenizas.
4.- Estándares de bioseguridad en Centros de Bienestar Animal
• Implementar áreas de cuarentena, manejo de enfermedades contagiosas y protocolos de sacrificio ético.
• Supervisión obligatoria de infraestructura mínima y personal veterinario calificado.
5.- Sanciones penales y administrativas claras y diferenciadas
• Tipificar el maltrato, abandono y fraude relacionado con animales fallecidos.
• Establecer penas específicas para negligencia institucional y actos individuales de crueldad.
6.- Registro estatal de animales domésticos y post-mortem
• Crear un padrón confiable de mascotas con seguimiento de su fallecimiento y destino final.
• Facilitar la transparencia y trazabilidad en adopciones, sacrificios o cremaciones.
7.- Garantizar el derecho a una despedida digna
• Incluir en la ley el principio de que todo animal tiene derecho a un manejo ético hasta su muerte.
• Promover ceremonias simbólicas, cremaciones individuales y alternativas respetuosas para los tutores.
8.- Acceso equitativo a servicios funerarios de mascotas
• Establecer tarifas reguladas y opciones públicas o subsidiadas.
• Evitar que el entierro o cremación sea solo para quienes pueden pagar servicios privados costosos.
9.- Coordinación interinstitucional formalizada
• Integrar a Dirección de Ecología, Cofepris, Protección Civil, ayuntamientos y asociaciones civiles bajo protocolos comunes.
• Evitar duplicidad de funciones y lagunas legales.
10.- Incorporación de buenas prácticas internacionales
• Adaptar experiencias de Canadá, Australia, Estados Unidos y Noruega en regulación, auditoría, trazabilidad y servicios accesibles.
• Garantizar que el bienestar animal incluya tanto la vida como la muerte de las mascotas.











