Edgar Prz

La semana pasada se anunció, como si fuera una gran hazaña, el aumento del 13 por ciento al salario mínimo, con vigencia a partir del 1 de enero de 2026.

Lo cierto es que desde hace mucho tiempo está desfasado, está alejado de la realidad. Al grueso de la población trabajadora, más del 95 por ciento, la tabulan con ese salario, y la clase política gobernante, el 5 por ciento, está mil años luz por encima de ese monto. Ese porcentaje estimativo solo sirve para regular y establecer deudas inmobiliarias, pensiones alimenticias, para medir hasta dónde puede el pueblo crecer sin afectar a los grandes empresarios, a los consorcios donde, sin buscarle mucho, uno se encuentra que los verdaderos propietarios son gente afín al gobierno en turno; para camuflarlo hacen uso de “prestanombres”.

Lo aprobado en “escritorio” dista mucho de lo “real y verdadero”. Los alimentos y productos básicos están cada día más lejos del alcance de los consumidores. Un dato real es que el aumento lo basan en costos de la canasta básica actuales, los cuales cambian al primer minuto del año próximo, y eso significa que el “laureado aumento” no ayuda en gran medida ni se puede reflejar en mejoría adquisitiva; por el contrario, la carrera de precios y costos contra ingresos es completamente desigual: los primeros se elevan y los segundos solo reciben un pequeño analgésico para capear temporalmente el malestar.

Como el cuento del coyote con el correcaminos: es una carrera en donde muy difícilmente se alcanzarán. Mientras tanto el pueblo sufre los efectos inflacionarios. A ellos todo les afecta; por más que traten de ser metódicos, de ser ordenados en sus escasas finanzas, nunca les alcanza, nunca logran cumplir los satisfactores necesarios para tener una vida decorosa.

El salario mínimo es un tremendo regulador en el que basan los niveles de pobreza. Por ejemplo: para ser sujeto del beneficio de una casa del Bienestar necesitas tener ingresos no mayores a dos salarios mínimos, y si logras ser afortunado, tendrás una deuda por más de 25 años, ya que el costo de la vivienda es superior a los 700 mil pesos.

En el gobierno de Álvaro Obregón se expidió un decreto el 9 de abril de 1915, que fijó un salario mínimo de 75 centavos diarios para los jornaleros de los estados de Michoacán, Querétaro, Hidalgo y Guanajuato. En la Constitución de 1917 se reconoció al salario mínimo como derecho laboral, solo que su implementación fue lenta y desigual, ya que dependía de leyes estatales. En 1931, para uniformar la aplicación, se promulgó la Ley Federal del Trabajo, que establecía un salario mínimo en todos los municipios. Solo 197 de 2,644 lo hicieron.

Hasta 1951 el salario mínimo mantuvo un poder adquisitivo estable, pero más adelante comenzó a disminuir en relación con la inflación. Durante la gestión de Peña Nieto pasó de 104.23 a 118.65. Con López Obrador tuvo incrementos significativos: de 88 pesos diarios en 2018 a 248.93 en 2024. Con Claudia Sheinbaum, en 2025 aumentó 12 por ciento, llegando a 278.80 pesos, y anunció el 13 por ciento para 2026, arribando a 315.04 pesos, lo que se traduce en 9,582 pesos con 47 centavos.

Con este salario, chequee usted lo que puede comprar. Los precios de ahora tendrán modificaciones considerables el próximo año, por lo que nos aventuraremos en un viaje para hacer la despensa: el kilo de carne de puerco está en 120 pesos; el de res está en 170; el kilo de tortilla cuesta 27 pesos; el kilo de frijol, 41; el de arroz, 22; el aceite comestible, 44; una Coca-Cola grande, 44; un pollo crudo en el mercado está por encima de los 220 pesos. Ya no incluyamos las verduras y vegetales.

Agréguele además los costos de la gasolina si usted tiene moto. Si eres usuario del taxi, mínimo son 30 pesos en provincia, y en Cancún, Tulum o Playa, la dejada mínima son 50 pesos. Así que, si tienes que llevar a tus niños a la escuela, son dos viajes si estudian juntos; si son de escuelas diferentes, es otro gasto adicional. Eso es solo en taxis. Súmele sus gastos escolares, sus desayunos, su material escolar, sus uniformes, zapatos, tareas en internet… en serio, son temas en donde la alcancía de cochino luce nueva, intacta, vacía, ya que no hay dinero para ahorrar.

Falta que se hagan estudios reales de costos y de precios. Hay algunos productos en los que los gravámenes que les impone el gobierno para su comercialización afectan grandemente al consumidor, ya que elevan sus costos. El kilo de maíz lo pagan en 4 pesos, precio fijado por el gobierno, pero las tortillas le cuestan al pueblo 27 pesos. Eso desalienta al productor, afecta al pueblo y beneficia al gobierno y a los empresarios, por lo que surge la figura del coyotaje.

La gente sigue pobre, por más que vendan la información de que más de 13 millones de personas salieron de la pobreza. Las postales de hacinamiento, de anarquía, de desorden social, son muestras de la inconformidad, ya que hay gente que trabaja y trabaja y nunca prospera. Se hizo válido aquel refrán que exhibía a los poseedores de productos de la gallina: “Que te mantenga el gobierno”. Antes era una vacilada y ahora es una realidad. No pretendo ser catastrófico, pero vienen en cascada 23 nuevos aumentos que dejarán más vacía la canasta básica de lo que ya está, ¿no lo cree usted?

Mejor seguiré caminando y cantando un éxito del poeta del sureste Chico Che: “Pero la transformación va, de todas maneras, va…

LEA TAMBIÉN: