14 abril, 2026

Don Germán, la voz que mantiene viva la tradición de Nunkiní

HAROLD AMÁBILIS

NUNKINÍ.- La madera cruje bajo los pies del presentador. Arriba, en el tablado artesanal, un hombre ajusta el micrófono mientras las primeras luces del pueblo empiezan a encenderse. Alvino Germán Colli Haas, conocido por todos como Don Germán, no necesita guion. La tradición corre por sus venas, su talento le precede, su vida ha marcado grandes momentos de la vida social nunkiniense, mucho antes de ser reconocido como la voz oficial de esta comunidad campechana.

Su historia comienza en un punto donde la devoción religiosa se encuentra con la fiesta popular. Las autoridades de Nunkiní observaron en él a un servidor capaz de narrar las corridas de toros en honor a San Diego de Alcalá, el santo patrono. Tenía 34 años cuando recibió la primera invitación. No hubo ensayos previos ni manuales de estilo, solo la certeza de que sabía escuchar el latido de su pueblo.

La preparación de Germán para llevar el micrófono no nació en un salón de clases, sino en el mundo de la música. Integró un grupo impulsado por el promotor cultural Eufracio Pech Santana, quien detectó en él cualidades para el canto y la animación.

Al principio el miedo lo paralizó. Recuerda una presentación en la comunidad de Miguel Alemán, al sureste. Minutos antes de subir al escenario, le preguntó a su maestro dónde había amarrado el contrato. Al escuchar que era lejos, sintió alivio. Pero el nerviosismo regresó al llegar. Vio a una pareja de paisanos entre el público y se le borró por completo la letra ensayada. La música siguió sonando y el maestro Eufracio rellenó con su saxofón la parte que Germán había olvidado.

Terminado el primer bloque, el profesor no lo regañó. Lo abrazó y le dio una lección que nunca olvidaría. Le pidió que mirara a las personas pero que enfocara la vista más allá de sus rostros, como si atravesara el miedo. Ese consejo se convirtió en el cimiento de su presencia en el micrófono. Con los años, Don Germán aprendió a escuchar a otros conductores, a observar las corridas de toros por televisión y a adaptar lo útil sin perder su esencia.

El salto a los escenarios profesionales llegó junto a Los Socios del Ritmo. La agrupación notó el talento de Los Atlánticos, donde Germán inició su carrera junto a jóvenes sin compromisos familiares. La relación creció rápidamente. Fueron invitados en cuatro ocasiones a la Ciudad de México. En los primeros viajes se hospedaron en hoteles, pero después fueron recibidos en la casa de sus anfitriones. También participaron en presentaciones en Oaxaca, donde alternaron en bailes populares.

Durante esa etapa, Don Germán grabó varias canciones. Su favorita es Mi barquito parrandero. Cada vez que la escucha, admite que no puede contener la emoción. También participó en temas como La mujer primaveral y formó un dúo con el músico tabasqueño Martín Hernández. 

El encuentro con Chico Che ocurrió en el Jardín Coca-Cola de Campeche. El intérprete se mostró cercano con Los Atlánticos, destacó su disciplina, escuchó su repertorio y elogió el sonido del merequetengue, en especial la canción La guayabera azul, compuesta por el maestro Eufracio. Chico Che les confesó su intención de grabarla y pidió autorización al compositor, quien aceptó; sin embargo, muerte del artista impidió concretar ese proyecto.

Tras la partida del maestro Eufracio, Los Atlánticos se disolvieron. Años después, Don Germán se integró a N3, donde vivió otra etapa relevante de su carrera musical. Su desaparición le afectó profundamente, pues consideraba que había gran talento en ese proyecto.

La primera vez que Don Germán condujo el carnaval de Nunkiní ocurrió en una coyuntura especial, cuando el profesor Bernardo Cantún Tzec, asumió la presidencia municipal y Don Germán trabajaba como su secretario. El carnaval se encontraba muy deteriorado, con los barrios del gato negro y San Román jugando por separado, lo que generaba incidentes violentos. El presidente convocó a los representantes de ambas comparsas, les negó el permiso para celebrar por separado y los unificó en el palacio municipal, donde además contrató música en vivo. Don Germán tomó el micrófono por primera vez para narrar el carnaval desde el palacio, pidió a la gente guardar postura y disciplina, y el resultado fue una celebración inolvidable, el salón de bailes se llenó, la gente participó con entusiasmo, se premió a los primeros lugares y todos los carros alegóricos recibieron incentivo económico y una plancha de cerveza.

El ámbito eclesiástico siempre ha estado presente en la vida de Don Germán. Cada año conduce las corridas de toros en honor a San Diego de Alcalá por encomienda del Consejo Parroquial.

Nunca ha cobrado por ese trabajo. Recibe un pago simbólico, pero asegura que lo hace por convicción y por la tradición de su pueblo. 

El legado de Alvino Germán Colli Haas no está en archivos ni placas. Se mantiene en las fiestas, en la música y en la memoria colectiva de Nunkiní.  Él mismo lo resume con una imagen sencilla; cuando alguien llega a entrevistarlo, realiza un viaje por el pasado, el recuerdo y la cultura de su amado pueblo. En el momento de agarrar el micrófono, arriba del tablado o en medio del carnaval, todo le viene en el instante preciso. La memoria no es un archivo. Es un músculo que se activa con el aplauso, el olor a pólvora y la certeza de que su pueblo todavía quiere escuchar su propia historia.

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