5 septiembre, 2026

El sargazo, la nueva amenaza… – Así nos vemos

Edgar Prz

Ante un panorama desolador, aciago, nauseabundo, impregnado de olvido, por fin la semana pasada le cayó el veinte a la autoridad federal y ya han declarado al sargazo como “prioridad nacional”.

Esperaron mucho tiempo, varios años, invirtieron demasiados recursos de manera indebida, lo que propició que varios de los responsables de los programas de atención a esa macroalga hoy sean “nuevos ricos”, personajes que, al arañar a diestra y siniestra los presupuestos, no se hayan medido y elevaron los costos para obtener beneficios personales, ya que era difícil de cuantificar y estaban etiquetados como fondos perdidos…

Se han dilapidado miles, millones de pesos y la presencia del sargazo sigue en aumento. Desde hace más de 15, 12 o 10 años, en que hizo su aparición, solo paliativos le han dado, es como que le des a tomar un mejoral a quien tiene dolor de muela. Se construyeron barcos sargaceros por la Marina, ¿dónde quedaron? Se pagaron estudios, proyectos, se etiquetaron recursos para la atención, ¿dónde quedaron? Se contrataron brigadas y se compraron herramientas, ¿dónde quedaron? Renta de maquinaria, flete de volquetes, nunca se clarificó dónde lo disponían, la gente siempre encontraba cerros de alga en predios abandonados. Salieron mil ideas, hubo una hasta de construir bloques de sargazo para hacer casas, otras que se podría industrializar, era un juego de ver quién presentaba más locuras para que se gastara el presupuesto, total, el dinero no era de ellos…

Pasaron los años, desapareció el Consejo de Promoción Turística y pensaron que, como el estado tiene sitios considerados de alto potencial turístico, ya no era necesario promocionarlo, difundirlo. Olvidaron que el mercado turístico es cambiante y exige actualización. Ante esa decisión presidencial los destinos del estado se fueron rezagando ante sus rivales turísticos; en el Caribe, Punta Cana, Jamaica, Barbados y hasta Costa Rica emergieron como potencias. Hubo un adormecimiento institucionalizado, un exceso de confianza y luego vino la naturaleza a dar la estocada final.

Hoy nuestros orgullos turísticos están desiertos, poca ocupación, muchas críticas de todo, desde la imposibilidad de acceder a las playas, los olores que se impregnan en el aire, los malos tratos a los turistas, los altos costos de los servicios, la inseguridad que aleja la llegada de visitantes, un collage de infortunios que la población local está padeciendo…

Lo sorprendente es que el arribo de esta macroalga inició en marzo, ya llevamos cinco meses y se supone que en noviembre se detiene su llegada de manera natural. Ahora anuncian con bombo y platillo un presupuesto de 2 mil millones de pesos, la historia es la misma, solo con diferentes actores. Se construirán dos barcos sargaceros, se proveerá de maquinaria, se pondrán en marcha proyectos sustentables, se solicita la colaboración de empresarios, la finalidad es que en diciembre anuncien que por fin ya no hay sargazo…

Muchos hoteleros ya realizan las funciones de limpieza en sus negocios con recursos propios. La nueva propuesta es recoger la macroalga en alta mar, evitar que arribe a las costas, lo que evitaría suciedad, putrefacción, mal olor y desencanto a los turistas por no poder disfrutar de las playas. Un dineral lo anunciado, una montaña de recursos que, ciertos estamos, no se invertirán ni el 10 por ciento. Este es el cuento de nunca acabar.

Además, solo se plantea su ejecución en unos 200 kilómetros, cuando el estado posee más de mil 176 kilómetros de litoral, según el INEGI. Eso representa el 10.6 por ciento de todo el litoral de México y lo convierte en el cuarto estado con más costas del país. Se divide así: 865 kilómetros de costa continental, desde Holbox hasta Xcalak. El resto, unos 311 kilómetros, corresponde a islas (Cozumel, Isla Mujeres, Contoy y Banco Chinchorro).

Para que se dé una idea, de estos mil 176 kilómetros solo entre 120 y 150 kilómetros son de uso turístico real. El resto es manglar, bahías y la zona de reserva de Sian Ka’an. Ahora pregúntese usted, ¿cuántas playas públicas hay?, ¿dónde se ubican? Muy pocas, la enorme mayoría están concesionadas a particulares. No están pensando en todo el litoral; a Mahahual quizás le toque alguito, ¿pero y a los pequeños posesionarios, centros urbanos como Punta Allen y Punta Herrero, quién los atiende?

Este 2026 es el peor año en la historia del sargazo. Se monitorean 140 playas con el semáforo estatal, 72 están en rojo, de abundante a excesivo; de esas, 65 ya estaban así desde mayo. En la zona norte Cancún-Tulum: 100 playas monitoreadas, 34 en rojo y 20 en naranja. Zona sur Mahahual-Xcalak: 40 playas monitoreadas, 37 en rojo, casi todo el litoral sur. Es información actualizada de agosto.

¿Será que apenas se enteraron?

Entonces piense mal y acertará el fin de ese abultado presupuesto, ¿a qué bolsas se irá? Sería bueno que construyan una estética para que todos los funcionarios pasen primero a “cortarse las uñas”, ¿no lo cree usted?…

Mejor seguiré caminando y cantando: “Cuando calienta el sol aquí en la playa, siento el olor del sargazo cerca de mí. Eso está muy mal, se los dije, me olvidaron. Oh, oh, oh”…

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