Edgar Prz

En los últimos años, la “política de la misericordia” ha sido una práctica muy recurrente. La mayoría de las y los nuevos integrantes de la clase política sienten que esa práctica malsana les asegura un espacio y les otorga el grado de “pedigree” necesario para formar parte de algún gabinete o aspirar a algún cargo de elección popular.

Basta revisar las redes sociales para ver cuántos nuevos alumnos de esa asignatura están tomando el curso. Muchos han basado sus estrategias escalafonarias en regalar bastones, muletas, andaderas, burritos, alguna silla de ruedas, como si fueran apóstoles del Dios de las Discapacidades…

Con estos actos piensan que la gratitud que ofertan les abrirá las puertas de la política y les asegurará su entrada al cielo. Ilusos: la historia nos recuerda que no hay que medrar con el dolor ajeno, ni debe uno aprovecharse de la discapacidad de otro. El cinismo lo traen de tal manera que apenas regalan algo viene la foto para subirla a las redes; son unos aprovechados, traficantes de la mendicidad, comerciantes del dolor, que sin importarles las carencias de unos, aprovechan para demostrar su “preocupación” por los que nada tienen.

El gobierno tiene varias instancias para canalizar esos apoyos: la Beneficencia Pública, el DIF y otras dependencias. Estos pillos solo los tramitan y los entregan como si ellos en verdad dieran el apoyo. Sería de gran utilidad que se eliminen a estos coyotes ortopédicos, que se les deje de proveer de artículos, ya que lucran con estos apoyos. Hay que ser más estrictos y sería de beneficio que publiquen los requisitos, la ubicación de las oficinas y den a conocer la lista de nombres de esos mercaderes del dolor, para señalarlos, exhibirlos y denunciarlos por su atrevimiento y desfachatez.

Sus actuaciones han denigrado la política. Regidores, actores políticos y funcionarios se sienten “hijos de la Madre Teresa” y andan por las calles empedradas repartiendo artículos que no les cuestan; esa es su “manera de hacer política”…

Hay indignación entre la gente. Les expondré un caso verídico de una familia de la comunidad de San Francisco Aké, municipio de Felipe Carrillo Puerto. El joven Román Nah Bass nació con una discapacidad motriz; de niño se arrastraba como culebrita, lo tenían como un animalito en su casa, ya que no podía caminar, y sus padres campesinos, con muy escasos recursos económicos, nunca alcanzaron para comprarle una silla de ruedas.

A los 3 años sus rodillas se le partieron por andar arrastrándose y entonces su papá cortó un palo y lo enseñó a caminar. Fue un gran alivio, ya que eso le permitió conocer el mundo, ya podía salir más allá de su patio. Román es el segundo de 8 hijos y cuenta ahora con 49 años; está casado desde hace tres años con Damiana Pat, quien es sordomuda. Antonia Bass, la madre de Román, de 82 años, presenta severos problemas en ambos oídos.

Todos ellos se han cansado de acudir a las oficinas de gobierno, de mandar oficios, de gastar en vano, de consultar en las Caravanas de Salud y, hasta el día de hoy, no han recibido ningún apoyo. Candidatos van, autoridades vienen a su pueblo y ninguno, léalo bien, ninguno se ha tentado el corazón para atenderlos. Solo piden una silla de ruedas para él, su mamá un par de aparatos auditivos y su esposa que la atiendan, la chequen y, si es posible, le den tratamiento. Eso es todo lo que piden, y llevan una vida en esa misión de solicitar y parece que su petición la hacen al vacío.

¿Cuánto gasta el gobierno en campañas publicitarias? ¿Cuánto gasta el gobierno donando millones al Teletón? ¿Cuánto se gasta en las Caravanas de Salud? ¿Cuándo el gobierno dejará de ser candil de la calle y oscuridad en su casa? ¿Cuándo el gobierno atenderá a los más vulnerables, a los necesitados, a los que sufren y requieren los apoyos, y no ser usados como personajes para las fotos que satisfacen los egos personales de los nuevos politiquillos?

Román es un hombre de carne y hueso que requiere ser tomado en cuenta. Ya basta de usar a esta gente como carne de cañón electoral. Román no puede trabajar por su condición de discapacidad y vive solo con la pensión de 3,500 pesos, al igual que su esposa Damiana. Ellos sí sufren las injusticias de la vida y el olvido ha sido su acompañante por cerca de cinco décadas. Anda con un palo de lemuy (madera dura), al cual le ha adaptado un pedazo de hule de llanta para evitar derrapar, aunque por su condición se ha caído y lastimado.

La propuesta sería que se haga una “vaquita” entre los que decidan apoyar y se le compre su anhelada silla de ruedas, o si alguien tiene alguna que no use se la puede donar. ¿No lo cree justo usted?

¿Será que San Francisco Aké está muy lejos de Dinamarca? ¿Usted qué dice?…

Mejor seguiré caminando y cantando: “Sé que no basta con llorar y ponerme de rodillas y pedirles perdón o con contarles de mi dolor”…

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