Mtra. Adela Jiménez Izquierdo
La temporada decembrina es sinónimo de reuniones familiares, celebraciones y reencuentros; sin embargo, también es uno de los periodos del año donde se incrementan diversos riesgos para mujeres, niñas y niños, especialmente aquellos relacionados con violencia familiar, abuso sexual infantil y consumo excesivo de alcohol; muchas de estas situaciones no son visibles a simple vista y, justamente por ello, requieren atención, prevención y actuación oportuna. En términos legales varias de estas conductas se consideran de realización oculta, es decir, ocurren sin presencia de testigos o bajo dinámicas familiares que se encuentran normalizadas.
Los riesgos invisibles de diciembre
Diciembre reúne factores que históricamente incrementan la violencia familiar, tales como las siguientes:
• Convivencia prolongada entre familiares que usualmente no viven en el mismo domicilio y que normalmente no conviven.
• Consumo elevado de alcohol, que actúa como desinhibidor y puede detonar agresiones.
• Estrés económico por gastos excesivos.
• Cuidadores improvisados para niñas y niños durante posadas, cenas o reuniones.
• Regreso de familiares agresores que conviven solo en estas fechas.
Estos elementos generan escenarios donde se vuelven “normales” los comentarios ofensivos, empujones, gritos, control, humillaciones y conductas inapropiadas hacia mujeres niñas, niños y adolescentes.
Detectar señales en el entorno es fundamental para actuar a tiempo
En mujeres:
• Comentarios humillantes frente a la familia.
• Aislamiento o resistencia a convivir por miedo a provocar conflictos.
• Exigencia de servir, atender o permanecer en cierto lugar.
• Cambios repentinos de ánimo o tensión evidente.
En niñas, niños y adolescentes
• “Chistes” o tocamientos disfrazados de juego por parte de algún adulto.
• Resistencia a quedarse con un familiar “de confianza”.
• Bebidas ofrecidas por adultos sin permiso de los padres (incluso frente a ellos)
• Si el niño o niña muestra sueño, insistencia de algún adulto en llevarlos a la habitación.
Entonces, ¿por qué aparentemente baja la incidencia de violencia doméstica?
En estas fechas, muchas personas piensan que al ser un mes de reflexión y unión familiar, “todo es paz y armonía”, que la familia se reconcilia y que los conflictos disminuyen; sin embargo los delitos sí ocurren, pero no siempre se denuncian, ya que tristemente las familias prefieren “no arruinar las fiestas”, se evita señalar a un agresor frente a otros integrantes de la familia, el consumo del alcohol nubla el juicio e inhibe la denuncia y, sobre todo, un factor que no debemos dejar de observar es que especialmente los niños y las niñas suelen revelar lo que vivieron tiempo después, cuando regresan a sus espacios seguros como la escuela o con un adulto de confianza.
Una baja en las denuncias no debe interpretarse como una reducción real en la violencia doméstica; de no prevenirse, el impacto se verá reflejado en los meses próximos.
Consejos prácticos para el cuidado de nuestras niñas, niños y adolescentes
• Acordar límites claros ayuda a reducir riesgos. Algunas recomendaciones:
• Definir quién estará a cargo del cuidado de las niñas y niños.
• Establecer qué adultos NO deben quedarse solos con ellos.
• Si la pareja consume alcohol, decidir quién mantendrá la responsabilidad del cuidado.
• Determinar dónde dormirán los niños si familiares se quedan en casa.
• Observar cambios en su comportamiento: gestos incómodos, silencio prolongado, llanto inesperado o rechazo a permanecer en la reunión.
• Acompañarlos al baño o a lugares apartados.
• Evitar que algún adulto tenga acceso a ellos sin supervisión.
• Confiar en tu intuición: si algo te incomoda, aléjate, cambia de espacio o retírate.
• Tener siempre un plan de salida: transporte, apoyo de una amiga o vecina.
Rol de las autoridades
Las corporaciones de seguridad, especialmente las áreas de atención a víctimas, tienen un rol fundamental en estas fechas, porque son quienes pueden fortalecer la primera respuesta y desde una atención con perspectiva de género deben evitar minimizar la violencia por ser “asuntos familiares” o por consumo de alcohol, escuchar sin juzgar, ya que la temporada no debe convertirse en justificante para omitir responsabilidades institucionales.
Las fiestas decembrinas pueden ser un espacio seguro o de riesgo, dependiendo de la conciencia, la prevención y la actuación de familias, comunidades y autoridades. La protección de mujeres, niñas, niños y adolescentes no debe pausarse por las celebraciones; al contrario, diciembre exige mayor sensibilidad, coordinación y vigilancia.
Un entorno seguro se construye con información, límites claros y voluntad colectiva.

