Harold Amábilis
XPUJIL.- Miguel Ángel es conocido en Xpujil como el ratón de los teclados, un apodo que resume la cercanía con la que la gente lo identifica. Su carrera musical comenzó hace más de veinte años, cuando su padre, Don Mateo Arco Sánchez, le enseñó los primeros acordes en casa. No hubo conservatorio ni escuela de música, sino un aprendizaje basado en la observación diaria y en la paciencia de un padre que compartía con su hijo lo que sabía.
Esa base inicial creció con el tiempo. Miguel Ángel se convirtió en un estudioso autodidacta del instrumento y fue incorporando a su trabajo la programación musical, los teclados electrónicos y las cajas de ritmos. La combinación de aquella herencia familiar con la exploración tecnológica le dio una versatilidad que pronto llamó la atención en los escenarios donde se presentaba.
Sus primeras actuaciones ocurrieron en el bar “La Fuente” de la ciudad de Campeche. Allí el público comenzó a reconocerlo por su manera de animar las noches y de construir una atmósfera festiva con el teclado. Esa respuesta favorable lo llevó a tocar en Playa del Carmen y Bacalar, representando donde vaya a la tradición musical de Calakmul. Hoy es uno de los músicos más solicitados para bailes, celebraciones comunitarias y reuniones sociales.
A sus 34 años, Miguel Ángel mantiene una relación estrecha con el oficio. La música sigue siendo una parte esencial de su vida y no tiene planes de abandonarla. Reconoce que el apoyo de su esposa y de su familia ha sido fundamental para sostener la carrera en los momentos difíciles. Y los ha habido, especialmente en los últimos años, cuando la situación económica ha reducido las contrataciones y ha vuelto el gremio más competido. Muchos músicos de la región luchan por conseguir presentaciones y el trabajo se reparte con dificultad.
El ratón reflexiona sobre el papel que juega el teclado en las festividades de la península de Yucatán. En comunidades como Calakmul, el instrumento se ha integrado al paisaje sonoro de las celebraciones y se ha vuelto parte de la vida colectiva. Mantener viva esa tradición, explicó, es una tarea compartida entre los músicos y el público, que encuentra en esas notas una forma de identidad y pertenencia.

