Gerardo Ruiz
Gobernar también consiste en administrar el tiempo.
Sin embargo, durante décadas hemos confundido gobernar con reaccionar. Esperamos a que aparezca el problema para entonces buscar una solución. Cuando falta el agua, se envían pipas. Cuando una avenida colapsa por el tráfico, se anuncia su ampliación. Cuando una colonia se inunda, se realizan trabajos de desazolve. Cuando el sargazo rebasa la capacidad de respuesta, se implementan operativos emergentes.
Todas esas acciones tienen algo en común: llegan después.
Y cuando una solución siempre llega después, deja de ser una estrategia para convertirse en una reacción.
Gobernar no debería significar vivir apagando incendios. Debería significar evitar que comiencen.
Durante décadas hemos aceptado una forma de gobierno que parece instalada en un estado permanente de emergencia. Una administración dedica buena parte de su tiempo a resolver los problemas heredados por la anterior, mientras deja nuevos problemas para la siguiente. Así se construye un círculo que termina normalizando la crisis.
El resultado es una ciudad que aprende a adaptarse a las carencias.
Nos acostumbramos a esperar el agua de madrugada. Nos acostumbramos al tráfico. Nos acostumbramos a los baches, a las inundaciones durante la temporada de lluvias y a que una persona con discapacidad tenga que luchar por derechos que deberían estar garantizados desde el diseño mismo de la ciudad.
Pero una sociedad no debería acostumbrarse a vivir reaccionando.
Cancún es hoy una ciudad con más de un millón de habitantes. Ya no puede gobernarse únicamente con intuición, ocurrencias o respuestas improvisadas. Debe gobernarse con información, evidencia, planeación y capacidad de anticipación.
Hoy existen herramientas para proyectar el consumo de agua, modelar el crecimiento urbano, prever congestionamientos, monitorear el comportamiento del sargazo, identificar zonas de riesgo antes de que ocurra una emergencia e incluso diseñar estrategias para enfrentar los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar y su impacto sobre nuestras playas.
Eso no es futurismo. Es gobernar con visión.
La pregunta ya no es si podemos anticiparnos. La verdadera pregunta es por qué seguimos esperando a que los problemas estallen para empezar a actuar.
Gobernar también significa trabajar en distintos horizontes de tiempo: resolver los problemas del presente, prevenir los del corto y mediano plazo y preparar a la ciudad para los desafíos de las próximas décadas.
Porque Cancún seguirá creciendo. Llegarán más habitantes, aumentará la demanda de agua potable, crecerá el parque vehicular, evolucionarán las necesidades de movilidad y surgirán nuevos retos ambientales y sociales. Todo eso puede estudiarse. Todo eso puede proyectarse. Todo eso puede planearse.
Lo que no puede seguir ocurriendo es esperar a que el problema sea insostenible para reconocer que existía.
Escenas como el cierre de calles por la falta de agua, las protestas cada vez más frecuentes o incluso los intentos de hacer justicia por propia mano serán cada vez más comunes si quienes se dedican a la política siguen pensando únicamente en la próxima elección y no en las soluciones que necesitará la próxima generación.
Mientras la política siga concentrada en la próxima elección, la ciudad seguirá pagando el costo de problemas que debieron resolverse pensando en la próxima generación.
Un gobierno que siempre llega tarde deja de construir el futuro para limitarse a administrar las consecuencias del pasado.
El siglo XXI exige una nueva forma de gobernar. Una que combine planeación, tecnología, inteligencia artificial, análisis de datos y, sobre todo, la capacidad de escuchar a la ciudadanía antes de que una crisis la obligue a levantar la voz.
Porque el mejor gobierno no es el que resuelve más problemas. Es el que evita que esos problemas ocurran.
Si tú pudieras ver lo que yo escucho, escucharías una ciudad que no necesita más gobiernos expertos en reaccionar. Necesita gobiernos capaces de anticiparse. Porque el futuro no pertenece a quienes mejor administran las crisis, sino a quienes tienen la visión para impedir que esas crisis lleguen a convertirse en la normalidad.
Gerardo Ruiz es director de la Red Ciegos Quintana Roo
X: @gruizcun

