Edgar Prz

Noviembre no pinta para ser un mes favorable al gobierno. Desde el primer día, con la “Tragedia de Uruapan”, en donde victimaron a un personaje sobresaliente, a un defensor de las causas justas, a una voz que no tenía miedo ni a la muerte, quien al final, de manera dramática, se lo llevó. Las reacciones por este cobarde asesinato no tardaron en presentarse: se encendió la mecha ante tanta pólvora regada y dieron inicio las manifestaciones, las marchas, los plantones; no se pudo detener el vandalismo en el Palacio de Gobierno en Michoacán. Parecía que el cielo caía sobre el partido en el poder, un escenario digno de Lope de Vega en su obra “Fuenteovejuna”.

Carlos Manzo, un singular personaje que había sido diputado federal por Morena, donde nunca recibió solidaridad para su causa, renunció a ese partido y, como candidato independiente, ganó la Presidencia Municipal de Uruapan. Siempre estuvo solicitando ayuda y apoyo para pacificar la zona, para devolverle la tranquilidad a la población, a los productores, a los empresarios, a las mujeres y a las familias que ya no soportan tanto olvido.

El sistema —lo he repetido innumerables veces— no se mide para preservar su “status quo” cuando siente peligro, cuando se ve amenazado, cuando las aguas y las pasiones se desbordan. En esos momentos no hay sentimentalismos que valgan, no hay nada que pueda oponerse, nada capaz de fracturar al sistema; por ello, a los incómodos simplemente los desaparecen, los mandan asesinar, como ocurrió hace 31 años con Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas.

Ahora le tocó el turno a Carlos Manzo, una verdadera onza de oro, un hombre que, a pesar de las amenazas y de las continuas intimidaciones, siguió trabajando y exigiendo lo justo para su pueblo. Nunca se dejó amedrentar ni le tuvo miedo; al contrario, le sobraba valor para enfrentar las consecuencias de sus actos. En pleno Festival del Día de Muertos, cuando recorría los stands instalados en los jardines del Parque Principal, en compañía de su esposa y sus hijos, al inclinarse para encender una veladora, el matón a sueldo le disparó por la espalda, perforándole los pulmones. De inmediato cayó de bruces; nada se podía hacer, su corazón dejó de latir y con él moría un personaje, pero surgía la leyenda del Movimiento del Sombrero.

La catapulta de exigencia de justicia se dejó sentir: el enojo, la molestia, la frustración y la decepción por las actuaciones de la Presidenta y del Gobernador del Estado, quienes no lo apoyaron y, si lo hicieron, fue a cuentagotas, sabiendo que esas son zonas núcleo para los cárteles y, como decía el gran José Alfredo Jiménez, la vida no vale nada: comienza siempre llorando y así, llorando, se acaba.

De inmediato, el gobierno federal, haciendo gala de su habilidad, puso en marcha el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia —qué casualidad— que consta de 12 ejes centrales. Lo interesante del asunto es por qué esperaron tanto tiempo para hacerlo. ¿Por qué después de muerto Manzo, de inmediato, el gobierno los voltea a ver y los toma en cuenta? ¿Por qué tanto olvido, desprecio y desdén? ¿Era necesario matar a Manzo para que fluyeran los recursos? ¿Acaso el gobierno solo reacciona cuando hay alguna acción?

Todos esos intentos son parte de la “caja china”, son distractores para capear el temporal de quejas y reclamos en todas las redes sociales y medios de comunicación; es un paquete para desviar la atención de los verdaderos problemas. De inmediato se activó la puesta en escena de la obra de teatro. Es más: muchos dudan que haya sido cierto lo del “Tallarín incómodo” a la Presidenta, lo del supuesto acoso y toque de su atractivo femenino.

Ya que su seguridad —de ser cierto— estaría en serios problemas de distracción, además de que de nada han servido las supuestas campañas de protección a la mujer, ya que el acoso continúa. No pueden ni deben darse el lujo de que cualquier ciudadano no solo penetre al círculo íntimo, sino que le pegue un roce, la intente manosear al ritmo de los Gatos Negros con “Carmen, se me perdió la cadenita”. Muchos no creen esa versión; hay quienes dudan de la veracidad de la información. Se miente tanto y en repetidas ocasiones que parece el cuento de “ahí viene el lobo, ahí viene el lobo”, y era mentira; cuando vino de verdad, nadie le creyó…

El gobierno federal está en serios problemas: hay “pérdida de confianza”. La gente ya empieza a levantar la voz, ya está despertando del cuento de hadas y príncipes. “El pueblo pone y el pueblo quita” era una cantaleta muy usada por el anterior mandatario; ahora suena como una pesada losa, como un bumerán en pleno retorno. ¿Y dicen que el karma no existe? ¿Será verdad?

Mejor seguiré caminando y cantando: “Cuántas cosas por decir, pero tú no te propones. No lo entiendo, todo va quedando así, siempre estás como si nada. Me confunde tu mirada. Ni un roce y yo queriendo, ni un roce y yo soñando, ni un roce y yo buscando, ni un roce y yo queriendo…”

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