Edgar Prz

Agazapado en la oscuridad, cual murciélago de Kantemó, confiado en que no lo rechazarían por la euforia colectiva de los festejos decembrinos y arropado por personajes que se ostentan con concesiones partidistas, pero asumen funciones de señores feudales, así es como se atrevió el pequeño Chiquidrácula a rendir su Informe de Labores Legislativas, en un lugar al que nunca ha pertenecido, al que desconoce por completo, solamente motivado por sentirse emperador en una parte del paraíso de Quintana Roo: el municipio de Tulum…

Una verdadera afrenta al pueblo, un descaro con tintes de irreverencia, un protagonismo exacerbado digno de una revista de espectáculos. Anda algo errado el señor diputado Enrique “Kike” Vázquez. Tulum no es tierra por descubrir; Tulum tiene muchísimos más años de existencia y él, con poco más de dos décadas de vida, vino a columpiarse en los bejucos ancestrales, los cuales mecen sus dos padrinos: Ricardo Monreal y el líder sindical de moda, Pedro Haces. Súmele que hicieron una demostración de fuerza con tintes excesivos de peso político: Marcelo Ebrard, Manuel Velasco y otros lo acompañaron en la obra de teatro llamada Primer Informe de Labores Legislativas. Vino a informar, según él, lo que hizo en el periodo legislativo pasado; nunca dijo algo relevante, algo que esté incidiendo en el municipio, nunca se preocupó por la crisis de Tulum y ahora sí, inspirado en las historias de Roberto Palazuelos, se le hizo fácil presentarse en donde es un desconocido y arengar que desde San Lázaro está preocupado por los tulumenses.

¿Por qué no apoyó las demandas ciudadanas cuando el pueblo se levantó contra las afrentas de la administración del Parque El Jaguar? ¿Dónde estaba, que no se enteró? ¿Y el tema de la inseguridad cotidiana que se vive? ¿Por qué no ha levantado la voz? No lo ha hecho porque desconoce la realidad, nunca ha vivido en Quintana Roo; quizás solo sea un “turista político”, pero nunca ha sido residente.

Vino a buscar cobijo y lo encontró desmantelando lo que quedaba de la estructura de Marciano Dzul, quien, si viviera, no solo lo hubiera correteado, sino hasta cintareado. Empleó sus encantos para acercarse a la diputada Silvia Dzul y la acompañó a la posada y a otro evento donde entregaron dádivas. Cree que con esos actos ya es merecedor de una candidatura; una vergüenza, muy gandallesca su actitud…

Tulum no está en venta, menos es tierra de conquista. Les costó mucho a sus habitantes conseguir el espacio y lugar que ahora tiene. Tulum es una tierra de esfuerzo y sacrificio que no está en busca de un conquistador, ni merece que cualquier “sujeto”, solo por ser cercano al poder, pretenda venir a vender espejitos. Esos tiempos ya pasaron; ahora se requiere gente comprometida, gente con vocación de servicio, gente que conozca sus fortalezas y también sus debilidades, gente que sepa que todo se gana luchando y no es un premio al azar.

Por ello, la indignación ciudadana, la molestia del pueblo ante tal atrevimiento de pretender ser candidato a algo. Tulum tiene hijos preparados, capaces, inteligentes, y no requiere inventar fantasmas ni ser premio de caza, menos botín de filibusteros que se creen con merecimientos para decidir el futuro de un pueblo. Pretende emular la figura del Dios Descendente que se encuentra plasmado en las construcciones de la Zona Arqueológica de Tulum. Ese es un dios, no un don nadie como del que hablamos…

Tulum debe ser dirigido por su gente; hay muchos problemas por resolver como para ser trofeo que se le entregue a la burda copia del nuevo Maximiliano de Habsburgo. Son tiempos de responsabilidad, no de experimentos vanos ni saltos al vacío. Tulum es de los mayas y hay que decirlo fuerte: si antes se defendió contra los invasores, ahora se puede repetir. No despierten al maya dormido, luego no lo soportarán, ¿no lo cree usted?

Además, la Constitución y la Ley Electoral, en el artículo 10, son muy claras en sus preceptos: exigen un tiempo determinado de residencia, cinco años mínimo, para ser candidato a algún puesto municipal de elección popular. El interfecto en mención no cuenta con ese requisito ni tiene credencial de elector de Quintana Roo. Ojalá sus padrinos no pretendan torcer la ley evadiendo este requisito; es vox populi su proceder. Tengan mucho cuidado, ¿acaso miento?

Mejor seguiré caminando y cantando: “¿A qué le tiras cuando sueñas, Vampirín, a hacerte rey o virrey de Tulum?”….

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