Don Jesús Martínez es parte de la historia… – Así nos vemos
19 Sep. 2025
Edgar Prz
Hace pocos días escribí “Se nos está yendo la historia”, y con el fallecimiento del primer Gobernador Constitucional, el tiempo nos da otra sacudida.
Estamos en riesgo inevitable de hablar y escribir sobre personajes que ya no están entre nosotros: hombres que, con su actuación, marcaron rumbo, pusieron cimientos e iniciaron la edificación de nuestras instituciones y la creación del marco legal donde nos desenvolvemos. En los últimos meses han partido dos diputados constituyentes, Gilberto Pastrana Novelo y Mario Bernardo Ramírez Canul, así como el primer gobernador, don Jesús Martínez Ross. Varias generaciones tuvimos la dicha y fortuna de conocerlos, de tratarlos y comprobar la grandeza de sus compromisos con el estado.
Fueron compañeros y camaradas de la misma lucha, del mismo afán, con la reciedumbre de la Selva Maya, que los alentó a dar lo mejor de sí. Con el paso de los años constatamos la dimensión de sus trabajos: lo que un tiempo fue preocupación, ahora es bienestar. Su imaginación no estaba exenta de fantasía, pero eran tiempos en que nadie se imaginaba cuánto crecería y cambiaría el estado en tan poco tiempo. Eran hombres forjados en la templanza del carácter y con una enorme ilusión por servir. Veían el servicio público como un ente transformador, un vehículo que transportaba apoyos, atendía demandas y, lo más importante, resolvía favoreciendo el bien común. Muy lejos de sus pensamientos estaba el egoísmo y la concentración de riquezas. Se trabajaba por ideales, lealtad y utilidad; al final de sus jornadas, la vida les devolvió paz, tranquilidad y reconocimiento, lo que les ganó el aprecio del pueblo y les conservó su dignidad y prestigio, que tanta falta hace a varios políticos de ahora.
Don Jesús Martínez Ross tuvo el valor de afrontar retos inmensos. Le tocaron aguas turbulentas; se carecía de todo, incluso de clase política. Tuvo el acierto de concentrar e invitar a participar a jóvenes brillantes y talentosos que compartían la dicha de construir para su estado. Es el arquitecto del andamiaje institucional. Supo armar y dirigir un equipo en el que todos tenían una posición y debían entregar resultados. No había tiempo para zalamería ni complicidades; el estado estaba como un bebé creciendo y había que confeccionarle sus uniformes. Por ello, su actuación es de otras dimensiones.
Don Jesús se distinguió por muchas razones: su carácter jocoso, amigable, su picardía para analizar los temas políticos, su bonhomía con sus amigos, y su cariño hacia la familia. Pero su mayor peculiaridad es que siempre fue el mismo; ni el peso de la historia que cargaba lo hizo cambiar. Era sencillo, platicador, atento y muy puntual al emitir sus opiniones. Don Chucho, como le decían de manera coloquial, era de buena madera. De esos tipos que la adversidad no vencía, los pantanos no se lo tragaban. Tenía estrategias y, por su formación como abogado y su destreza política, conocía la manera sutil de gobernar y practicar política de altura, no de albarrada.
La convivencia con el pueblo lo nutría. Durante su mandato, él y su familia vivieron en la parte alta del Palacio de Gobierno. En esa época, Chetumal abría sus brazos y la influencia caribeña se dejó sentir. Byron Lee, icono del reggae, calipso y soca, visitó un par de veces la capital del estado y además puso de moda el ron Appleton; fue su confidente personal en muchas tertulias. En unas Fiestas Patrias, la invitada fue la mejor crotalista del mundo, Sonia Amelio; y, para beneplácito del público, un 15 de septiembre trajo al mejor mariachi del mundo, el “Mariachi Vargas de Tecalitlán”. Cada fiesta tenía un invitado especial según la fecha. Ahora, ya no hay respeto por las fiestas patrias. Los tiempos cambian, pero dan la impresión de no ser para mejorar, sino para no avanzar.
Don Chucho se apoyó en su sapiencia; no había tanta tecnología como ahora. Por eso, hoy los chetumaleños y, en todo el estado, lloran y lamentan la partida de uno de sus más prodigiosos hijos.
Don Jesús fue el verdadero padre del estado; le tocó ver el nacimiento, registrarlo y cuidarlo en sus primeros pasos. Por eso Quintana Roo es un estado vigoroso, fuerte y exitoso. Los psicólogos dicen que la infancia marca: los niños felices desde sus primeros años tienen la obligación de ser buenos ciudadanos.
Don Jesús ha partido, pero nunca podrá irse del todo; la historia le tiene asignado un sitio especial. En todo el estado dejó huella. Es más, en Holbox, que en esos años la magia aún no le había llegado, inició su campaña a la gubernatura. Era el sitio más alejado de la capital, y ese detalle le dio relevancia; los holboxeños nunca lo olvidan. Una propuesta sería que nuestra historia reconozca a los héroes locales, y que su nombre lo lleve algún municipio. Si a Playa del Carmen le quitaron Solidaridad, nada es imposible: solo cuestión de voluntad. Nuestra historia no necesita prestar héroes; tenemos y bastantes, ¿no lo cree usted?
Hoy su lema de campaña se yergue, ondea en todos los rincones como un recordatorio permanente: “Hagamos todos, todo por Quintana Roo”.
Mejor seguiré caminando y cantando: “El final se acerca ya, lo esperaré serenamente, ya ves; yo he sido así, te lo diré sinceramente. Viví la inmensidad sin conocer jamás fronteras, jugué sin descansar y a mi manera”.















