4 septiembre, 2026

Día de los Derechos Humanos: limosnas no son justicia – Si tú pudieras ver lo que yo escucho

Gerardo Ruiz

A veces pareciera que en México quieren que confundamos una limosna con un derecho. Que aceptemos $3,200 como si fueran la solución a décadas de abandono, corrupción y negligencia. Como si con eso alcanzara para curar un sistema de salud rebasado, para tapar las fugas de millones de litros de agua, para llenar vacíos de seguridad, para compensar años de silencio institucional frente a la pobreza.

Pero no.

Con $3,200 de limosnas no se resuelven los problemas sociales de México. Los derechos humanos no se compran ni se negocian. Se garantizan. Salud, agua, seguridad, movilidad, vivienda digna… eso no es un premio del gobierno; son esenciales cotidianos que todos deberíamos tener.

Y duele que haya que repetirlo justo hoy, Día Internacional de los Derechos Humanos. Un día que debería servir para recordarnos algo simple: los derechos no son un regalo del poder, son un compromiso del Estado con su gente. Un compromiso que, en muchas regiones del país, sigue sin cumplirse.

En Quintana Roo, por ejemplo, es más fácil construir hoteles que hospitales; más fácil presumir inversión extranjera que garantizar agua potable; más fácil expulsar a migrantes en un aeropuerto que darles trato digno. La infraestructura se desgasta, la salud se atrasa y la movilidad se vuelve un lujo. Y mientras tanto, millones de mexicanos reciben un apoyo que alivia un poco el bolsillo, sí, pero que no transforma las condiciones que les robaban la dignidad desde mucho antes.

Porque la verdadera tragedia no es la pobreza.

La tragedia es acostumbrarse.

Aceptar que “así toca vivir”.

Conformarse con sobrevivir en vez de exigir vivir.

Los gobiernos alardean de programas sociales como si fueran actos de misericordia, cuando en realidad deberían ser herramientas temporales, puentes hacia un país con derechos plenos. No parches eternos. No excusas para no construir hospitales, para no garantizar agua limpia, para no ordenar las ciudades, para no invertir en seguridad, para no modernizar el transporte público.

México no está condenado. Lo que sí está en riesgo es nuestra capacidad de indignarnos.

Si tú pudieras ver lo que yo escucho, te darías cuenta de que mucha gente tiene miedo de reclamar. Miedo de perder la ayuda. Miedo de molestar a la autoridad. Miedo de decir lo obvio: que los derechos no se agradecen, se exigen.

No hay limosna que reemplace la justicia.

No hay dádiva que sustituya un derecho.

No hay apoyo que valga más que un país donde podamos vivir dignamente.

Hoy, en el Día de los Derechos Humanos 2025, no pido nada para mí.

Pido lo que debería ser normal para todos: agua potable, salud, seguridad, movilidad, vivienda digna.

No como regalos.

Como lo que son: derechos esenciales de todos los días.

X: @gruizCun

Director de la Red de Ciegos de Quintana Roo.

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