12 agosto, 2026

El agua no espera… y los cancunenses tenemos sed

GERARDO RUIZ

CANCÚN.- La noche del 8 de julio de 2026, vecinos de la Supermanzana 255 Paseo Nikte salieron a las calles para exigir algo tan básico como el acceso al agua potable. El cierre de vialidades en Arco Norte y al interior del fraccionamiento fue el reflejo de una problemática que lleva años creciendo y que, hasta hoy, sigue sin una solución de fondo.

Lo ocurrido no fue un hecho aislado. Desde 2023, los problemas de presión, continuidad y calidad del servicio de agua potable se han vuelto cada vez más frecuentes en Paseo Nikte. Durante este tiempo se han presentado escritos, solicitudes y peticiones ante distintas autoridades, sin que las familias vean una mejora real.

Con el propósito de llevar este problema a la máxima tribuna del Ayuntamiento, presenté una Silla Ciudadana para que el Cabildo abordara el impacto que la falta de agua tiene sobre la población.

No se trata únicamente de la incomodidad de no poder lavar ropa o realizar las labores del hogar. El desabasto afecta con mayor severidad a quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad: personas con discapacidad, adultos mayores, niñas, niños y quienes requieren agua para tratamientos médicos o necesidades básicas de higiene.

Como parte de esas gestiones, el pasado 16 de junio de 2026 recibí la respuesta contenida en el oficio MBJ/22/01/02/0587/2026, emitido por la Secretaría Municipal de Obras Públicas y Servicios. En dicho documento se informa que no existe registro de obra pública ni de algún proyecto aprobado relacionado con infraestructura hidráulica o abastecimiento de agua para la Supermanzana 255. Asimismo, señala que la competencia en materia de agua potable corresponde a la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado y, en su caso, al concesionario responsable del servicio.

La respuesta puede definir competencias administrativas, pero no resuelve el problema que enfrentan diariamente cientos de familias.

Administraciones van, administraciones vienen. Cambian los funcionarios, cambian los discursos y cambian las promesas. Sin embargo, los problemas permanecen y, en muchos casos, se agravan.

El agua no distingue colores partidistas, ideologías ni tiempos electorales. Su ausencia afecta por igual a quien madruga para ir a trabajar, a quien cuida de un familiar enfermo, a quien vive con una discapacidad y a quien simplemente espera abrir una llave y encontrar un servicio por el que puntualmente paga.

La indignación de los vecinos no surgió de una sola noche sin agua. Es el resultado de años de omisiones, de respuestas que trasladan responsabilidades entre instituciones y de soluciones que nunca llegan.

El acceso al agua potable no puede seguir dependiendo de la paciencia de los ciudadanos. Es un derecho humano y una obligación que las autoridades deben garantizar con acciones concretas, planeación e inversión.

Porque mientras los oficios cambian de escritorio y las responsabilidades pasan de una dependencia a otra, las familias siguen esperando que, al abrir la llave, finalmente salga agua.

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