16 septiembre, 2026

El sexo en la época de las cavernas – Panimil / Centro de Estudios Antropológicos e Históricos

Escultura más antigua de una pareja haciendo el amor, 11 mil años. Cueva Sin Sakhri, Palestina, cultura natufiense, Museo Británico, Londres.
Escultura más antigua de una pareja haciendo el amor, 11 mil años. Cueva Sin Sakhri, Palestina, cultura natufiense, Museo Británico, Londres.

Claudio Obregón Clairin

Atapuerca, del homínido al sapiens

Al norte de España, en la provincia de Burgos, se localiza el macizo montañoso llamado Atapuerca. En él se han encontrado cientos de restos fósiles que pertenecieron a nuestros ancestros, los más antiguos datan de hace un millón y medio de años. Aquellos seres no eran del todo humanos, se les nombra homínidos. 

En las cuevas de las montañas de Atapuerca se han localizado pinturas rupestres y, en algunas laderas, sorpresivamente aparecen las peligrosas simas: orificios en la tierra que de forma vertical descienden 16 metros hasta unas cuevas; estas bocas o úteros de la tierra fueron utilizados ritualmente como sepulcro para los muertos desde hace más de 100 mil años.

En otras simas de fácil acceso, hace 100 mil años, nuestros ancestros llevaban las presas cobradas en la cacería nocturna, ahí los destazaban y luego compartían el alimento, ya conocían el fuego y la carne la ingerían cocida. 

Hace 40 mil años existió el llamado Hombre de Cromagnon, hoy conocido como Homo sapiens sapiens, ocho de estos individuos se encontraban en el interior de una sima, entusiasmados recordaban los momentos más emocionantes del día; de pronto, otro grupo de sapiens armados con lanzas y garrotes ingresaron a la sima y los agredieron, la batalla fue breve. Los ocho que reposaban perecieron a consecuencia de los golpes de los invasores, quienes después del último garrotazo procedieron a realizar un acto de canibalismo. Desmembrando las partes más carnosas de los cuerpos de los vencidos, quebraron los huesos para obtener la médula y, más tarde, colocaron los restos de sus víctimas junto a una pila de huesos del resto de la fauna que cazaban por aquellos soles. Este evento está reportado en el yacimiento TD6 de Atapuerca.

Cráneo original del Hombre de Cromagnon exhibido en el Museo del Hombre, París.

Los arqueólogos Marcos García y Javier Angulo, en sus excavaciones en Atapuerca, han descubierto una cantidad considerable de restos humanos y animales, así como algunos “objetos” que por sus formas y sus usos nos permiten concluir que la sexualidad de la “época de las cavernas” fue muy similar a la nuestra.

En el verano del 2014, en Burgos, España, la Fundación Atapuerca organizó la muestra “Sexo en Piedra” y exhibió dichos “objetos” así como imágenes de homosexualidad, coitos, abrazos, sexo oral e incluso zoofilia de otras latitudes europeas. Marcos García comentó sobre la exposición: “El sexo actual es una constante que ha tenido el ser humano en los últimos 40 mil años y forma parte de la biología y cultura humana”.

En tiempos del sexo en las cavernas, la individualidad estuvo condicionada a las necesidades del grupo  que era comandado por un líder y, siguiendo el patrón de las organizaciones gregarias de cazadores, éste se apropiaba de los mejores alimentos, mantenía relaciones sexuales con varias mujeres del grupo y quizá, como sucede con los simios bonobos de las selvas africanas donde la homosexualidad es una manera de mostrar sumisión al macho dominante, es posible que aconteciera los mismo con nuestros antepasados. 

Otro escenario plantea una sociedad jerarquizada donde las mujeres participaron activamente en las decisiones, la sexualidad fue igualmente abierta y todas las preferencias sexuales fueron comprendidas y aceptadas. Este segundo escenario tiene un fundamento en otras piezas de la muestra “Sexo en Piedra” como un grabado en una placa de piedra de la cueva francesa de La Marche, en la que una mujer le hace un cunnilingus a otra mujer y, en otra placa proveniente del mismo sitio, se observa a dos hombres realizando un coito anal. En una piedra caliza del abrigo rupestre de Laussel, en Dordoña, hace 27 mil años alguien talló a dos mujeres con las piernas entrelazadas, en la postura conocida como “la tijera”, se exhibió igualmente una placa proveniente de Gonnersdorf, Alemania, que fue tallada hace 12 mil años y muestra a dos mujeres frotando sus pechos en actitud cariñosa.

En otras salas de la muestra se exhibieron huesos tallados en forma de enormes penes que se utilizaban para las masturbaciones, destaca en particular un hueso que presenta dos falos y un agujero para quizá observar con un ojo; una osada hipótesis para la utilidad de esta pieza sugiere que este instrumento óseo fue utilizado como un portal para el ejercicio del voyeurismo, es decir, andar de mirón, práctica milenaria que quizá en aquellos tiempos pudiera ser una normal actividad social. 

Huesos tallados relacionados con la sexualidad y el probable voyeurismo, Atapuerca, España.

En aquellos lejanos tiempos, el sexo fue una actividad a la vista y reparo del colectivo. Ciertamente pudieran existir momentos en los que las parejas se encontraran solas, pero por el tipo de refugios colectivos, es muy probable que la vida sexual nocturna fuese grupal y jerarquizada.

En cuanto a la sexualidad paleolítica, la evidencia de Atapuerca nos indica que se encontraba muy cercana a la nuestra. Es importante recordar que los seres de las cavernas poseían un cerebro y un cuerpo prácticamente iguales a los nuestros. Aquellos seres habían ya descubierto el universo imaginario, soñaban como lo hacemos nosotros y respondían a los mismos impulsos sexuales que hoy nos motivan, pero contaban con una moral y un código social muy diferentes.

Es así que actividades y preferencias sexuales como la masturbación, la homosexualidad y probablemente el voyerismo se practicaban de manera natural, “porque son naturales”. Cuestionarlas o enmarcarlas en desviaciones mentales o enfermedades responde a la moral impuesta por las religiones “abrahámicas” y no a la naturaleza humana.

¿En qué momento el sexo se transformó en placer que derivó en enamoramiento? Quizá nunca lo sabremos, pero podemos imaginar que precisamente ese fue el sublime instante en el que los seres humanos pudimos hacer tangible una sensación de arrobamiento en el espejo-cuerpo “del otro”. 

En los tiempos del amor cavernícola se cimentaron los lazos afectivos y la sexualidad que hoy dirigen nuestras intenciones, deseos, voluntades, acciones, pensamientos y nuestras vidas mismas. Reconocer esos orígenes nos permite comprendernos mejor.

Fotografías: Museo del Hombre, París y Museo de Británico, Londres, Claudio Obregón Clairin

Fotografía: Dildos Paleolíticos, Exposición Sexo en Piedra, Atapuerca, España.

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