7 septiembre, 2026

Descubren un cáncer contagioso en peces

BURLINGTON.- Aunque el cáncer no es una enfermedad contagiosa entre las personas, la naturaleza acaba de ofrecer un sorprendente ejemplo de que, en algunas especies, las propias células cancerosas sí pueden pasar de un individuo a otro. Un equipo internacional de científicos descubrió el primer caso conocido de un cáncer transmisible en peces y el primero registrado en un ecosistema de agua dulce.

El hallazgo ocurrió en el pez gato marrón (Ameiurus nebulosus), una especie que habita el lago Memphremagog, compartido por Estados Unidos y Canadá. Desde hace más de una década, pescadores y biólogos habían observado que numerosos ejemplares presentaban manchas negras en la piel, las cuales posteriormente fueron identificadas como melanomas malignos.

Para averiguar por qué tantos peces desarrollaban el mismo tipo de tumor, los investigadores analizaron el ADN de los melanomas y lo compararon con el tejido sano de los animales. El resultado fue inesperado: las células cancerosas de distintos peces eran genéticamente más parecidas entre sí que a los propios organismos donde crecían.

Este patrón indica que los tumores no aparecieron de manera independiente, sino que descienden de un mismo cáncer original cuyas células aprendieron a sobrevivir y propagarse entre diferentes huéspedes. Los científicos también descartaron que un virus o una bacteria fueran los responsables directos del fenómeno, por lo que todo apunta a que las células cancerosas son las que se transmiten.

Aún no se sabe exactamente cómo ocurre el contagio. Una de las principales hipótesis es que, durante la época de reproducción, los peces mantienen un contacto físico muy estrecho que facilita el intercambio de células. Otra posibilidad es que las células tumorales sobrevivan durante un tiempo en el agua o en los sedimentos y logren ingresar a otros peces a través de la piel, las branquias o la boca.

Los investigadores también encontraron una relación entre las zonas donde aparece el cáncer y áreas con altas concentraciones naturales de arsénico. Sin embargo, aclaran que esta coincidencia no demuestra que ese elemento provoque la enfermedad.

Lejos de representar un riesgo para las personas, este hallazgo podría convertirse en una valiosa herramienta para la investigación biomédica. Comprender cómo estas células logran sobrevivir fuera de su huésped original y establecerse en otro organismo podría ayudar a los científicos a entender mejor la evolución del cáncer y los mecanismos que normalmente impiden que este tipo de propagación ocurra. (Con información de Wired)

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