Cuando se trata de una agenda política para el Estado se consideran varios factores obligados para no cometer los mismos errores, o mejor aún, para no equivocarse, pues no es lo mismo cometer un error que equivocarse.
Una agenda política de temas comienza por analizar y entender qué es lo que pasa en el nivel federal, qué línea tira el presidente en los temas de interés personal y político, considerando la coyuntura en la que estamos los quintanarroenses; por poner un ejemplo, el caso de la militarización de la seguridad pública, pero también existen temas no menos importantes que están por encima y trascienden cualquier sexenio, como son los casos del turismo y del medio ambiente.
Si se mira más localmente, la agenda política de temas puede partir de las asignaturas pendientes que dejaron los antecesores y observar cómo a pesar de los problemas —ya muy conocidos— de los municipios como son la inseguridad, la postpandemia, el abandono al sistema de salud, el retroceso en materia de educación, la inseguridad, la violencia, la ausencia de obra pública, la falta de alumbrado público y semaforización, la pésima recoja de basura y un amplio etcétera enmarcado en el clásico “todo está concesionado porque el Estado no puede brindar estos servicios que por ley y juramento le corresponden”.
Otros temas obligados a considerar son el incremento de precios de los productos de la canasta básica, la gasolina y, en general, todo lo que provoca un generalizado malestar contra las autoridades, que asumen posturas triunfalistas y festivas en momentos inapropiados, como cuando miles de familias viven un mal momento económico en el día a día, insatisfacción y frustración social, es decir, hay un amplio rosario de temas por enlistar y atender con urgencia; muchos se confunden con “buenos momentos” en la ya de por sí frívola agenda de actividades sociales y calendario cívico en los que suelen refugiarse y abrigarse todas nuestras autoridades, claro, para no atender lo importante ni lo urgente y así sucesivamente, cada municipio y cada región de nuestro estado demandan una atención de fondo, no se puede continuar sin entender esto.
Para muestra un botón: el daño ambiental ya perpetrado —por más de 20 años— y el que se sigue cometiendo con los basureros, tiraderos a cielo abierto y en el mejor caso rellenos sanitarios con celdas o geomembranas caducas y sobreexplotadas, concesiones leoninas a amigos y socios, lo que ha generado un silencioso y poco visible ECOCIDIO, que ya tiene repercusiones graves en la salud de los que aquí habitamos y pronto brincará a quienes nos visitan, LOS TURISTAS.
El hecho de que este desastre ambiental no se vea no quiere decir que no exista, que no se hable del tema ni que no se deba atender en calidad de prioritario en la agenda política; es decir, ponerlo en las reuniones con el presidente Lopez Obrador, tal vez hasta pueda ser considerado tema de seguridad nacional, dado el riesgo para las divisas turísticas del país.
Creemos que los tiempos han cambiado y que los ciudadanos ya están muy cansados de más de lo mismo, se nota en las fotos oficiales, en la logística, en la desgastada gesticulación perdonavidas que funciona un rato, pero a la hora de tomar decisiones o de dar resultados sale sobrando y con el tiempo mata la esperanza, es por eso y ahí radica la importancia de una agenda de Estado, que imprima seriedad y fuerza al gobierno.
A veces lo que más lastima el tejido social es el temor al más de lo mismo, a ese dicho popular: “Es lo mismo de siempre pero más barato”.

