En la historia de nuestro planeta han ocurrido terremotos, impactos de meteoritos y explosiones volcánicas de enorme magnitud, pero pocos fenómenos se comparan con el estruendo generado por la erupción del volcán Krakatoa en 1883, considerada por muchos especialistas como la fuente del sonido más potente jamás registrado en la Tierra.
La explosión fue tan intensa que se estima alcanzó alrededor de 310 decibelios, una cifra difícil de imaginar. Para tener una referencia, una conversación normal ronda los 60 decibelios, mientras que un avión despegando puede superar los 120. A partir de ciertos niveles, el sonido deja de percibirse únicamente como ruido y se convierte en una poderosa onda de presión.
Lo más sorprendente fue la distancia que recorrió. Testigos reportaron haber escuchado la explosión a unos 4,800 kilómetros del volcán, una distancia comparable a cruzar varios países o una parte considerable de un continente.
La erupción ocurrió en una isla volcánica ubicada entre las actuales islas de Java y Sumatra, en Indonesia. Además de generar enormes tsunamis y alterar el clima global durante meses, la explosión liberó una energía extraordinaria que dio varias vueltas al planeta en forma de ondas atmosféricas.
Aunque otros acontecimientos famosos, como la explosión de Evento de Tunguska o pruebas nucleares del siglo XX, produjeron sonidos impresionantes, ninguno alcanzó la magnitud atribuida al Krakatoa.
Los científicos explican que la escala de decibelios es logarítmica, por lo que un incremento aparentemente pequeño representa un aumento enorme en la energía liberada. Por ello, los niveles asociados a esta erupción continúan siendo un caso excepcional en la historia de la naturaleza.
Más de un siglo después, el Krakatoa sigue siendo un recordatorio de la fuerza que pueden alcanzar los procesos geológicos y de cómo un solo volcán fue capaz de hacer que gran parte del planeta escuchara su rugido. (Con información de Huffington Post)

