Edgar Prz
En donde las cosas se están horneando y parece que no hay control es en la dirigencia estatal del PAN. Se había vaticinado, pronosticado, alertado a la escasa militancia del peligro de seguir sosteniendo a Reyna Tamayo y, aun así, con el “apadrinamiento” que tenía, los convenció y votaron por ella para su reelección; dejaron fuera de la jugada a una mujer luchadora, de formación panista, con prosapia, de origen, de base, conocedora de las entrañas del partido, capaz, inteligente, mesurada, prudente, la abogada Susana Martínez Cárdenas.
Quien también sufrió las consecuencias del “fuego amigo”: sus propios compañeros le cerraron las puertas de acceso a la dirigencia al no alcanzar el número de respaldos requeridos por la convocatoria de registro, manejada a modo por la cuestionada Reyna Tamayo.
Ahora, varios liderazgos municipales han despertado; se están dando cuenta de que “nunca las segundas partes serían buenas”. Están en franco arrepentimiento de su error, están decepcionados, frustrados, viendo que todo lo que su Reyna les prometió era puro aire, espejismo, castillos imaginarios, ilusiones ficticias; ahora sí le darán la espalda.
Están en una etapa de exigencia, de cuentas claras, de transparencia, de la clarificación del destino de los recursos, del uso indiscriminado de las “prerrogativas”. Son testigos de que no se llena: es la única diputada local con un buen salario y varios apoyos. Los recursos del PAN sostienen su estructura familiar; además, ella decide a quién y cada cuándo los apoya. ¿Se siente chica Súper Poderosa por sus vínculos con el poder, por su concubinato, por su cercanía, misma que ha demostrado en su nula, casi inexistente participación en el Congreso?
Tres municipios ya pidieron y claman por “justicia”, ya “basta” de tanta discrecionalidad, mientras ellos están a punto de fallecer por inanición; ella degusta las buenas viandas y despilfarra los recursos en su seno familiar. Le están recordando que el partido no es de ella, el partido no es de su propiedad, ni es una concesión vitalicia. En lugar de avanzar, el PAN está como en los velorios de los grandes capos: mucha ausencia, silencio, solo el olor a flores y veladoras impregna el ambiente.
Tulum, Cozumel y Felipe Carrillo Puerto ya alzaron la voz, tienen agua hasta en la garganta, están arrepentidos de ese liderazgo nefasto, inexistente, frívolo. Se cansaron de tantas mentiras y la banca donde se sentaban a esperar resultados se cayó, carcomida por el festín de la polilla y las termitas. Sus espaldas de color verde, como la de don Tino Tamayo, que anuncian el pegoste del verdín. Y se preguntan: ¿y la ayuda?, ¿cuándo menos la visita?, ¿la invitación a una reunión nunca llegó? Por eso ahora, sacando fuerzas de la flaqueza, alentados por los pocos panistas que aún les quedan, le han declarado la guerra al reinado de la Reyna ausente.
Martínez Arcila, uno de los últimos líderes panistas que ahora navega en el ostracismo, desde la oscuridad sentenció: “Se acercan tiempos difíciles, de muchas deserciones; el partido está fragmentado, dividido y en esas condiciones pretende encarar el proceso electoral. Reyna ha descabezado al PAN con la ayuda de su Príncipe Consorte Baltazar Tuyub; el PAN es hoy una caricatura, es como esos payasos de circo que ya no hacen reír a nadie. Reyna se convirtió en la sepulturera y ha encarrilado al PAN para su desaparición, hacia la pérdida de su registro, como les sucedió en Coahuila. Con esta oposición más golpeada que el sparring del Canelo, Morena seguirá haciendo de las suyas; no tiene rival al frente a estas alturas del juego”.
Ahora, un panista de viejos tiempos salió de su baúl y sentenció: su simpatía va con otro (adulto mayor). Enumeró sus fortalezas y, con el poco ánimo, se apuntó como un soldado más. Jorge García hace años que no participa de manera activa en política. Fue un excelente panista y, en el umbral de su vida, corre el riesgo de manchar su prestigio.
No supieron aprovechar las circunstancias políticas, fueron gobierno con Carlos Joaquín, no sembraron, no construyeron, no fomentaron cuadros de relevo generacional. Ayer fueron gobierno estatal; hoy están en vísperas del abismo, de perder hasta su registro. ¿Será que se confiaron? ¿Será que abusaron? ¿Será que les gustó vegetar? ¿Será que su concubinato, además de oprobioso, es vergonzante? ¿Será que esta fue su última Reyna con su Rey Mago Baltazar? Pronto las urnas nos darán la respuesta.
Mejor seguiré caminando y cantando: “Se levanta muy temprano, con sus alegres palmadas el gordito en su triciclo, de Imperial Panadería. Mientras Reyna los reparte, pa’ que les dé disentería. Pan, marchanta, pan caliente, mantequilla, pan batido; Reyna lo vende todo al azar, incluyendo al Baltazar”.



