Edgar Prz

Los malos ejemplos circulan con rapidez y se presentan en mentes débiles, atrofiadas, enfermas por la falta de atención de la dirigencia de su partido. En su afán protagónico de llamar la atención, sucumben al menor gesto de provocación.

Lo acontecido el domingo 28 de septiembre en la elección de la dirigencia del Comité Municipal del PAN en Othón P. Blanco demuestra lo carcomida, lo infectada y lo putrefacta que está la militancia de ese instituto político. Fue una verdadera falta de respeto para los ciudadanos que acudieron con la única intención de participar, emitir su voto y elegir un nuevo liderazgo. Lo sucedido refleja la ausencia de tacto político, de sensibilidad de la dirigencia estatal, la orfandad de los panistas y el divorcio entre directiva y militancia. Un partido con tanta prosapia e historia está siendo mancillado por las malas mañas, por las mafias políticas que lo tienen secuestrado, por las inconsistencias, la cerrazón, el odio, el egoísmo y la codicia que transitan con total libertad en su interior.

El problema es el enamoramiento de las buenas viandas, de las luces, del oropel, del grado de “pedigree” que alcanzan los dirigentes con los recursos económicos que trafican. Ese es ahora el principal problema: se han mal acostumbrado y se han apoderado de los caminos que llevan al relevo, permitiendo muy poco espacio, y solo a sus allegados les cae algo de la lluvia de recursos. Son traficantes de influencias, verdaderos barbajanes, y el PAN es un botón de muestra. Reyna Tamayo, presidenta del CDE del PAN, comparte el poder con su esposo Baltazar Tuyub. Parte de su familia está en nóminas de gobierno, de algún municipio o secretaría.

Germán González Pavón, secretario general del Comité Estatal, se desencantó de Reyna en menos de un año. Hay un cisma interno entre ellos, conflictos de interés, descalificaciones y exabruptos. Lo que ayer era colaboración hoy es odio y división. Si las dos cabezas están en pleito permanente, imagínese cómo anda ese partido.

Germán pretendía que su esposa fuera presidenta del Comité Municipal en Othón P. Blanco; su hijo es regidor actualmente. Ninguno se ha destacado por su acendrado panismo ni defiende los ideales de aquellos que convirtieron al PAN en un verdadero contrapeso. Antes aportaban cuadros pensantes, líderes con compromiso social y guerreros preparados para el combate de ideas. Hoy, el pleito es por el dinero.

El PAN está infestado de morenos disfrazados de panistas para tener el control; se notó en esta elección. En varios municipios hicieron presencia a la hora de la votación. Hubo sorpresas: algunos participantes se sentían seguros y no contaban con el rechazo de la gente. El PAN, como otros partidos, vive “una crisis de identidad”; urge una revaloración y auditoría política y financiera para transparentar todo.

Este ejercicio electoral solo tuvo tintes democráticos en la convocatoria. Los nuevos panistas aprovecharon para retirar la piel podrida, las escamas, las lacras de pasados liderazgos enquistados en el poder. Por otro lado, corren rumores de que los triunfadores son lobos disfrazados de ovejas, marionetas del mismo circo con otros artistas. Todos tienen propietario. A este nivel de putrefacción han caído los partidos, por eso la ciudadanía ya no les cree, participa poco y nota los abusos de líderes y militantes, cuya única propaganda es su camiseta con logotipos.

Con estos adversarios, Morena se regocija y aplaude estas postales de barbarie. Así será muy difícil disputarles el poder con rivales irreverentes. Reyna Tamayo cumple la tarea encomendada como general de división: ya dividió a todos los panistas, y los de la otra acera le mandan saludos y felicitaciones. ¿Será posible? ¿Lo creerá usted?

Mejor seguiré caminando y cantando: “Cuando camines un camino y una mano te salude, te acordarás de mí, te acordarás de mí. Y cuando veas a los ojos de alguien que te quiere reclamar, recordarás de mí”.

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